Todo parece perdido

Pero Nairo Quintana aún siente que hay donde recuperar.

Nairo Quintana, ciclista colombiano del Movistar Team. / EFE

Dos minutos y 59 segundos pueden parecer una eternidad y en este ciclismo moderno en el que por lo general las desventajas son mínimas pueden parecer definitivos. Pero en una carrera absolutamente deschavetada como ha sido este Tour del 2.016 todo puede pasar, por la forma en que se está corriendo, por las situaciones inesperadas que se viven día a día, por las decisiones alocadas que toman quienes están peleando el título en la que cada jornada trae sorpresas y hasta por las decisiones salidas de reglamento de los comisarios y del director de la prueba.

Aunque Nairo afrontará los ocho días finales con una desventaja un poquito menor a la que tenía hace doce meses su esperanza ha disminuido por la contundencia que ha mostrado Chris Froome, el británico que se ha lucido en todos los terrenos y que este jueves ha alejado a todos sus contrincantes, pero basta ver lo que falta subir en los días que restan, el domingo con un premio de alta categoría, en El Colombier, dos de primera, uno de segunda y dos de tercera en 160 kilómetros, que se le puede atragantar a cualquiera y las cuatro etapas de montaña que se corren en seguidilla desde el miércoles con 184 kilómetros  que traen en mitad dos altos de tercera y en la que en los 30 finales, el Col de Forclaz de primera y en la meta de Finhaut-Emosson, fuera de categoría, pueden provocar hundimientos.

Le seguirá el Jueves la cronómetro de 17 kilómetros en ascenso que no es lo suficientemente dura para contrarestar la llana pero que permitirá el lucimiento de los escaladores. Se irá desde los 588 metros sobre el nivel del mar hasta los 1.219.

El viernes viene una etapa corta de 146 kilómertros  con una cima de primera, una de segunda, una de Alta categoría en el Monte de Bisanne en el Monte Blanco, de primera.

Y para rematar, el sábado, día en que la clasificación quedará definida, un premio de segunda categoría, dos de primera, un fuera de categoría y desde allí una bajada de 9 kilómetros hasta Morzine, una ciudad que ha visto ganar en numerosas ocasiones a los escarabajos.

Terreno para atacar a Froome hay de sobra, lo que hay que ver es si Nairo tiene la fortaleza necesaria para descontarle los tres minutos que necesita para ganarle a Froome y así mismo los segundos que pierde con otros rivales. Nada está perdido, nada está ganado pero seremos muchos los que seguiremos confiando en que es el hombre de la última semana, en que el milagro aún es posible.