31 May 2016 - 8:33 p. m.

Una nota al margen del Giro

Lamento que la mayoría de los comentarios de los lectores denigraran día a día de ese “seudoperiodista” que escribía del Giro de Italia, aseguraran que no tenía idea de ciclismo, que ni siquiera se había montado en una bicicleta, que estaba dejando por el piso a El Espectador, al que no le debían pagar ni un peso y al que debían echar de inmediato porque escribía sandeces y que además estaba contra uno de los grandes ciclistas de nuestro país.

Rafael Mendoza, especial para El Espectador

Comienzo por contarles que El Espectador no me paga ni un centavo por mis notas y que no gano ningún sueldo porque estoy pensionado. Lo hago simplemente porque estoy muy agradecido por todas las oportunidades que el mejor diario de Colombia me dio durante los casi 19 años en que formé parte de su sección deportiva para que pudiera enterarme a fondo de cada una de las actividades en que tuve que meterme, especialmente en el ciclismo. Gracias a ello cubrí, -tras de los ciclistas y no por televisión-, ocho Tours de Francia, ocho Vueltas a España (seis de ellas en motocicleta, que me permitieron sentir y vivir de verdad el ciclismo profesional europeo, bien distinto del que se corre aquí, conversar a diario con técnicos, ciclistas y con todo el personal que se mueve detrás de cada corredor y saber por qué pasaban tantas cosas en cualquier carrera). Además estuve en tres Giros, dos Dauphiné Liberé, dos Tours del Porvenir, tres Mundiales de Ciclismo, un Guillermo Tell, muchas Vueltas al Táchira, unas diez Vueltas a Colombia y un número parecido de Clásicos RCN e incontables Vueltas y Clásicas nacionales y hasta los chequeos que organizaba dominicalmente el inolvidable Leonidas Herrera en los alrededores de Bogotá.

En otros deportes fui y escribí en el Preolímpico de Atlanta, en los Juegos Panamericanos de Mar de Plata, en el Mundial de Baloncesto de Cali y en el Mundial de Fútbol de Francia-98. Años después tuve la oportunidad de colaborar en los hermosos libros que “el Profe” Héctor Urrego editó sobre la Vuelta a Colombia y sobre los éxitos del ciclismo nacional en el exterior. También fui editor y autor de varias notas del libro “Crónicas y Reportajes” con el que La Asociación Colombiana de Redactores Deportivos de Bogotá celebró sus 40 años (una larga crónica que está en esa publicación sobre Edgar Rentería fue copiada por el Miami Herald y permaneció en la página de los Marlins hasta el día en que dejó el equipo y de allí fue pirateada por más de 20 diarios del Caribe y Centroamérica) y escribí el libro “Tras el Equipo de Ensueño”, el primero que se editó sobre la increíble historia de la Selección Colombia. Si ello no me capacitó para presentar una visión profunda y real de una competencia o para juzgar la importancia de un ciclista creo que perdí el tiempo.

Muchas de las notas que escribí en este Giro se las envié a colegas del país y del exterior para que me dieran su opinión. De la de la etapa del sábado, que fue la que más roña causó, me contestó José Enrique Cima, un ex ciclista y ahora periodista español, del que me contó el presidente del Comité Olímpico de España de entonces, que era el hombre que más sabía de ciclismo en la península:

“Pienso lo mismo que Usted. No sé si pasó algo entre ellos (Urán y Chaves) o si había cuentas pendientes del pasado…También entiendo que hay que respetar que están en equipos diferentes....

Hasta ahí bien, pero son compatriotas y el beneficio era para todo el país, para levantar aún más su ciclismo y hacerlo más grande ahora, cuando Nairo lo está haciendo tan bien.

Estuvo bien al ponerse a marcarle el ritmo por unos dos minutos a Esteban, pero luego lo hizo muy mal al tirar para adelante porque solamente podía mejorar un puesto, de manera que lo que debió hacer era seguir con su compatriota que iba con la camiseta.

Realmente era difícil salvar a Chaves al no tener compañeros por delante y sobre todo porque se vio en carrera que la presión le podía y su cara reflejaba, con su rostro afinado, que lo pasaba canutas...

Pero la realidad es que la carrera la perdió el día anterior, a mitad del puerto, al tirar a lo bruto, facilitando el contraataque de Nibali y la resurreción del italiano cuando ni se imaginaba que podía ganar el Giro.

Como te decía esto debe servirle de lección para que pueda llegar a ser un gran campeón. No obstante, a pesar de ese fallo, el Giro es para que el país esté de plácemes porque aparte de Nairo hay un gran futuro con corredores que pintan para campeones...”

Y un colega colombiano, que no voy a nombrar para que no le caigan rayos y centellas, me comentó: “Bueno Rafa, entonces todo parece indicar que ni usted ni yo sabemos de ciclismo. Estamos fregados con ese pseudopatriotismo que enceguece a la gente y le hace crear ídolos de barro como Urán.

