Lo que la pandemia se está llevando

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Messi no se fue del Barcelona, todavía, pero lo hará algún día. Esta novela sirvió para que la gente supiera que ni el Barcelona ni el fútbol se van a acabar cuando no esté el enano. Lo mismo pasa en el tenis. Sin Federer ni Nadal en competencia, el primero lesionado y el segundo no quiso ir, solamente un mayor de treinta años (Djokovic, 33) estaba en los octavos de final en el US Open, aunque ayer fue descalificado. Esto no pasaba desde el Abierto de Australia de 2013, cuando Federer (31) fue el único en lograrlo.

La pandemia y sus demonios han puesto todo patas arriba, pero en este sentido los fanáticos y sobre todo los miembros de la industria del deporte pueden respirar tranquilos. Es que estamos ante el final de una generación de atletas superlativos que han eclipsado a sus colegas e incluso a su deporte. Hasta hace poco los organizadores de torneos se preguntaban si los patrocinadores, los derechos de TV y los espectadores de torneos seguirían estando allí cuando no ganara el Madrid, cuando no estuvieran Ronaldo ni Messi, cuando no estuvieran Federer, Nadal ni Djokovic o cuando Froome no corriera el Tour de Francia.

Es cierto que el fútbol no se acabó cuando se retiraron Pelé, Maradona, Ronaldo o Ronaldinho, ni el tenis dejó de ser tenis cuando se fueron Sampras, McEnroe o Borg, ni la gran carpa de la Fórmula Uno se desinfló cuando se murió Senna o se retiró Schumacher, ni el ciclismo perdió su importancia cuando se fueron Merckx o Hinault y sobrevivió a los escándalos de dopaje de Armstrong. Tampoco el golf perdió la popularidad que Tiger Woods le dio durante los años que no estuvo.

Pero también es verdad que los ídolos de hoy desplazaron a las estrellas del cine y de la música en su relevancia. Pasaron de ser importantes en su deporte para convertirse en íconos de la cultura popular como nunca antes se había visto. Además estos bárbaros han durado más y han tenido más regularidad que sus antecesores en la élite. Pocos pueden discutir que son los mejores de la historia en su trabajo.

Las cosas de la pandemia han logrado que valoremos al Atalanta, al Bayern Múnich o al Leipzig, cuyas estrellas estaban lejos de los reflectores hasta hace unos meses. El US Open nos muestra la consolidación de Thiem o Medvedev y la confirmación de jóvenes con proyección indiscutible como Alliasime, De Minaur o Shapovalov. El Tour muestra al joven Egan, a sus escasos 23 años, peleando de nuevo el Tour para confirmar que lo del año pasado no fue casualidad. Otros como Pogacar (a sus 21 años) y Miguel Ángel López (a sus 26) firman el contrato de protagonistas de sus películas para los próximos años.

Ojalá los grandes monstruos del deporte nos regalen más capítulos gloriosos antes de su partida definitiva al retiro, pero es saludable saber de primera mano que hay gente nueva preparada y capaz de asumir el reto de mantener la vara que les dejan bien arriba.

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