La copa de Messi

La estrella del Barcelona llegó a Chile con el firme deseo de ganar su primer título con la selección de Argentina. Hoy será su debut, frente a Paraguay (4:30 p.m., gol caracol).

Lionel Messi es la gran estrella presente en la Copa América.

La imagen es testimonial. Se reproduce en los ojos de los argentinos, todavía cargados de lágrimas por esa final que se les escapó en el último suspiro del Maracaná. Lionel Messi sube las escaleras para buscar el trofeo al mejor jugador de Brasil 2014 y pasa frente a la Copa del Mundo. Los mira con deseo y, al mismo tiempo, con estupor. Un rato después, la representación del planeta dorado será alzada por Philip Lahm, el capitán alemán. Y Lio se quedará vacío, ausente porque a Argentina se le esfumó el sueño del campeón, nada menos.

Trescientos treinta y cuatro días después, Messi sonríe en La Serena. Con tres títulos bajo su fantástica zurda, un look renovado y un físico estilizado. También con la presión de siempre, potenciada porque llega desde España cargado de gloria. Ganó todo lo que se propuso: la Liga BBVA, la Copa del Rey y la Champions League. Por eso en esos 40 millones de argentinos que reconocen sus logros existe una necesidad de ver a Messi triunfador en la selección. Porque el rey es Diego, y aunque la Pulga es Gardel, no le alcanza con la música que fluye en su pie izquierdo. Y aunque es un dios de la pelota, para llegar al Olimpo del fútbol en el que habita Maradona se requiere de un título albiceleste. Para muchos, entonces, esta será la Copa de Messi, la que para Argentina comenzará esta tarde, desde las 4:30 hora de Colombia (Gol Caracol) ante Paraguay, equipo que conduce el argentino Ramón Díaz, multicampeón con River Plate. El árbitro será el antioqueño Wilmar Roldán.

Con casi un centenar de partidos en la selección argentina (97 participaciones, 45 goles), el crack del fútbol mundial ya les avisó a sus allegados más íntimos que no se le puede escapar este torneo continental. Y aunque difícilmente cierre la herida del Mundial en tierras brasileñas para el propio Messi y esta generación de futbolistas, un campeonato con la mayor es la cuenta pendiente que el astro piensa saldar en Chile. “Es cierto lo que dijo en la conferencia de prensa: está mejor que nunca”, le dijo a El Espectador una persona que comparte el día a día del plantel celeste y blanco. La revelación que hizo el mago rosarino apenas arribó a la ciudad costera (“llego mejor que al Mundial”) se apoya en varias cuestiones.

Más allá de la preponderancia que tiene en el grupo Javier Mascherano, Messi asumió el rol de líder futbolístico y se siente cómodo. Especialmente con la presencia de Gerardo Martino en el banco. Durante el Mundial surgieron discrepancias futbolísticas entre Alejandro Sabella y la figura del equipo argentino. Entonces lo hizo público Lio y el lunes lo ratificó Pachorra. “No era el mejor esquema para Messi, pero sí para jugar ante las selecciones que enfrentamos. Se puso el equipo por encima de él. Habría que ver si se llegaba a la final jugando de otra manera”, declaró el entrenador. Con el Tata, en cambio, el astro del Barcelona está feliz. A pesar de que en España rindió como centro delantero, el técnico de la selección tiene variantes en el puesto: Sergio Agüero, goleador del Manchester City; Gonzalo Higuaín, capo cannoniere del Nápoli, y Carlos Tévez, top scorer de la Juventus. Messi no tendrá una posición fija, jugará un poco más retrasado, como si se tratara de un enganche. Y de ninguna manera deberá someterse al sacrificio táctico que le pedía Sabella. Cada profesor tiene su librito, está claro. Después habrá que ver si brilla este jugador sobrenatural o lo hace el equipo.

Messi se preparó conscientemente para esta Copa América. Cansado de los vómitos que sufría durante los partidos, acudió al médico italiano Giuliano Poser. Se lo recomendó Martín Demichelis, zaguero del Manchester City. Este facultativo de 59 años, deportólogo, especialista en nutrición, cambió la rutina alimenticia de la estrella argentina. Le enseñó a comer. Lio era fanático de las golosinas y las gaseosas. Y las abandonó. También las pizzas y los asados. El doctor oriundo de Sacile eliminó de la ingesta diaria del rosarino conservantes, pesticidas, fungicidas, glutamato de sodio, aspartamo, grasas saturadas, grasas vegetales hidrogenadas y otros aditivos que no formen parte del alimento. Bajo esta coyuntura, el capitán de la selección albiceste logró una mejora en la fase de recuperación después de cada partido y una menor frecuencia de contracturas y fatiga muscular durante la competencia.

“Messi entendió que debía cambiar algo en su vida”, declaró Poser, que dejó el anonimato y su perfil bajo por estas horas. La transformación del crack tuvo correlato en el campo de juego y fuera de sus márgenes: jugó 57 de los 60 partidos que disputó Barcelona en la temporada y no tuvo que lamentar una lesión. Y llega en óptimas condiciones a este torneo. A diferencia de la última Copa América, que se jugó en territorio argentino, cuando jugó entre críticas que le hicieron pensar en abandonar la selección, Messi sólo es discutido por unos pocos. Aunque en su interior sabe que tiene una cuenta pendiente, ganar un título con la mayor. Tal vez esta sea la oportunidad para que la selección vuelva a ser campeón después de 22 años. A bordo del talento del crédito de Rosario, claro. Del sabio pie de este fenómeno mundial.