Unzúe: "Nairo es un prodigio, pero aún es un niño"

El director del Movistar afirma que el boyacense está en proceso de aprendizaje.

El miércoles tras la llegada a Emosson, Nairo Quintana se vio quedado. El pedalista boyacense no pudo seguir el ataque de Richie Porte y Chris Froome. Parecía quedarse estático a un kilómetro de coronar el ascenso de Finhaut. Todos lo superaron, excepto Mollema. Ese día veía cómo el Tour se le escapaba como agua entre los dedos. Quedaba a 3’27’’ de Froome. Era un nuevo jaque mate a favor del pedalista británico.

Emosson estaba marcada como la primera en la que Nairo atacaría, de hecho, no siempre se le vio mal. Durante el recorrido no pasó mayores inconvenientes coronó el puerto de la Forclaz tranquilo. Se sentía fuerte. “A mitad de la subida a Finhaut-Emosson le dijo a Valverde que tensara el grupo, que hiciera daño aunque le costara, que se sentía con capacidad para atacar”, le reveló a El País de España un miembro del equipo Movistar, que agregó “no pudo pasar de un tímido movimiento. Dijo que se sentía perfecto de piernas pero que no podía respirar, que no sabía lo que le pasaba”.

Lamentablemente se notó. Y se notó mucho. Su falta de respuesta fue clave para que perdiera cualquier opción de pelear por el Tour. Incluso, el miembro del equipo Movistar se dijo al medio español que “a Valverde no le sentó muy bien, porque después de moverse y soltarse, su compañero no remató, pero luego se habló y se entendió todo”.

Lo que le pasó a Nairo Quintana, según su director, Eusebio Unzúe, “es que llegaba ya asfixiado. El mismo acelerón de Valverde que él pidió para hacer daño a los demás, y lo hizo, le hizo daño también a él. Lo que le pasó, en resumen, es que no está tan fuerte como creía, y por eso se equivocó. No hay que pensar con las piernas, que las sentía bien, sino con la cabeza, y cuando decidió por orgullo seguir por Froome y Porte, quemó sus últimas fuerzas, y por eso le pasaron luego todos”, dijo a El País.

Después de la contrarreloj, el boyacense dijo que había estado dándole vueltas a la cabeza pensando qué le podía pasar para sentirse así de consumido, mal de forma. Nairo llegó es Tour como siempre, se preparó como los dos años que quedó segundo, se sentía ya preparado para ganar. “No esperaba estar de esta manera, no es fatiga lo que siento, pero el cuerpo tampoco responde”, dijo tras finalizar la cronoescalada en la décima posición a un minuto, 10 segundos de Froome. “Puede ser algún tipo de alergia que hay en el sector y que me ha afectado en los últimos días. Espero que con la lluvia que viene me pueda mantener por lo menos y luchar por el podio”, agregó.

Antes de la contrarreloj, Unzúe, más que pensar en el momento, se enfocó en el plano grande, en la evolución de un corredor excepcional, cuando reflexionaba sobre Nairo. “No hay que olvidar que todavía está en años de formación, de maduración. Es un superdotado, un prematuro, un prodigio, pero aún es un niño. 26 años no es nada para lo que tiene que seguir aprendiendo”, analiza el director del Movistar en diálogo con El País. “El golpe que se está llevando este Tour, que seguro que le afecta mucho psicológicamente, le va a venir muy bien para ello, porque está tan convencido de su excepcionalidad, de su superioridad, que se confunde a veces en sus análisis”.