“Soy el que más se ha caído en el ciclismo”: Javier Serna

Pese a la discapacidad visual que tiene, es ejemplo de perseverancia. Junto a su guía, Marlon Pérez, espera ir en marzo de 2018 a Brasil para competir en su primer Mundial de Pista.

Javier Serna y Marlon Pérez.Nelson Sierra - El Espectador

De contextura gruesa, baja estatura y caminar lento, acompañado de un bastón que lleva en la mano derecha, llegó Libia Moreno a Bogotá. Con mirada tierna escolta los pasos de su hijo menor, Nelson Javier Serna, el hombre de 31 años que hace tres meses se colgó el oro en su cuello luego de quedar campeón mundial de ruta tándem paralímpica en Sudáfrica.

La vida le ha puesto muchas pruebas a la familia Serna Moreno. Al nacer, los dos hijos de Libia, Elkin y Nelson Javier, tuvieron una discapacidad visual. Cuando eran niños sufrieron las consecuencias del conflicto armado en Colombia. El reloj marcaba las seis de la tarde del domingo 23 de noviembre de 1997; en medio de un aguacero que no olvidan tuvieron que desplazarse de la vereda La Magdalena, de Urrao. Su nuevo rumbo fue Medellín. Salieron corriendo con lo que tenían puesto, y eso no incluía zapatos. Al llegar a la capital antioqueña buscaron dónde vivir y, en medio de la adversidad, Libia salió a las calles. En los semáforos comenzó a vender confites y cigarrillos, y con eso sacó adelante a sus hijos, que hoy son campeones paralímpicos.

A Nelson Javier siempre le había gustado el ciclismo. Fue gracias a su hermano Elkin, atleta paralímpico, que comenzó a competir. Él fue quien lo motivó a practicar paracycling. Se encargó de abrirle las puertas en el Comité Paralímpico Colombiano y le consiguió una bicicleta prestada para empezar a practicar. “Me empecé a llenar de confianza y empecé a salir solo, en medio de las caídas”, cuenta Nelson.

De eso ya han pasado cinco años, en los que su vida se ha complementado con la de su guía, una figura con la que debe entenderse, coordinar y hasta compartir gustos. Nelson Javier estaba acostumbrado a las caídas; tuvo una racha en el suelo. La que más recuerda fue la del Mundial de Pista en Aguas Calientes (México): justo cuando estaban en el tercer lugar, después de haber pasado al equipo alemán y faltando media vuelta para terminar la prueba, explotó la rueda de atrás y se desarmó la bicicleta. Él y su compañero cayeron al suelo. Su cuerpo quedó lleno de raspaduras. En pocos minutos los curaron y terminaron la prueba, ocupando el sexto lugar. Después se desmayó.

En su familia vivían preocupados por tantas caídas, y después de que un exciclista profesional se ofreciera a estar con él en el tándem, Nelson Javier le dio el sí. “Duré muchos años con un compañero y llegó un momento en el que dije: ‘Hay que mirar otras formas de salir adelante’, y resultó muy exitoso el cambio que hice con un ciclista exprofesional como Marlon”.

Se refiere al también antioqueño Marlon Pérez, campeón mundial juvenil y panamericano de ciclismo, que a sus 41 años, y luego de estar dos años fuera de competencia, se consagró como los ojos de Nelson. Él es quien guía cada pedalazo que da la pareja en el tándem y se encarga de maniobrar para que cada carrera sea un éxito. Y eso fue lo que pasó en septiembre pasado en Sudáfrica.

La preparación fue muy intensa. Marlon lo puso en el mismo régimen con el que se preparó en Europa. “Cuando corrimos la contrarreloj quedamos quintos. Yo antes siempre quedaba como de 15 y me sentía muy bien. Ese día le dije: ‘Bien, salvamos el deportista apoyado de Coldeportes’”. Y él le respondió que si ese era el resultado, en ruta les podría ir mejor.

“Fue una historia muy bonita. Antes de salir al hotel para ir a la competencia, yo me iba a ir en chanclas, para estar descansado. Cuando Marlon me vio, me dijo que no, que para subirnos al podio necesitábamos los tenis y yo dije: ‘¿Será?’… Después nos ganamos el oro. Marlon hasta lloró de la emoción, porque él ahora ve nuestro deporte con otros ojos, como algo social, de ayudar a los demás, al que tiene la discapacidad”, cuenta Nelson.

Por su parte, Marlon dice que para él esto fue como oxigenarse: “Voy a cumplir 42 años, estaba pensando en el retiro y esta es una oportunidad que Dios me dio, en la que todavía puedo hacer cosas”. Luego de ganar el oro dice que se siente renovado, como si tuviera 20 años, y ahora sueña con volver a correr otro Mundial, ganar Juegos Olímpicos o ir a copas del mundo. Ahora es consciente de que es un trabajo en equipo. “Yo tengo que tener cuatro ojos, dos adelante y dos atrás. Yo le manejo la cicla y él es mi cabeza”.

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