Fabricamos fantasías

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Los periodistas deportivos, me incluyo, fabricamos verdades previas a la competencia que, aunque rigurosas muchas de ellas, terminan derrumbándose más a menudo de lo que uno piensa ante la evidencia. Una cosa es analizar y otra sentenciar.

Algunos especialistas en ciclismo se pasaron el Tour de Francia esperando que Pogacar tuviera un mal día. Que no estaba acostumbrado a carreras de tres semanas, que es muy joven, que no tiene equipo, que en los Alpes se funde…. terminó siendo el campeón del Tour sin ningún atenuante. Su histórica presentación en la contrarreloj del sábado no es otra cosa que la demostración de que nada fue improvisado. De paso aterrizamos de barriga los colombianos, que nos ufanábamos de contar con seis capos de equipo y dábamos por descontado que al menos dos estarían en el podio en París. Los nuestros son unos héroes nacionales, nadie se los puede quitar, pero ya es hora de salir de la insulsa discusión entre quienes así lo consideramos y quienes creen que son unos fracasados. Es hora de entablar una conversación seria en cuanto a las oportunidades de mejora en la formación de ciclistas que además de rendir en la montaña puedan ser fuertes en las etapas a cronómetro, cada más definitivas.

El regreso del fútbol desnudó nuestras falencias como pronosticadores como pocas cosas antes lo habían hecho. Por un lado nos aventuramos a sentenciar que serían muchos los lesionados al volver a competir por la falta de ritmo. Las estadísticas demuestran que salvo en Alemania, los promedios de lesiones musculares siguen siendo los mismos de antes. También aseguramos que a los equipos colombianos les iba a costar mucho jugar la Copa Libertadores al enfrentar a rivales que están jugando sus torneos locales hace un buen tiempo. La realidad demostró que Júnior fue a Guayaquil, con solo dos semanas de trabajo grupal y un par de partidos la semana anterior, a jugar contra el Barcelona, que lleva nueve partidos en su liga local con buenos números, y no solo el resultado sino también el trámite demostraron que la falta de ritmo no puede convertirse en excusa. Las derrotas de América contra la suplencia de Inter en Porto Alegre y la del DIM ante el Caracas como local tienen otras explicaciones, más relacionadas con ellos mismos que con su entorno.

Se ha convertido en verdad absoluta que los equipos colombianos que invierten en un buen técnico no necesitan grandes jugadores para obtener resultados. Así hemos visto coronarse campeón al Tolima de Gamero, por ejemplo. La realidad demuestra que el plantel que tenía el samario en Ibagué era superior, en nombres, al que tiene en Millonarios. Paradójicamente, porque la historia de Tolima y Millonarios exigiría lo contrario, en Bogotá está armando un equipo para el futuro, integrado en su mayoría por jugadores que todavía cometen errores que cuestan goles. Y los experimentados del equipo no ejercen el liderazgo que se necesita. La evidencia demuestra que los buenos entrenadores pueden potenciar a sus jugadores, plantear bien los partidos, pero no son los que toman las decisiones dentro del campo. Millonarios ha jugado bien por grandes momentos en la liga, pero la tabla no le sonríe.

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