Un escarabajo inquebrantable

El pedalista boyacense sufrió graves fracturas en la cara después de una caída en el Clásico RCN. Tras recuperarse, es una de las fichas del Movistar para ganar la Vuelta de la Juventud.

Diego Ochoa, en la salida de la tercera etapa de la Vuelta de la Juventud, en Buga. / Cortesía Movistar

El martes 30 de septiembre de 2014 Diego Ochoa estaba enfocado en el Clásico RCN, ese iba a ser un día en el cual tendría que disputar una etapa de 118,8 kilómetros que conectaba a Sincelejo con Montería. Ochoa quería conservar el tiempo que lo distanciaba del líder y seguir demostrando que era uno de los mejores pedalistas jóvenes de esta competencia. Todo comenzó bien, se mantuvo en el pelotón principal, pero a falta de cinco kilómetros para la meta, su esperanza de lograr un buen resultado en esta competencia desapareció. Un roce con otro corredor lo llevó a encontrarse de cara con el pavimento, lo que le ocasionó fractura del mentón, del maxilar superior y pérdida de dientes.

Fue un accidente que lo obligó a ser trasladó directamente a la ciudad de Medellín para ser sometido a una cirugía facial. “Viví momentos difíciles, tuve varias fracturas y los meses de recuperación parecían eternos. Fueron dos de reposo total, pero sentí como si hubieran sido más. Sin embargo, a pesar de lo sucedido, esta caída me hizo mentalmente más fuerte, hay cosas más difíciles de superar que esto, así que siempre hay que levantarse”, le comentó El Rapidito —apodado así por ser hijo de Israel El Rápido Ochoa— a El Espectador.

Después de casi siete meses de aquel golpe, a Diego Ochoa aún se le ven los estragos que le ocasionó dicha caída: el pómulo aún se nota resquebrajado, su mandíbula no está alineada y las placas que le pusieron en la operación aún las carga dentro de él. No obstante, eso pasa a un segundo plano para el ciclista del Movistar, que aunque recuerda como si fuera ayer lo sucedido en el Clásico, afirma que “lo importante es mantenerse fuerte y seguir entrenándome al 100% para así lograr todos los objetivos que tengo propuestos para este año”, indicó.

Precisamente, cuando pudo volver a entrenarse después de la incapacidad, el paipano supo que su siguiente reto era estar en un equipo de categoría como el Movistar. Se enfocó en recuperar la forma física y gracias a las montaña de su tierra volvió a sentirse fuerte. Allí se preparó para regresar. “Casi siempre hice cuesta, dos o tres horas al día en la altura para coger la resistencia suficiente para poder afrontar lo que se vendría”, dice el ciclista, que hasta el día de hoy completó más de 10.000 kilómetros de entrenamiento con el equipo.

En esta temporada aún no ha podido ganar ninguna etapa, La Vuelta al Valle, el Gran Premio Mercatale, Coppi e Bartale y la Vuelta al Gran Santander han sido sus competencias previas a la Vuelta de la Juventud, y el cuarto puesto en la general de la última carrera fue su mejor logro, pero esto no lo trasnocha, sabe que con dedicación y esfuerzo esa victoria que tanto anhela puede llegar en cualquier momento, “no siempre se puede ganar antes de una competencia tan importante como esta, pero para esta carrera estoy en muy buen nivel. Más que ganar o perder lo que quiero es tener un gran protagonismo, esperamos estar disputando etapas y, por qué no, la general”, aseguró.

Con la característica valentía de los boyacenses, demostró que un golpe no es suficiente para frenar su espíritu. Ahora su meta va mucho más allá, aunque su fortaleza sea diferente quiere brillar como lo hizo Michal Kwiatowski en los Mundiales de Ciclismo. El último campeón es uno de sus ídolos a nivel internacional y ser una de las grandes figuras del ciclismo colombiano es su objetivo. “Quiero dar el gran paso a Europa y dejar el nombre del país en alto, pero voy paso a paso. Este año voy por mi primera carrera por etapas con el Movistar. Espero devolver la confianza que han depositado en mí”, finalizó.