El día que el Giro se rindió a los pies de Colombia

Nairo Quintana y Rigoberto Urán ocuparon los dos primeros lugares de la edición 97 de esta competencia. Histórica actuación de los escarabajos.

Rigoberto Urán (izq.) celebra en el podio con Nairo Quintana. Los dos colombianos arrancaron como favoritos por el título y cumplieron con los pronósticos al dominar la prueba casi de principio a fin / AFP

Cuando Nairo Quintana subió el 1 de junio de 2014 al podio y levantó el trofeo de campeón del Giro de Italia, cumplió el sueño que alguna vez tuvieron El Zipa Efraín Forero, Ramos Hoyos Vallejo, Martín Emilio Cochise Rodríguez, Rafael Antonio Niño, José Patrocinio Jiménez, Alfonso Flórez Ortiz, Martín Ramírez, Fabio Enrique Parra, Álvaro Mejía, Oliverio Rincón, José Chepe González, Iván Parra, Santiago Botero, Mauricio Soler, Rigoberto Urán y millones de aficionados en todos los rincones de Colombia que han convertido al ciclismo en nuestro deporte nacional.

No hay una disciplina (ahora mucho menos) que le haya brindado tantos éxitos al país y probablemente ninguna representa tan fielmente la naturaleza del colombiano del común: sencillo, luchador, espontáneo, alegre y agradecido.

Porque así son nuestros pedalistas, esos que durante 25 días nos hicieron vibrar con sus actuaciones en el Giro de Italia, la segunda carrera por etapas más importante del mundo, en la que la bandera tricolor ondeó de principio a fin gracias a Quintana, Urán, Julián Arredondo, Winner Anacona, Sebastián Henao y los muchachos del Team Colombia, que lucharon hasta el cansancio, incluso en esa última etapa con llegada a Trieste, se destacó el sexto lugar de Leonardo Duque.

Ellos confirmaron, ahora sí con éxitos contundentes, lo que se venía gestando desde hace un par de años: el regreso definitivo de los escarabajos, que no se habían ido del todo porque siempre alguno, así fuera solo, se las arreglaba para que el nombre de Colombia sonara en las principales competencias del mundo.

Avisó Nairo al ganar el Tour de L’Avenir en 2010, como lo hiciera Alfonso Flórez en 1980. Esteban Chaves repitió en 2011 y en 2012 Rigoberto Urán logró la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres. Pero en 2013 fue cuando realmente nos dimos cuenta de que la gloria estaba cerca, con los subtítulos de Rigo y Nairo en el Giro y el Tour de Francia, respectivamente.

Esos resultados, respaldados por equipos poderosos y deportistas cada vez más maduros y bien preparados, nos ilusionaron. La temporada 2014 comenzó con la expectativa por ganar una de las tres grandes. Y entre ellas, el Giro se ajustaba más a las condiciones de nuestros ciclistas. Como nunca antes lo había hecho un colombiano, tal vez con la excepción de Santiago Botero en el Tour que corrió como jefe de filas del Telekom, Quintana y Urán llegaron como favoritos, integrando escuadras capaces de ayudarlos a ganar el título.

Y desde las primeras etapas, en Irlanda, lo demostraron. Siempre bien ubicados, siempre alertas, siempre al lado de los patrones de la carrera. Tanto así que al promediar la prueba Urán ya estaba vestido de rosa y Quintana se ubicaba entre los cinco primeros de la general.

Con la mayoría de las etapas de montaña por delante, el final parecía cantado: duelo colombiano en la última semana. Así fue. Nairo, el mejor escalador del mundo al lado del español Alberto Contador, utilizó sus armas y se impuso en el duelo deportivo. Rigoberto, corriendo con inteligencia y madurez, advirtió la fortaleza de su compatriota y jugó sus cartas para meterse nuevamente en el podio y confirmarle a su nuevo equipo, el Omega Pharma, al que llegó este año, que hizo una muy buena elección al contratarlo. El año pasado el antioqueño también fue segundo, detrás del local Vicenzo Nibali.

