Vuelve la montaña al Tour de Francia con el Grand Colombier

Un puerto especial y dos de primera esperan a los ciclistas en un día de sube y baja continuo.

El Tour vuelve a la montaña con la decimoquinta etapa, entre Bourg en Bresse y Culoz, de 160 kilómetros, una jornada muy atractiva, propicia para que Chris Froome demuestre la solidez de su maillot amarillo y los aspirantes a la prenda dorada su capacidad para poner en aprietos al británico. Un perfil con 6 puertos que ofrece alicientes desde el primer metro, sin respiro, óptimo para emboscadas desde el primer puerto, el Col du Berthiand (primera categoría), hasta el Lacets du Grand Colombier, otro de primera con la cumbre a 14 de meta. El descenso puede marcar la diferencia si alguno se anima a jugarse el tipo.

Esta etapa no admite comparaciones. Fue diseñada por las mentes más pícaras e iluminadas para poder disfrutar con finura de la geografía del Jura. Su creatividad merece una respuesta igual de imaginativa y valiente por parte de los corredores, sobre todo de los perseguidores directos de Chris Froome en la general, si pretenden que el británico se tambalee.

El Grand Colombier hizo su entrada triunfal en el Tour en el año 2012, con una llegada a Bellegarde-en-Valserine. Pero la situación es diferente esta vez: con una doble subida al macizo por dos vertientes distintas y 50 km de terreno propicio a los ataques de los mejores escaladores y los grandes descendistas que tendrán la oportunidad de bajar dos veces a Culoz.

“Harán daño seguro”, repite Purito Rodríguez, “porque llevamos seis días de mucha tralla y dicen que hará mucho calor”. Suben las temperaturas, dicen las previsiones, y aumentan las dificultades, “pero a nosotros no nos toca”, asegura Mikel Nieve, lugarteniente de Froome. “Nos viene bien así”, con varios minutos de renta de su líder, aunque “si él se ve bien, seguro que lo intenta”, aviso a navegantes.

El Grand Colombier, por ejemplo, es un puerto con sorpresa, casi desconocido. La primera vez que se subió en el Tour del Porvenir, algunos corredores lo terminaron a pie porque no tenían desarrollo suficiente. Se puede ascender por cuatro vertientes y el Tour ha elegido dos, la primera de 13 kilómetros desde Lochieu, con cinco kilómetros de pendientes de más del 9%, y la segunda, camino ya de la meta en Culoz, de nueve kilómetros y tres tramos de dureza máxima. La primera vez será un Hors Catégorie, la segunda, un puerto de Primera después de otras cuatro ascensiones a lo largo del día. Serán cuatro kilómetros de desnivel a superar como aperitivo de los Alpes.

Un gran ausente en el pelotón será Thibaut Pinot, que domina a la perfección el Grand Colombier, donde se impuso en sus inicios como profesional en el Tour de l'Ain 2011. Pero todavía quedan muchos artistas de la montaña con capacidad para sustituirlo y muchos motivos para pasar a la acción: Romain Bardet, para compensar una parte del retraso acumulado contra el reloj y volver meterse en el Top 5; Nairo Quintana para empezar a darle consistencia a su “Sueño Amarillo”; Bauke Mollema para ejercer presión y confirmarse como amenaza para Froome y Richie Porte, para reafirmarse como candidato legítimo al podio. Ahora les toca a ellos dar la cara.

 

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