Lo que pudo haber sido y no fue

Con el Astana trabajando para Contador rueda tranquilo hacia el triunfo.

El diario As de España comentaba ayer que en el pelotón del Giro de Italia corre un rumor: “Contador ha tenido 17 escuderos estas tres semanas: los ocho suyos y los nueve de sus rivales”. Y ayer, en la que se suponía iba a ser una batalla campal en los tres duros ascensos de primera categoría, se vio claramente que lo que parecía un chisme era una verdad que no se puede ocultar.

Nadie que sepa algo de ciclismo se puede explicar la actuación del equipo Astana, con cuatro o cinco hombres llevando a rueda al rival que vestía la camiseta rosada en los ascensos, mientras que los pocos corredores del Tinkoff que aún estaban en el numeroso grupo que coronó unido los dos puertos de primera categoría que precedieron la escalada final a Cervina seguramente agradecían a los corredores de azul que los relevaban de su trabajo.

Contador, que estaba cómodo con más de cinco minutos de ventaja, se limitaba a cuidar a Mikel Landa, único corredor que se veía con fuerzas para hacerle pasar un mal rato. Sabía bien que ningún otro, ni siquiera Fabio Aru, representaba ningún peligro y por ello lo dejó marchar a poco más de seis kilómetros de la meta para que tuviera el contentillo de una victoria parcial… Tal vez por eso la expresión de rabia del italiano al golpear repetidamente su bicicleta cuando devoraba los últimos metros. Y su técnico, Giuseppe Martinelli casi lloraba de alegría con ese pírrico éxito.

Si en verdad el Astana hubiera querido buscar la victoria en el Giro en la etapa de ayer no se habría limitado a llevar a Contador a Rueda hasta los metros finales de la etapa sino que hubiera atacado desde el Ascenso a Saint Barthelemy para tratar de que Landa o Aru se unieran al grupo que se mantenía al frente, de manera que el líder español hubiera tenido que trabajar en la persecución y se desgastara al máximo para golpearlo de nuevo camino de Saint Pantaleon y para tratar de rematarlo con Landa en el ascenso a la meta. Lo que hicieron ayer fue una pantomima que en la misma Italia debe tener amargados a los cientos de miles de aficionados que aman y saben de ciclismo.

Nadie puede dudar que Alberto Contador era el hombre más fuerte de la carrera pero hoy se puede asegurar que la mala suerte de dos de sus rivales rivales y la ayuda del Astana fueron definitivos para su cómoda victoria. Rigoberto Urán llegó enfermo al Giro y pagó caro su esfuerzo por mantenerse en competencia y, cuando ya se recuperaba, una fuerte caída dio al traste con sus ambiciones. Richie Porte así mismo rodó por el piso y tras perder demasiado tiempo se marchó para su casa. Hay que sumar la incapacidad del técnico del Astana, que prefirió ser segundo con Aru, que barnizó con un tinte gris este Giro de Italia. A ello hay que agregar las sospechas que existen de que se estén utilizando artimañas de última tecnología –que se hicieron más grandes cuando Ivan Basso le entregó la rueda delantera a Contador sin que hubiera pinchado-, que obligaron a los funcionarios de la UCI a hacer una revisión en el escáner de cinco bicicletas.

El corredor de Pinto parece signado por las dudas en las competencias que gana. En el pasado eran las sospechas, confirmadas, de un positivo; ahora las de ayudas ilegales en su máquina pero en especial por la colaboración evidente del único equipo que podría derrotarlo..

Dentro de esta situación hoy, cuando se asciende a la Cima Coppi y se llega en ascenso no debe pasar nada porque el Tinkoff y el Astana están felices con sus resultados.

Hay que destacar el que ayer, por primera vez en el Giro, Rigoberto Urán volvió a ser el que conocíamos, se mostró fuerte en el ascenso y consiguió un meritorio tercer lugar en la etapa. Muy tarde llegó a recuperarse.