Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
“Es el final de una maravillosa aventura. Estoy aquí para anunciar el adiós definitivo de mi carrera. Me voy como la número uno y eso es importante. Es siempre mejor irse en la cima. Parto sin ningún pesar y sé que es la decisión correcta. Desde los cinco años sólo he vivido para esto. Los últimos meses no conseguía igualar mi nivel habitual de juego, si paro ahora puedo recordar mi carrera de tenista con una sonrisa, si espero tres meses me podría arrepentir”.
Esas fueron las palabras contundentes con las que la tenista belga Justine Henin anunció el 14 de mayo de 2008 su retiro definitivo de las canchas, después de ser la número uno del escalafón mundial de la WTA por cien semanas consecutivas y de haber ganado 41 títulos, siete de ellos de Grand Slam (4 Roland Garros, dos US Open y un Abierto de Australia), además de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas.
A sus 25 años, la tenista batalladora y dueña de un juego contundente y clásico, sorprendió entonces al mundo con su anuncio. Tal vez sus múltiples lesiones y su divorcio con su esposo Pierre-Yves Hardenne le hicieron desistir del deporte que amaba y que empezó a practicar cuando apenas era una niña en su tierra natal, Lieja, en Bélgica.
Pero esas mismas palabras convincentes con las que formalizó su retiro se fueron al bote de la basura a finales del año pasado, cuando sólo habían transcurrido 18 meses de su decisión inicial. Justine anunció su regreso, tal vez impulsada por el retorno de su compatriota Kim Clijsters, quien abandonó las canchas para ser madre y tras su vuelta, se llevó en 2009 el título del Abierto de Estados Unidos. “Estoy conmovida y aliviada porque quería dar esta noticia desde hace un par de semanas. Es una determinación que me hace feliz. No tengo la impresión de haber tomado una decisión, es como si se hubiera impuesto de forma natural”, le dijo a la cadena belga RTL.
Oficialmente, Justine regresó esta semana a las canchas con un contundente triunfo ante la rusa Nadia Petrova, en el torneo de Brisbane. Y se clasificó a la final. Tal vez era la figura fuerte que le faltaba a un circuito femenino, carente de íconos y que se debate entre la irregularidad de la rusa Dinara Safina y las pataletas de Serena Williams. Justine regresó y seguramente la competencia será a otro precio.