Yo no miro atrás, por eso estoy donde estoy: Rigoberto Urán

El ciclista antioqueño, el colombiano mejor clasificado en el Tour de Francia 2015, recuerda su época de niño en su amado Urrao.

El pasado no es jurisdicción de Rigoberto Urán. “Yo no miro atrás”, dice al tocar temas de otros tiempos, no al hecho concreto de girar la cabeza 180 grados como en el último kilómetro de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. La memoria, en este caso particular, no es su mejor aliada. Seguramente porque desde 2001, cuando asesinaron a su padre, se obligó a olvidar para seguir adelante.

Esa es la explicación de que algunas imágenes de su infancia las rescate con dificultad. Por eso no recuerda que un día pedaleó tan fuerte en un certamen nacional que sangró en la entrepierna y siguió usando crema para bebés para no tener que retirarse. Luego de una entrevista, en la que todo se conjuga en pasado, este es el resultado de rebobinar tantas veces la película de su vida.

Todos dicen que su primer triunfo fue en la Clásica de Urrao, en 2001, pero antes de eso hubo más…

Mi primera carrera fue un sábado, pero en medio de un entrenamiento. La escuela de Urrao hacía competencias. Ese día, desde la vereda San José hasta la Feria, hicimos una contrarreloj. Esa mañana era mi primera vez corriendo; yo ni siquiera sabía qué era una contrarreloj. La bicicleta me la había regalado un tío y llevaba ocho días montando. Y a pesar de eso les gané a todos los pelaos.

Usted tenía un cuaderno donde anotaba el resultado de cada jornada. ¿El de ese día también?

Todo eso lo registré en un cuadernito. Yo apuntaba los tramos, los kilómetros, los tiempos. Escribí ahí por casi tres años para ver mi evolución. Hablaba de mis carreras, de los recorridos. En fin. Ahora no hago nada porque todo está digitalizado. Todo lo graba el pulsómetro de la bicicleta.

¿Cuál fue la siguiente competencia?

En La Pintada, ese mismo año. Mi papá me acompañó. Quedé en el tercer puesto. Después sí competí en la Clásica de Urrao, en la categoría infantil. Ahí me di a conocer y ahí me hicieron la primera entrevista de mi vida, para la emisora de la ciudad.

¿Qué habría sido de Rigoberto Urán sin el ciclismo?

No tengo ni idea. Creo que habría terminado mis estudios, aunque me fuera muy regular. No pienso en eso. Sólo recuerdo que mi papá me decía que practicara algún deporte, nada más. No me pongo a pensar en mucho más.

¿Cómo hacía para que le compraran chance?

Nunca tuve máquina sino que siempre debía tener lapicero y talonario. Yo tenía una clientela y unos recorridos. Uno en la mañana y otro en la noche, después del colegio. No era tan bueno como mi papá. Él sí tenía el discurso, vendía gallinas ciegas. Iba gritando por ahí: “Gallina ciega, gallina ciega”. Charlaba con la gente, se volvía amigo de ellos.

Todos lo recuerdan como el chancero, pero usted también vendió otras cosas, ¿o no?

Mi tío me llevaba de vez en cuando en una camioneta a recoger leche en las veredas. Tenía una tía con una cantina que vendía más botellas de aguardiente que un berraco. Y esas botellas vacías las pagaban como a $50 cada una. Y en diciembre la gente paisa es buena para chupar guaro. Entonces yo decía: “Venga a ver todo eso para reciclar”.

Algún paseo de infancia que lo haya marcado.

Una vez estuve con mi papá y mi mamá en San Andrés. Pero los más comunes eran las salidas con mi papá en bicicleta. Íbamos a los pueblos aledaños. A Caicedo, Betulia, Altamira, Concordia.

Su papá solía decir: “Mi muchacho va a salir de aquí para el mundo”.

Eso lo decía él cuando se emborrachaba. Cuando se tomaba sus guaros siempre decía eso. Pero, vea, el hombre tenía buen ojo.

¿Cuál fue su mejor consejo?

Aprender a trabajar honradamente para conseguir plata.

¿No le aterra ser tan parecido a su papá?

Eso me dicen. Físicamente y en personalidad. Yo creo que él era alegre y yo soy así. Pero ojo, no me tomo la vida de charla, sólo que sí trato de sacar el mejor provecho en las situaciones complicadas.

¿Por qué le gusta tanto la guasca?

Mijo, porque nací en Urrao y soy de familia aguardientera. Cuando estaba mi papá, él tomaba con esa música. Crecí con eso.

¿Cuál era la mejor travesura: escaparse del colegio para ir al río o para tomarse fotos con los amigos?

Las dos. Vea que yo ahora analizo a los pelaos y digo que son cansones, pero la verdad es que yo era peor. Son momentos del colegio. Son momentos de adolescencia que hay que vivir, porque son buenos y arriesgados.

¿Usted era bueno para las presentaciones en público en el colegio?

No mucho. Una vez hicimos una fonomímica con los parceros con los que hice una gran amistad. Pero a mí me pusieron a tocar un instrumento porque para bailar era muy malo.

Pero usted les dice a todos en el Etixx que es buen bailarín…

Es que allá en Europa sí que son malos. Entonces les meto el cuento de que yo bailo, pero es pura carreta. Tiene más oído un ojo.

¿La mejor foto que ha tomado?

Una vez bajando del aeropuerto de Urrao, alguien me tomó una con unos caballos atrás. Siempre me ha gustado la fotografía y vea que siempre ando con mis cámaras. Me encanta compartir las imágenes por las redes.

Viendo que quiere tanto a Urrao, ¿no le dio duro irse a Medellín a entrenar?

Claro. Ese día mi mamá lloró. Tener que alejarme después de estar tan acostumbrado al calor del hogar fue complicado. Cuando nos dejaban regresar a Urrao los fines de semana nos decían en el velódromo: “Cuenten cuatro puentes y verán el terminal”. Nosotros nos íbamos en bicicleta pero nos perdíamos. Y digo eso para recordar lo que nos tocó guerrear con mi amigo Juan David Laverde. Todos deben pasar por dificultades para triunfar.

En esos momentos de dificultad y sufrimiento pedaleando, ¿nunca pensó que hubiera sido mejor quedarse en la casa durmiendo?

Puede ser. Cuando uno se cae, ocurre eso. Pero yo en esas situaciones pienso que las cosas pasan por algo. En 2014, en la Vuelta a España, no pude terminar y me puse triste porque me había preparado. Pero hay que seguir.

¿Es consciente de que en toda su carrera ha estado muchas veces al filo del retiro?

Sí, pero las cosas pasan por algo. Hay personas que no han podido surgir por falta de patrocinio, porque les dio duro la soledad, por accidentes. Yo he sufrido un poco de todo, pero no miro atrás. Siempre hay que seguir adelante, por eso estoy donde estoy.

Así son los horarios de transmisión de Señal Colombia en el Tour de Francia.