Un Tour de robots humanos

La superioridad aplastante del equipo Sky hace aburrida la carrera de este año.

Chris Froome, líder del Tour de Francia. Foto: EFE

Cuentan los periodistas que están en la sala de prensa del Tour de Francia que algunos se la pasan bostezando y hasta durmiendo y otros echando cabeza sobre el titular con el que van a encabezar sus notas de la carrera. Tan parecidos son cada uno de los días que no hay nada qué resaltar, ninguna emoción, nada que se salga de lo común.

Es que el libreto de cada uno de los recorridos es tan aburrido y tan parecido al del día anterior y a los de la semana pasada, y hasta a los de la antepasada: de salida una fuga que ya no es la de los aventureros de años ya idos en los que uno, o dos, o tres hombres se la jugaban desde muy lejos sin permitir que nadie más llegara. Ahora hasta para ganar una fracción esperan a que hayan llegado diez, o quince, o treinta, o cuarenta, para ponerse a trabajar en serio, casi esperan hasta los diez, o veinte o treinta kilómetros  de la meta para iniciar el descarte, para que se inicie la lucha por la victoria, para que dos, o cuatro o máximo cinco lleguen al embalaje final.

Y atrás los grandes van sin preocupación alguna detrás de un equipo que hace lo quiere porque su superioridad es tan aplastante que lo domina todo, que no deja ir a nadie que represente algún peligro, así esté a diez minutos de su líder que marcha rodeado por cinco o seis compañeros que lo llevan protegido para que gaste lo mínimo y que van tensando el ritmo para desgastar a sus rivales. Cada uno de ellos sabe quién debe hacer el gasto y lo hace a fondo por unos kilómetros, y luego se hace a un lado y deja a quien está designado para remplazarlo. Por eso ningún otro hombre del Sky está entre los diez primeros ya que el que ha cumplido su tarea sigue a paso para guardar fuerzas para el siguiente día.

¿Será este el ciclismo del Siglo XXI, en el que, como ocurre en el fútbol, uno o dos equipos tienen ganado el título desde el primer partido por el dinero que pueden gastar en su conformación y en su preparación, en ayudantes y profesionales que cuidan hasta el último detalle?

¿Será que el Sky, con una chequera abierta, con la mirada atenta para fichar los mejores talentos y con la posibilidad de utilizar la medicina y la tecnología más avanzada se va a convertir en un Real Madrid, un Bayer Munich o un Barcelona se va a apoderar del ciclismo y va a ser el eterno ganador?

Para bien o para mal algo muy grande está pasando y está arrasando con el ciclismo del pasado en el que se veían epopeyas inolvidables, cuando los grandes se batían en las cumbres con hazañas que nadie olvida, cuando Fausto  Coppi, Gino Bartali, Luison Bobet, Charly Gaul, Raymond Poulidor, Luis Ocaña, Eddy Merckx, Federico Bahamontes, Jacques Anquetil, Joop Zoetemelk y Bernard Hinault se batían a lo grande en todos los terrenos.

Nairo al límite

El Nairo Quintana de este año no es ni una sombra del que vimos hace un año. Este jueves se comprobó en la cronómetro, cuando uno de sus coequiperos, Ion Izaguirre, lo superó en siete segundos. En su mejor forma el boyacense le hubiera tomado mucho más de minuto y medio

No se sabe qué ocurrió si, como él lo afirma, tiene alguna alergia, o un virus, o si la preparación de este año no fue la más conveniente: “no esperaba estar de esta manera, no es fatiga lo que siento, pero el cuerpo tampoco responde. Puede ser un tipo de alergia que tengo en el momento porque no oxigeno bien las piernas"
Disminuido al máximo luchará estos dos días de gran montaña que siguen tratando de subir al podio, pero bien difícil lo tiene porque seis corredores con diferencias que no superan un minuto se encuentran en esta batalla. De Froome ya hay que olvidarse porque el jueves sentenció la carrera.

 

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