¡Que viva Colombia!

Rigoberto Urán finalizó segundo en la clasificación general, mientras que Carlos Betancur fue quinto y se consagró como el mejor joven.

El podio final del Giro de Italia 2013. El colombiano Rigoberto Urán (izq.), el campeón Vincenzo Níbali (centro) y el australiano Cadel Evans. Los tres fueron sin duda los mejores de la prueba.  / AFP
El podio final del Giro de Italia 2013. El colombiano Rigoberto Urán (izq.), el campeón Vincenzo Níbali (centro) y el australiano Cadel Evans. Los tres fueron sin duda los mejores de la prueba. / AFP

La excelente presentación de Colombia en la edición 2013 del Giro de Italia no es otra cosa que una invitación a seguir creyendo en nuestro ciclismo, el deporte que más y mayores glorias le ha dado al país.

En los años 80, cuando Colombia era sinónimo de narcotráfico, Lucho Herrera, Fabio Parra y compañía se encargaron de hacerle saber al mundo que aquí también había gente buena, luchadora y talentosa.

Sus hazañas en carreteras europeas, con las camisetas de Café de Colombia, Pilas Varta o Manzana Postobón, entre otros equipos, paralizaron al país y lo llenaron de motivos de orgullo.

Los escarabajos nos dieron tanto en tan poco tiempo, que llegamos incluso a menospreciar sus éxitos y a descalificarlos por no haber conseguido más coronas.

Un título de la Vuelta a España (Lucho Herrera en 1987), un subtítulo en esa misma prueba (Fabio Parra en 1989) y dos terceros lugares en el Tour de Francia (Parra en 1988 y Santiago Botero en 2002), además de camisetas de la montaña y etapas ganadas en las tres grandes carreras del mundo nos parecieron poco.

Entonces dejamos de apoyarlos y de seguirlos. El Gobierno y buena parte de la empresa privada se olvidaron del ciclismo, que se negó a morir y siguió luchado casi solo.

La gran Vuelta a Colombia, que antes paralizaba al país, perdió relevancia, mientras que la presencia de nuestros pedalistas en el exterior se limitó a los que corrían por escuadras europeas.

Aún así, siempre figuraron. Los escarabajos se las arreglaron para ondear la bandera tricolor. Fue la época en la que Álvaro Mejía, Oliverio Rincón, Nelson Cacaíto Rodríguez, Hernán Buenahora, José Chepe González, Iván Parra, Santiago Botero, Freddy González, Víctor Hugo Peña, Mauricio Ardila, José Serpa, Carlos Contreras, Alberto Camargo, Mauricio Soler, Luis Felipe Laverde, entre otros, lucharon casi en solitario contra una generación de superciclistas, muchos de ellos ayudados por sustancias y métodos prohibidos, a los que apenas ahora la Unión Ciclística Internacional les está ganando la batalla.

Hasta que apareció una nueva camada de escarabajos tanto o más brillante que la de los 80, con hombres como Rigoberto Urán, Carlos Betancur, Sergio Luis Henao, Nairo Quintana, Fabio Duarte, Darwin Atapuma, Róbinson Chalapud y más.

Ellos, más preparados y con las enseñanzas de quienes fueron sus ídolos, se formaron mejor y ahora están cosechando los frutos de su trabajo. Son buenos escaladores, pero también pasistas, embaladores y hasta contrarrelojeros. Políglotas y, sobre todo, muy profesionales.

Desde comienzo de año anunciaron de lo que eran capaces al ganar en Europa pruebas de una semana y figurar en clásicas de un día en las que antes ni participábamos.

En el Giro de Italia, que terminó ayer con el título para el local Vincenzo Níbali, Urán, del Sky, finalizó segundo, logrando el podio que le faltaba al ciclismo nacional. Ganó una etapa y demostró, con 26 años de edad, que tiene con qué pelear el título de una de las tres grandes. La próxima temporada será líder del equipo Omega, junto con Mark Cavendish, quien se impuso en cinco fracciones de este Giro, incluida la de ayer.

Carlos Betancur, del AG2R La Mondiale, fue quinto en la general y se llevó el título del mejor joven de la prueba. Logró cuatro segundos lugares y un tercero. “Es un caballito de raza que pronto peleará una corona”, dijo sobre él la Gazzetta dello Sport.

Henao también brilló, aunque tuvo que trabajar para Urán, mientras que Cayetano Sarmiento, José Serpa y Miguel Ángel Rubiano cumplieron con su misión de gregarios.

Y los nueve integrantes del Team Colombia, un combinado netamente nacional que fue invitado por la organización, se mostraron, especialmente Fabio Duarte en las últimas llegadas en ascenso. “Esa es la verdadera esencia de este proyecto”, señaló el director general del equipo, Claudio Corti. “Traer nuevos talentos jóvenes para brillar en el escenario mundial. Este es un momento increíble para la Colombia ciclística y no podríamos estar más orgullosos de ser parte de él. Realmente espero que un día, no demasiado lejano, será nuestro equipo y nuestro proyecto el que lleve a un ciclista a subir ese último peldaño del podio, el más importante”.

Ojalá esta vez el país deportivo sepa valorar las proezas de sus ciclistas. Un título de Tour, Vuelta o Giro no es una utopía, pero tampoco algo sencillo de conseguir. Lo que sí está garantizado es que mientras haya talento y raza guerrera para buscarlo, siempre tendremos motivos para sentir orgullo por nuestros escarabajos.