Bravo y Di María, un contraste extremo

El chileno se acostumbró a ganar todo con el Barcelona, mientras que el argentino no ha podido recuperarse de una año irregular con Manchester.

Claudio Bravo, campeón de la Copa América. Foto: EFE

La conclusión de la Copa América no solo elevó a los altares a Chile, un campeón inédito hasta que doblegó a Argentina en una final muy disputada que se resolvió en los penaltis. En ambos bandos, dos figuras contrastaron por el final de una temporada que fue deprimente para Ángel Di María y espectacular para el portero Claudio Bravo.

La felicidad del segundo, elegido el mejor guardameta del torneo, contrasta con la infelicidad del primero, que ha completado un "annus horribilis" entre la final del Mundial de Brasil que no pudo disputar por lesión y la que jugó contra Chile durante los 28 minutos que aguantó sobre el terreno de juego.

Muchos medios de comunicación y aficionados centraron sus críticas en Gonzalo Higuaín, que, una vez más, falló en un momento determinante de su carrera. También sobre Lionel Messi, incapaz de dirigir a su selección hacia una victoria de enjundia. Pero ninguno de los dos lo han pasado tan mal este año como Ángel Di María.

El extremo cerró el curso anterior con una lesión que le impidió disputar la final del Mundial de Brasil que Argentina perdió ante Alemania 1-0. En aquel día aciago para su país, el 13 de julio, comenzó su calvario tras recaer en el entrenamiento anterior al duelo de una molestia muscular en el recto anterior de su muslo derecho.

Como si de una broma pesada se tratara, 356 días después, cerró su círculo muy negativo con otra lesión que le sacó de la final ante Chile. Cuando parecía que estaba recuperando el tono que había perdido en el Manchester United, Di María volvió a caer en el pozo en el que apenas ha podido salir desde que dejó el Real Madrid.

Del conjunto blanco se despidió el 26 de agosto para irse al Manchester United por 75 millones de euros. Dejó atrás un club con el que ganó la Copa del Rey, la Supercopa de Europa y la Liga de Campeones. En la última fue una pieza clave, sobre todo en la final, que él se encargó de cerrarla con una cabalgada impresionante que acabó en el segundo gol de Gareth Bale que sentenció al Atlético.

Esa fue su última alegría. Desde entonces, aparte de las desgracias del Mundial y de la Copa América, culminó una campaña más que errática en el Manchester. Comenzó bien con Louis Van Gaal, pero el técnico dejó de confiar en él poco a poco hasta que dejó de ser un titular indiscutible.

En total, participó en 33 partidos oficiales, 24 como titular y firmó 4 goles. El año anterior con el Real Madrid disputó 52, 43 desde el principio y sumó 11 dianas. Las comparaciones son odiosas y su imagen abandonando el estadio Nacional de Santiago cabizbajo tras caer lesionado contrasta con la alegría de Claudio Bravo, uno de los grandes triunfadores de la temporada.

El meta chileno se ha erigido como una de las grandes revelaciones del fútbol mundial. Con permiso de toda la constelación de estrellas que pueblan el planeta fútbol, a base de trabajo, humildad y silencio, ha ido ganando títulos con su club y en la selección.

A la Copa de América que ganó el domingo, Bravo suma una Liga de Campeones, una Copa del Rey y una Liga con el Barcelona. En total, cuatro títulos en un año que, como Di María, comenzó cambiando de aires. De la Real Sociedad pasó al cuadro azulgrana y en el conjunto catalán gozó de la confianza total de su entrenador, Luis Enrique Martínez.

Bravo, aparte de los trofeos ya citados, también consiguió títulos individuales. Fue el portero menos goleado de la Liga con 19 goles recibidos en 37 partidos y también fue declarado el mejor en su puesto de la Copa América.

El penalti que paró en la final a Ever Banega fue decisivo y tal vez la culminación total al mejor curso de su carrera. Y, después del partido, se mostró exultante: "Había que dejar la historia negativa atrás. Hay que disfrutarlo y vivirlo como nunca porque la verdad esto es único, como país no estamos acostumbrados a ganar".

Bravo sí que se ha acostumbrado a ganar. Es el triunfador del año. Todo lo contrario que Di María, que apostó por irse al Manchester para dar un paso atrás en su carrera. Ese paso errático y la mala suerte con su selección, convierten al argentino en la imagen de la derrota que contrasta con la euforia que vive el portero que ganó la Copa América. Es el contraste más extremo.