Ahora sueña con subirse al podio en Tokio 2020
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Con Luis Javier Mosquera Colombia tiene una celebración pendiente

El pesista vallecaucano recibió por fin la medalla de bronce que ganó en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

Luis Javier Mosquera recibió ayer la medalla de bronce que ganó en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. / Óscar Pérez

El martes 9 de agosto de 2016 fue un día agridulce para el pesista vallecaucano Luis Javier Mosquera. Aunque cumplió su sueño de participar en unos Juegos Olímpicos, los de Río de Janeiro, no alcanzó a subirse al podio en la categoría de los 69 kilogramos.

Levantó 338 kilos en total, solamente uno menos que Izzat Artykov, de Kirguistán, quien se colgó la medalla de bronce. Con apenas 21 años, el colombiano acarició la gloria. El chino Zhiyong Shi ganó la prueba, con 352 kilos, y el turco Daniyar Ismaniyov fue segundo, con 251.

Sin embargo, una semana después, cuando ya descansaba en su casa en el municipio de Yumbo, Mosquera recibió la mejor noticia de su vida. Artykov “fue descalificado y excluido de las justas por haber dado positivo con estricnina”, según un documento de la División Antidopatje para los Juegos de Río, del Tribunal de Arbitramento Deportivo.

En su lucha contra el uso de sustancias prohibidas, el Comité Olímpico Internacional (COI) y la Federación Mundial de Levantamiento de Pesas (IWF) realizaron controles más estrictos y atraparon a muchos tramposos.

Eso obligó a ajustar algunas clasificaciones y reasignar la medallería, por lo que Luis Javier ascendió al tercer lugar.

Este jueves, 970 días después, el colombiano por fin recibió la presea de bronce que tanto esperó. Lo hizo durante la asamblea del Comité Olímpico Colombiano, en Bogotá. El dirigente Baltazar Medina fue quien se la impuso.

“Es un momento muy emotivo para mí. Me hubiera gustado subir al podio, pero lamentablemente no se pudo. Igual estoy feliz con este logro. La medalla se demoró un poco, pero ahora me sirve como impulso para seguir adelante”, aseguró el pesista nacido en Cali el 27 de marzo de 1995.

Mosquera creció en el barrio Guacanda, en Yumbo, en donde se hizo célebre por sus travesuras y peleas, pero sobre todo porque, a pesar de las dificultades económicas que afrontaban su padres, era un muchacho alegre, bromista y de muy buen humor.

Esa actitud positiva frente a la vida le permitió asumir con optimismo todos los retos y no complicarse por nada, ni siquiera por los regaños de su mamá, Darly Lozano, quien admite que aunque su hijo era inquieto y extrovertido, siempre fue muy disciplinado a la hora de practicar deporte.

Desde que tenía ocho años siguió los pasos de sus hermanos, José y John Jairo, quienes practicaban levantamiento de pesas. Entrenaban en gimnasio lunes, miércoles y viernes, así que martes y jueves se dedicaba a jugar fútbol, su otra afición.

“Era un buen volante”, dice sin modestia, aunque cuenta que también practicó patinaje y lucha. Pero se quedó en las pesas porque lo sedujo el dulce sabor de la victoria. A los nueve años se impuso en un campeonato departamental. “Me gané tres medallas de oro y como $600.000, que eran para mí una fortuna. Ahí me di cuenta de que esto era lo mío”, recuerda con una sonrisa.

Su carrera siguió creciendo. Con 12 años logró el título nacional y a los 13 ya era campeón suramericano y panamericano. Comenzó entonces a soñar con una medalla olímpica y a trabajar para conseguirla.

“Desde esa época me levanto a las siete de la mañana y me tomo una proteína. A las 10:30 a.m. comienzo entrenamientos, como hasta la 1:00 p.m. Almuerzo, descanso un rato y vuelvo al gimnasio dos horas”, explica, aunque esa es la rutina cuando está en casa y varía mucho porque viaja constantemente a competencias internacionales.

Aunque sufrió la muerte de su padre, en 2015 fue campeón mundial juvenil y ganó el oro en los Juegos Panamericanos, muestras irrefutables de que iba por muy buen camino.

Fue medallista en los Olímpicos de Río, pero las lesiones no le han permitido tener regularidad. Ha tenido problemas en las rodillas, los hombros y las muñecas, además de hernias, porque, según él, “este es un deporte de mucha exigencia y rudeza, en el que el cuerpo siempre está al límite”.

Nada, sin embargo, le impide ilusionarse con un nuevo podio olímpico. “Para conseguir la clasificación este año tenemos Campeonato Panamericano y Juegos Panamericanos en Lima, un Grand Prix que es en Colombia y el Mundial. Tokio 2020 es mi gran reto”, anuncia, pues sueña con triunfar en Japón para poder mostrarle a Colombia esa celebración que tiene preparada desde hace cuatro años.

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2019-03-29T00:26:05-05:00

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Redacción Deportes - @DeportesEE

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