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El domingo (5:30 p.m.) los cardenales recibirán al Tolima para definir al finalista.
Así es el talento. No necesita exhibirse por montones, sino que cuando más se necesite aparezca para cambiar el rumbo. Y ese fue el que tuvo Santa Fe ayer contra Equidad en Techo para llevarse la victoria que lo dejó a un punto de convertirse en uno de los finalistas del Clausura.
Y si a alguien le sobra esa magia es a Ómar Sebastián Pérez, el volante argentino que no ha sido el de otros partidos en esta semifinal, pero a quien sólo le bastó un instante de brillantez para asistir a Cristian Nazarit y éste, como el goleador que despertó, resolvió con solvencia y potencia para el 1-0 que desequilibró un juego destinado al olvido.
El encuentro distaba mucho de los disputados en el último tiempo entre aseguradores y albirrojos, ya que los recientes duelos fueron de extremos, tras definirse sobre la hora o empezando.
En cierta forma la agonía había dictado sentencia. Aquel cabezazo de Luis Yanes, en marzo pasado que puso el 1-2, y ni hablar del tanto de Mario González de dos semanas atrás que sentenció el juego en El Campín con un 3-1, cuando los albiverdes se acordaron tarde de atacar a pesar de que tuvieron un hombre de más casi todo el partido.
Pero en la retina también reposaba la única derrota cardenal como local en el Clausura, con ese gol casi en los himnos de Ariel Carreño. Y ayer con el argentino ausente en el primer tiempo, también escaseó la profundidad.
Mientras en el Murillo Toro el gol se hacía costumbre, en Techo no se veía cómo gritarlo, así Equidad intentara, pero terminara estrellándose con el fondo visitante. ¿Y Santa Fe? No miraba a Germán Caffa y sólo se dedicaba a tocarla atrás, a la espera de una desmarcación que nunca apareció.
El cero del resultado castigaba la impotencia del uno y la apatía del otro. Pero bastó con que la genialidad de Pérez apareciera y se juntara con el oportunismo de Nazarit, para cambiar los bostezos por un grito de júbilo. Asistencia del 10 rojo y definición del 9 que por fin entró en racha y el liderato era de nuevo para Santa Fe en el cuadrangular A.
Al final, ya con la ventaja a su favor, Santa Fe hizo valer un principio del fútbol actual: defenderse con la pelota y lo pudo hacer con hombres que amarraron el balón como Pérez, Yulián Anchico, Mario González y hasta el propio Daniel Torres, quien se confirma como el símbolo del equilibrio de los dirigidos por Néstor Otero.
Y esto fue lo que le faltó a Equidad, que no sólo perdió su última opción de llegar a la instancia definitiva del torneo, sino también la cabeza, por eso terminó con nueve hombres en la cancha.
Ahora Santa Fe, ante el resultado en Ibagué, llegará a El Campín el próximo domingo con la tranquilidad de que un empate frente al vinotinto le bastará para convertirse en finalista, pero como bien lo advirtió el propio técnico albirrojo, “no se tiene por qué cambiar sino salir con la misma determinación a buscar el resultado, ya que al frente estará un rival sumamente peligroso”.
El entrenador terminó pidiendo tiempo, pero al final, al estilo Santa Fe, celebró una victoria que tuvo angustia e incertidumbre, pero sobre todo, la ilusión de que el sueño está más cerca.