Rubiano cumplió el sueño de papá

Miguel Ángel, pedalista del Team Colombia, mantuvo el liderato de la prueba tras la dura etapa de ayer con llegada en Pereira, ganada por Alexis Camacho, del Boyacá Se Atreve.

El bogotano Miguel Ángel Rubiano es el líder de la Vuelta a Colombia. /Luis Ángel

Un pedazo de panela y un vaso de agua eran el alimento diario de Miguel Rubiano. En su casa, en la localidad de Ciudad Bolívar de Bogotá, en donde compartía con sus nueve hermanos la abundancia era algo desconocido. Su sueño era ser ciclista, como el patrón de su mamá, Fabio Navarro, ganador de un Clásico RCN y considerado uno de los mejores gregarios de la historia del pedalismo nacional. Sin embargo, su padre no tenía los recursos necesarios para apoyarlo y por eso, a pesar de intentarlo, no se destacó nunca en el deporte de las bielas. Le tocó dedicarse a trabajar en construcción como electricista.

Cuando nació Miguel Ángel, su hijo primogénito, decidió, sin siquiera preguntárselo, que debía ser un destacado ciclista. Para poder guiarlo de manera correcta, a pesar de tener que trabajar el doble y rebuscarse los recursos, decidió estudiar Administración Deportiva en la Universidad Distrital y luego fundar el club de ciclismo Monserrate. “Todo lo que hacía era pensando en mi hijo. Mí idea era que él pudiera llegar a Europa”, le cuenta Miguel papá a El Espectador. Apenas a los cuatro años le compró un uniforme, un casco y una pequeña bicicleta en la que dio sus primeros pedalazos. Cada fin de semana subían a Patios (ascenso hacia el Municipio de La Calera, Cundinamarca). Como era un tramo exigente para un niño tan pequeño, lo hacían acompañados de una moto, a la cual se subía Miguel Ángel cada vez que se cansaba.

Cuando tenía ocho años ese trayecto lo hacía solo, claro que al momento de descender se montaba a la moto con su padre por precaución. Un día quiso intentar bajar pero al coger impulso por poco termina cayéndose a un barranco. “Mis manos estaban congeladas y no podía apretar el freno. Mi papá aceleró más en la moto, me agarró de la espalda y evitó que me diera un totazo”, recuerda Micky, como le dicen al bogotano.

En esa misma moto viajaban por Cundinamarca a cuanta competencia salía. El padre manejaba y Miguel Ángel se hacía en el puesto de parrillero pero con la bicicleta sobre sus piernas. No había opción de cansarse por más duro y exigente que fuera andar entre 70 y 80 kilómetros. Cuando llegaban a los destinos finales pagaban habitaciones en hoteles de una sola cama sencilla y ahí dormían los dos.

Los logros a nivel nacional llegaron. El sueño de papá comenzaba a hacerse realidad en Miguel Ángel, quien en Madrid, Cundinamarca, a sus 13 años, recibió su primera medalla al obtener un tercer puesto en un campeonato nacional de habilidades. Luego, compitiendo en la categoría prejuvenil obtuvo cuatro preseas más. Su logro más destacado, en ese entonces, en el velódromo Martín Emilio Cochise Rodríguez, en donde a pesar de tener un dedo fracturado se impuso en la competencia.

Las hazañas de Miguel Ángel eran temas de conversación entre su padre y los obreros que junto a él trabajaban. Carlos era un pintor de brocha gruesa que le dijo una vez que tenía contactos que le podrían llamar la atención. La idea le sonó y por eso fue un día a la casa de él. Al llegar, encontró una sala llena de pinturas. “¿Quién hace esto? Esta bonito”, le dijo Miguel a Carlos. “Yo, en mis tiempos libres paso de la brocha gruesa a la delgada”, le respondió entre risas. Luego le explicó que el vendía esos cuadros en Italia, pues un familiar suyo vivía allá y conseguía clientes. “Uno de mis familiares es ciclista y está entrenando en un equipo italiano. ¿Por qué no le dice a su hijo que lo llame par a ver si le consigue algún contacto allá para que se vaya?”, añadió el pintor.

Eso hizo Miguel Ángel. Habló con Nicolás Vanegas, un colombiano nacionalizado italiano que fue la pieza fundamental para que él pudiera pasar al ciclismo internacional. Él hacía parte del equipo Centri della Calzatura, así que les habló a sus técnicos de él. Los europeos se mostraron interesados pero por precaución quisieron esperar a que cumpliera los 20 años. Con el primer paso dado, el bogotano alternó sus entrenamientos, sobre todo en pista, con la construcción en la que le daba una mano a su papá.

Apenas cumplió la edad solicitada, sacó la visa, le enviaron los tiquetes, recogió sus ahorros y viajó. La primera vez que lo dejaron participar se dieron cuenta del nivel que podía aportar al equipo y le firmaron un contrato. El sueño de papá se hizo realidad. Claro que el de Miguel Ángel sería aun mayor, no sólo se conformaría con llegar a Europa, quería triunfar.

Su momento más grandioso en el ‘Viejo Continente’ fue en 2012, cuando con el equipo Androni Giocattoli se quedó con la sexta etapa del Giro de Italia. En Japón, también se impuso en un Tour de Hokkaido. Este año logró el título nacional de ruta y desde enero es miembro del Team Colombia, equipo con el que participa en la Vuelta a Colombia, de la que es líder. “Cada día tengo metas y sueños. Agradezco a mi padre por lo que me dio y por eso quisiera ganar más para recompensar su esfuerzo”. 

[email protected]