Carlos Sánchez y su garra charrúa

El volante de la selección colombiana, gran figura en el triunfo 1-0 ante Brasil, debutó como profesional en el fútbol uruguayo, en donde adquirió el estilo de juego que hoy lo caracteriza. Perfil de “la roca”.

Carlos Alberto Sánchez fue la figura de Colombia en la victoria sobre Brasil. AFP

"Soy un jugador fuerte. No me pusieron La Roca por tronco, sino porque soy muy difícil de pasar”, dice entre risas Carlos Alberto Sánchez, la gran figura del triunfo de Colombia 1-0 ante Brasil. Ciertamente, el chocoano de 29 años fue literalmente una muralla. Nadie lo superó. Se comió la cancha del estadio Monumental de Santiago de Chile. Corrió a cubrirles los espacios a sus compañeros cada vez que fue necesario y con la pelota fue inteligente, pues cada vez que recuperó el balón lo entregó bien. “Por esta selección siempre lo he dado todo. Si tengo que correr más y luchar más, por Colombia lo hago. Siento a todo un país detrás de nosotros y esa es una responsabilidad grande que lo motiva a uno a jugar al límite”, le confesó a El Espectador el volante que sueña con que el equipo pueda llegar muy lejos en esta Copa América.

La cancha del barrio Los Álamos es una de las de mayor tradición en Quibdó (Chocó). Ahí han comenzado a patear balones varios de los futbolistas que han salido de esta región al fútbol internacional. Allí no hay arcos con redes, grama, ni mucho menos líneas que delimiten el terreno de juego. Tampoco es arenosa, como muchas de las canchas en las poblaciones costeras de Colombia. El terreno es rocoso y húmedo, por la cantidad de lluvia que cae a lo largo del año. Hasta ese lugar llegaba Carlos Sánchez a entrenar. Debía caminar un largo trayecto, desde su casa, pero todo valía la pena cuando se ponía unos guayos y tocaba la pelota. Por esos días su posición no era la de hoy. Jugaba unos metros más adelante y tenía el rol de armador del equipo; incluso sabía llegar muy bien al área rival y por eso no fueron pocos los goles que celebró.

Su contextura física también era muy diferente. Al no tener tanta masa muscular, no era fuerte, pero sí más escurridizo. Ese talento lo llevó a integrar la selección de Chocó, en cuyas categorías menores compartió con otros futbolistas que llegaron a ser profesionales, como Jarol Martínez, Carlos Rentería y Jackson Martínez, hoy compañero en la selección colombiana de mayores. Junto a ellos participó en el Pony Fútbol de 1999, en la cancha Marte de Medellín. Llegaron hasta la fase final y tras ese certamen Ceferino García lo llevó a integrar la escuela Alexis García, con la que disputaría la Liga antioqueña de fútbol.

A una casa del barrio La Floresta de Medellín, cerca al estadio Atanasio Girardot, llegó en un grupo de jugadores provenientes de Quibdó que compartían la ilusión de llegar al profesionalismo y sacar adelante a sus familias por medio del fútbol. Helena Gutiérrez fue como una madre para estos jóvenes, pues fue la encargada de educarlos y enseñarles lo que se debía hacer fuera de la cancha. A los tres años, cuatro de ellos fueron transferidos al fútbol uruguayo. Carlos Sánchez, Flavio Córdoba, Samuel Mosquera y Daley Mena partieron a equipos de la primera división de ese país. Aunque Atlético Nacional intentó fichar a Sánchez, no se llegó a un acuerdo y por eso su debut en primera se daría en el Danubio.

Su posición no era la de armador. Ya jugaba como volante de marca y poco a poco adquirió las cualidades del futbolista charrúa, que se entrega al máximo en la cancha e, independientemente de si se juega por un litro de leche o un título, lo hace con la misma intensidad y las mismas ganas de ganar. Tras un año allí, con tan sólo 18 años pasó a River Plate, en donde se daría a conocer en Colombia gracias al técnico uruguayo Julio Avelino Comesaña, quien le hizo un seguimiento y le habló de él al entonces técnico de la selección de Colombia de mayores, Jorge Luis Pinto. Con 21 años debutó con la camiseta amarilla en un amistoso contra Panamá. “Esa misma ilusión la sigo teniendo intacta cada vez que voy a jugar con la selección”, le aseguró Carlos a este diario luego del triunfo 1-0 ante Brasil en el segundo juego de Colombia en la Copa América de Chile 2015.

“La clave es siempre dar el doble. Si me piden que corra 100 metros, yo voy 200. Hay que estar preparados muy bien físicamente para jugar a este nivel”, asegura el jugador del Aston Villa de Inglaterra, dueño del medio campo tricolor. Comienza a entenderse a la perfección con Edwin Valencia, como bien lo hizo durante la Copa del Mundo con Abel Aguilar. Cuando uno sale, el otro entra, si uno sube el otro espera, si un lateral se queda arriba uno de ellos va a hacer el relevo. “Poco a poco nos vamos consolidando en esa posición, pero sabemos que todos los que estamos en el equipo tenemos algo para aportar. Sea cual sea el que juegue, el estilo no se puede perder, así que estoy feliz por estar jugando, pero debo ser consciente de que en esta selección no hay indiscutidos”, aseguró Carlos Sánchez, un guerrero que quiere la gloria y por eso espera prepararse bien para el duelo ante Perú, el domingo en Temuco, en el que estará en juego la clasificación a los cuartos del final.