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Wout van Aert le quitó la hazaña a Pogacar en la Paris-Roubaix: así fue el final de infarto

El belga del Visma-Lease a Bike se impuso al fenómeno esloveno en un esprint que quedará para la historia.

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Fernando Camilo Garzón
12 de abril de 2026 - 03:51 p. m.
Van Aert celebra frente a un frustrado Pogacar.
Van Aert celebra frente a un frustrado Pogacar.
Foto: Visma
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La historia se escribió en el velódromo. Y la escribió Wout van Aert, cuando todos esperaban otro final. En un esprint brutal, perfecto, el belga derrotó a Tadej Pogacar y le arrebató, en la línea de meta, una hazaña que parecía destinada a cambiar el ciclismo. Fue un final épico, de esos que quedan grabados para siempre: el mejor corredor del mundo vencido en su terreno más inesperado.

Toda la atención estaba sobre Pogacar. El esloveno llegaba con cuatro Monumentos en su palmarés y la posibilidad de completar los cinco con la París-Roubaix, algo que solo tres leyendas han logrado. Era su oportunidad de hacer historia, incluso de hacerlo en un mismo año, algo nunca visto.

No obstante, Roubaix no perdona. Nunca lo ha hecho. Y volvió a demostrar por qué es una de las carreras más difíciles del mundo. Pogacar lo intentó todo, corrió como siempre —agresivo, dominante, ambicioso—, pero otra vez se quedó a las puertas. Segundo el año pasado, segundo otra vez. La Reina de las Clásicas sigue siendo su gran deuda.

Así fue la Paris-Roubaix 2026

La carrera fue un caos desde el inicio. Ritmos altísimos, sectores de pavé a más de 50 km/h y una tensión constante que rompió el pelotón desde muy temprano. Nadie lograba imponer condiciones en un terreno que iguala a todos y castiga cualquier error.

Los problemas no tardaron en aparecer. Pinchazos, caídas y cambios de bicicleta marcaron el desarrollo. Pogacar sufrió incluso un cambio a bicicleta neutra tras una avería que le costó tiempo, mientras otros favoritos como Mathieu van der Poel y Filippo Ganna también vivieron su propio calvario mecánico.

A falta de 60 kilómetros, la carrera se rompió definitivamente. Van Aert lanzó un ataque feroz sobre el pavé y Pogacar respondió como solo él sabe hacerlo. Ambos se seleccionaron al frente, dejando atrás a nombres como Van der Poel, quien además sufrió una avería mecánica, y Mads Pedersen, que ya solo pudieron aspirar al podio.

Desde ahí, fue un pulso directo. Ataque y contraataque. Miradas, relevos cortos y tensión pura. Pogacar intentó soltar a Van Aert en sectores clave como Mons-en-Pévèle y el Carrefour de l’Arbre, pero el belga resistió todo. Se pegó a su rueda y nunca cedió.

Incluso hubo momentos de vértigo. Pogacar estuvo a punto de caerse en una curva cuando arriesgaba al límite, consciente de que debía romper la carrera antes del velódromo. Sin embargo, no lo consiguió. Van Aert, frío, calculador, entendió que su oportunidad estaba al final.

Un final de infarto en el “infierno del norte”

Y allí llegó. En el velódromo de Roubaix, con la historia en juego, Pogacar lanzó el esprint, pero Van Aert fue muy superior. El belga lo superó con claridad, sin que el esloveno pudiera siquiera responder. Fue un golpe definitivo, casi simbólico.

Detrás, Jasper Stuyven completó el podio, en un día de dominio belga en el que todo quedó marcado por ese duelo final, por ese mano a mano que definió mucho más que una carrera.

Porque este domingo pudo ser uno de los más importantes de la historia del ciclismo. Pogacar tenía la puerta abierta a una hazaña única, a completar los cinco Monumentos y acercarse aún más al legado de Eddy Merckx. Sin embargo, Roubaix decidió otra cosa. Y Van Aert, en una actuación monumental, se encargó de recordarle al mundo que incluso los más grandes tienen límites.

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