Atapuma fue noveno y se vio en todas las etapas. Fue protagonista, la luchó, brindó espectáculo e hizo trabajo de marca. Si yo no estuviera metido en esto todos los días no me hubiera dado cuenta de que Urán estuvo en carrera. Qué forma de correr tan mediocre, tan pasiva, tan oportunista; siempre beneficiándose de los demás a quienes sigue a rueda pegado como una lapa. Hace unos días dije en twitter que a Urán aún no le daba la brisa en la cara, y casi me desollan vivo. Lo dicho por usted es cierto: Urán es un segundón. Hace dos años lo dije también y también se me vino encima la gente. En este país decir la verdad es peligroso y frustrante porque la gente no tiene capacidad de análisis. Es un fanatismo estúpido y regionalista que no tiene fundamento. Se vive de tendencias. Si la tendencia es huelga de hambre, todo el mundo se muere de hambre sin preguntar por qué.”

Lo que más ha dolido es que le haya dicho segundón a Urán. ¿Ustedes saben lo que significa esa palabra? El Diccionario de la Academia Española en su Edición del Tricentenario le da tres acepciones: “1.Hijo segundo de la casa. 2.Hijo no primogénito. 3.Persona que ocupa un puesto o cargo inferior al más importante o de mayor categoría”. No veo dónde está el insulto o el menosprecio al antioqueño y así mismo recuerdo que en Francia llamaban a Joop Zoetemelt “El Eterno Segundón”, porque fue seis veces segundo del Tour y eso a pesar de que lo ganó en 1.980 y fue vencedor de la Vuelta a España de 1.979, campeón olímpico y campeón mundial. Lo simpático es que también fue segundo en una de las Vueltas a México que ganó el bogotano Alvaro Pachón. En todo caso si alguien entendió la expresión como despectiva ofrezco mis disculpas, no encontré otra palabra para decirlo. Admiro a Urán por el coraje con el que se enfrentó a la vida y levantó a su familia, por su empuje y por sus ganas de salir adelante y reconozco que es un buen corredor que pasará a la historia por su medalla de plata en los Olímpicos de Londres y por sus dos subtítulos en el Giro. Eso nadie se lo quita pero sigue siendo cierto que sus mejores actuaciones lo llevaron sólo hasta el segundo puesto, con la única excepción del Gran Premio de Quebec, una prueba de un día en el Canadá que se disputa como aperitivo del Gran Premio de Montreal y además sé que el tiempo que invierte en promocionar su negocio no le sirve para prepararse en forma debida. Un ciclista, que tiene la profesión más dura y sacrificada del mundo, no puede perder un segundo en una actividad diferente.

Así mismo me ratifico en mi opinión de que la forma como dejó tirado a Chaves, sin hablarle y sin mirar atrás un segundo (he repasado y repasado ese momento), y llevándose a su rueda a quien podría hacerlo perder el segundo puesto fue el golpe definitivo para el líder colombiano. El que corredores de un país que están en diferentes equipos se presten una ayuda no es un caso raro en el ciclismo profesional. Así mismo se han presentado extraños casos que algo se parecen: en la Vuelta a España de 1.985 fui espectador de primera fila de la forma descarada en que los técnicos de los equipos locales se pusieron de acuerdo en la penúltima etapa para derrotar a Robert Millar, en ese momento líder, y a Pacho Rodríguez, corredor colombiano del Orbea, que estaba a 10 segundos. El técnico Javier Mínguez le ordenó a Pacho que se quedara quieto y ello, al tiempo que le quitó a Parra la oportunidad de pelear el título porque se quedó esperando a su compatriota, facilitó el título de Perico Delgado, que había partido esa mañana a más de seis minutos de los líderes. Antes de que saliera esa etapa me había dicho Saulo Barrera que Fabio Parra tenía la orden de salir del lote apenas se comenzara a subir y de esperar a Pacho para ayudarle a que ganara la carrera.

Y no es ninguna exageración decir que Urán, el del “go Rigo go” de un despistado locutor argentino que lo ha hecho tan popular, está a años luz de Cochise Rodríguez, de Luis Herrera, o de Nairo Quintana y muy por debajo de Martín Ramírez, Alvaro Mejía y Oliverio Rincón. Veamos el palmarés de los dos que se mantienen en competencia. Igualarlos sería una barbaridad:

Nairo Quintana: 2.011: campeón del Tour del Porvenir. 2.012: campeón de la Vuelta a Murcia, de la Ruta del Sur y del Giro de Emilia. 2.013: campeón de la Vuelta al País Vasco. Segundo en el Tour de Francia, campeón de Montaña y de los Jóvenes en el Tour. Campeón de la Vuelta a Burgos. 2.014: Campeón del Tour de San Luis, campeón del Giro de Italia y campeón de los Jóvenes, campeón de la Vuelta a Burgos. 2.015: campeón de la Tirreno-Adriático, segundo en el Tour de Francia y campeón de los Jóvenes. Tercero en la clasificación en la UCI WorldTour. 2.016: campeón de la Vuelta a Cataluña y campeón del Tour de Romandía.

Rigoberto Urán: 2.008; segundo de la Vuelta a Cataluña y tercero del Giro de Lombardía. 2.009: 52 del Tour de Francia. 2.010: séptimo del Giro de Italia. 2.011: 24 en el Tour de Francia. 2012: Medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres, Indudablemente un logro muy significativo. 2.013: segundo del Giro de Italia, a 4.43 de Nibali. 2.014; Segundo del Giro, tras Nairo Quintana. 2.015: 14 en el Giro de Italia a más de 27 minutos de Alberto Contador. Campeón del Tour de Quebec.

Basta que vayan a Wikipedia para confirmar estos datos.

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