Yesid Pira: el domiciliario que conquistó el Alto de La Línea

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Esta es la historia del nuevo líder de la Vuelta a Colombia: trabaja en un restaurante en Prado Veraniego, es papá y está comprometido. Escalador pura sangre.

¿Vatios? Pfff… Sensaciones nada más. Ataque, ataque, ataque. Un ciclismo de otra generación, de otros tiempos. Que lo tiene como el flamante nuevo líder de la Vuelta a Colombia y uno de los nuevos grandes nombres del ciclismo colombiano tras una exhibición en el legendario Alto de La Línea.

Y en el podio, sin poderlo creer, con ojos encharcados, su entrenador Alexander Soler. “Yo no soy de muchas lágrimas, pero es que es una historia larga, de telenovela. Nos ha tocado muy difícil. Él se lo merece todo: es un gran muchacho, gran papa, gran esposo… ojalá todos los regaños sirvan (risas)”, dice la cabeza del equipo de la Alcaldía de La Vega, uno de los más modestos, pero también más combativos del ciclismo colombiano.

Al mediodía, sin falta, sin excusas. Ese era el momento en el esperaban hasta hace unos días a Yesid Pira en un restaurante en el barrio Prado Veraniego, al norte de Bogotá. Su función: repartir almuerzos en su modesta bicicleta. Domiciliario en las tardes, ciclista en las madrugadas. Al final todo se resumía en no dejar de pedalear.

Como cuando en 2019 Alexander inició un proyecto junto a Álvaro Gómez, con quien corrió como ciclista. Yesid fue la sensación de la convocatoria. En el primer chequeo, en un circuito por El Rosal subiendo el Alto del Vino, terminó tercero. “Ojalá la gente se imaginara la bicicleta con la que corrió Pira: de aluminio, con pedales de una bici todo terreno, le quedaba gigante, con bielas que no eran las indicadas… Y aún así lo consiguió”.

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Días después, hipnotizado, Alexander hizo un chequeo entre La Vega y el Alto del Vino. Todos saben quién fue el ganador. Los seleccionados para integrar el equipo fueron Yesid y Juan Carlos Castaño, un hombre que peleó la camiseta de la montaña en la pasada Vuelta de la Juventud, en la que Pira fue una de las revelaciones: fue catalogado como el corredor más combativo de la carrera, terminó metido en un top 10 plagado de ciclistas de equipos poderosos y fue segundo en la etapa reina que finalizó en Vélez (Santander).

Pero antes, la pandemia lo cambió todo. Y los recursos, tan contados, se esfumaron. Alexander, quien se acababa de comprar una camioneta Prado, decidió venderla para sostener al equipo. “Yo decía: tanta plata aquí guardada, estacionada y uno sin patrocinio. Era nuevecita. Y le dije a mi esposa: ‘Estamos en una pandemia, no sabemos qué pase mañana’”.

El mañana… A sus 21 años, Yesid Pira reventó a los mejores escaladores del pelotón, ganó la cuarta etapa y se convirtió en el líder de la carrera más importante de ciclismo de nuestro país. Desde antes de la competencia ya estaba preseleccionado por Carlos Mario Jaramillo para correr con la selección colombiana el Tour de l’Avenir, el Tour de Francia para menores de 23 años. “Viene de un equipo pequeño, ojalá lo tengan en cuenta y pueda empezar a tener sus contactos con el ciclismo europeo. Es un corredor muy inexperto, pero tiene demasiado talento”.

Su primera declaración de guerra la hizo en octubre de 2020, cuando Yesid Pira terminó octavo en la clasificación general de la Vuelta al Tolima. Y su nombre, desconocido hasta ahora, se quedó grabado en un pelotón que ahora respetaba su nombre. El objetivo principal: la Vuelta de la Juventud, que se disputaría un mes después. Las cosas no se dieron: tuvo una caída en carrera y se fracturó la clavícula. Pero, temerario, terminó la Vuelta de la Juventud en la casilla 32 de la general.

Y terminé la vuelta así, no me fue tan mal. Fueron dos meses largos sin montar, eternos. Y después no pude correr la Vuelta a Colombia ni el Clásico RCN. Este año gracias a Dios todo ha salido bien. Aún me duele y no me he recuperado del todo, pero no duele tanto como antes”, confiesa Pira, anacrónico, un tipo ajeno a las redes sociales y al WhatsApp. Y a los vatios.

Está comprometido, es papá de Alan Yesid, de dos años y medio de vida. A los 15 años dejó a sus padres, campesinos en Siachoque (Boyacá), para irse a Bogotá a trabajar, el verbo que resume toda su adolescencia. Vive en el barrio El Codito. “Antes era recolector de papa y esas cosas”, rememora Alexander.

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Pira, desde el día uno, fue frentero: “Voy por la carrera”. Hay una contrarreloj que se le atraviesa en el camino, aunque también otra etapa de alta montaña en un puerto emblemático para él y para su equipo: el Alto del Vino. ¿Su último precedente al cronómetro? La Vuelta a la Juventud. La semana pasada firmó un top 25, a 1,22 del ganador, Víctor Ocampo. Una presentación decente que hasta a él mismo cogió por sorpresa. “No me esperaba un tiempo tan bueno, fue excelente. Yo soy un escalador fuerte, eso es lo que Dios me dio”, añade Pira.

Un escalador en vía de extinción: “Es de los que dan espectáculo, de los que en el ciclismo ya no se ven más. De los que atacan, atacan y atacan. No corre a vatios, sino a sentimientos, emociones y corazón. No es del estilo de Egan o Nairo, Pira es de esos escaladores pura sangre”, cierra Alexander acerca de uno de los escarabajos más académicos del ciclismo colombiano.

Por: Thomas Blanco- @thomblalin

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