El italiano Fabio Aru fue el único que por momentos logró inquietar a los dos escarabajos, mientras en una lucha aparte, otro colombiano, Julián Arredondo, sumaba y sumaba puntos y protagonismo en la montaña, así como lo hacían los integrantes del Team Colombia, un equipo apoyado por Coldeportes, presentes en todas las fugas y corajudos a la hora de disputar etapas.

Desde hace tres o cuatro días Colombia palpitaba ya la victoria. Si no ocurría nada extraordinario, Quintana y Urán lograrían el 1-2 histórico. Y así lo hicieron, apoyados por 47 millones de compatriotas a más de 5.000 kilómetros de distancia y por cientos de miles más en las carreteras italianas, adornadas con banderas tricolor.

Ese 1 de junio por fin, Colombia pudo celebrar el éxito deportivo más importante de su historia, sin quitarles valor a los anteriores en otras disciplinas, categorías y escenarios. El impacto de la victoria en el Giro, sobre todo por la contundencia con la que se consiguió, será enorme.

Por más espectacular y emocionante que haya sido el triunfo criollo en el Giro, no es verdaderamente sorprendente. Desde comienzos de los años 70, cuando Martín Emilio Cochise Rodríguez incursionó en el ciclismo profesional, y especialmente tras el apogeo de los escarabajos en los 80, los expertos siempre vaticinaron que si algún ciclista latinoamericano ganaba una grande, tendría que ser un colombiano.

Las razones saltan a la vista: sus extraordinarias condiciones para el terreno de ascenso, que es en el que se definen las carreras; su privilegiada condición física, y una cultura en la que la bicicleta juega un papel protagónico, especialmente en el campo y las ciudades pequeñas.

A eso, además, sumamos ahora el apoyo técnico, económico y logístico de los mejores equipos del mundo, seducidos, eso sí, por deportistas un poco diferentes a los de antes, más ambiciosos, mejor preparados psicológicamente y dispuestos a tragarse al mundo.

“Definitivamente, Nairo es un corredor fuera de serie, pero también tiene una personalidad incomparable. Con verlo correr una temporada supimos que estaba para grandes retos. Sabe las cualidades que tiene y ha aprendido a explotarlas, cada vez de la mejor manera”, explica Eusebio Unzué, el director deportivo del Movistar, uno de los artífices del éxito del boyacense. Éste, con apenas 24 años, ya tiene un palmarés menos largo, pero más importante que el de Lucho Herrera, pues al Giro que acaba de ganar, con camiseta blanca al mejor joven como bono adicional, hay que sumar el subtítulo del Tour 2013, con camisetas blanca y de la montaña incluidas, el Tour de L’Avenir, y varias pruebas de una semana y hasta clásicas de un día.

Porque “lo que ha logrado Nairo es algo que hace algunos años era impensable. Definitivamente es un ciclista fuera de serie. Para todos los que abrimos el camino y demostramos que sí se podía ganar en Europa es un orgullo que él lo haya logrado”, admitió con humildad el antioqueño Santiago Botero, comentarista invitado por ESPN a la transmisión del Giro, quien seguramente seguirá expresando sus conceptos en las grandes competencias ciclísticas.

Sin duda, ese año se escribió el capítulo más glorioso en la historia del deporte colombiano, ya plagada de títulos olímpicos y mundiales, llena de anécdotas y ejemplos de superación. Pero los protagonistas de estas líneas no son solamente Quintana, Urán, Arredondo, Henao, Duarte, Pantano y compañía. Son todos aquellos ciclistas que han sabido engrandecer el prestigio de los escarabajos en las carreteras del mundo, así como los que todavía luchan por ganarse un lugar en el profesionalismo y exponen sus vidas entrenando por nuestras vías ante la indiferencia de las autoridades y de muchos conductores.

Allí, en nuestras montañas, valles y llanuras, hay muchos más nairos y rigobertos, más cochises, luchos y parras. Muchos campeones anónimos que apenas comienzan su camino hacia la gloria, que ruedan en busca de un sueño.

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