Los buenos entrenadores y los héroes

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Zinedine Zidane es un técnico ganador como pocos. Los números dicen que gana un título cada 19 partidos con el Real Madrid. Es el que mejor se ha adaptado a la cultura de Florentino Pérez. Ha ganado en tiempos de cincuenta goles por temporada de Cristiano Ronaldo y sigue ganando sin el portugués. Ganaba cuando su equipo se debía a las individualidades y lo hace ahora, cuando sus hombres tuvieron que ponerse el overol en pro de un colectivo. Sin embargo falta verlo dirigiendo otro club. Es cierto que no es fácil lidiar con los egos de las estrellas del Madrid, pero también lo es que cuando se pertenece a la entraña de la casa, como Zidane, las cosas suelen fluir mejor.

Guardiola lo ganó todo en el Barcelona. Marcó la historia del fútbol mundial con sus jugadores bajitos que tocaban la pelota hasta el desespero de sus rivales. En Alemania ganó todo lo local con un equipo que casi siempre gana todo lo local, como lo es el Bayern Múnich, pero les quedó debiendo la Champions, saldo pendiente también en el Manchester City. La diferencia es que en Inglaterra cuenta con el presupuesto más alto del fútbol mundial. Guardiola, que hace un tiempo presumía de los valores de relativa austeridad que promovía su Barcelona, no logra la misma racha ahora que tiene jefe millonario. Zidane y Guardiola son grandísimos técnicos. De los mejores.

Pero hay unos distintos. Mourinho, otro de los grandes, ganó la Champions con dos equipos que difícilmente podrán levantarla de nuevo en el futuro cercano: el Porto en 2004 y el Inter en 2010. Además fue campeón de liga en Portugal, Inglaterra, España e Italia. Eso sí, con los dos más grandes que dirigió, el Madrid y el Manchester United, no pudo pelear la Champions.

También están los que prefieren medírseles a misiones que al comienzo parecen imposibles. Marcelo Bielsa escribe historias de amor y fútbol. Sacó bicampeón a Newell’s Old Boys, de Rosario, un poco habitual protagonista en Argentina. Allí también fue campeón con Vélez Sarsfield. Armó la estructura sobre la cual Chile ganó dos Copas América y acaba de regresar a la Premier al Leeds, un gigante dormido, después de 16 años, en Inglaterra.

Ni hablar de Jurgen Klopp, que le arrebató dos Bundesliga al único poderoso de Alemania, el Bayern Múnich, con su laborioso Borussia Dortmund, al que también llevó a la final de la Champions. El gusto de Klopp por escribir leyendas vive sus mejores días en el Liverpool, al que le devolvió su grandeza con un título de Champions y la esquiva Premier League, con casi la mitad del presupuesto con el que cuenta Guardiola en el City.

Ganar es el resultado de hacer las cosas bien en cualquier escenario. Pero hay triunfos que tienen un sabor especial porque nos hacen sentir que la victoria no necesariamente está reservada para los poderosos. Los ciudadanos del común nos sentimos identificados con esos triunfos, pues tal vez significan esperanza para nuestras vidas. Los que lideran ese tipo de logros son algo más que buenos entrenadores; son héroes.

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