El día en que Chile venció a la historia

Miles de aficionados se volcaron a las calles de Santiago para celebrar la obtención de la Copa América. En todo el país se vivió una fiesta.

Jorge Valdivia fue uno de los jugadores más destacados de la selección campeona. / AFP

Cuando el árbitro colombiano Wílmar Roldán indicó el final del partido después de la tanda de penaltis, el estadio Nacional de Santiago de Chile tembló. Por un momento pareció venirse abajo. Sus cimientos vibraron con los gritos, saltos y abrazos de los más de 40 mil hinchas chilenos que habían colmado las graderías del máximo recinto deportivo de los santiagueños. Los allí presentes fueron testigos de cómo el combinado nacional alcanzó su primer título en 105 años de existencia, de cómo había vencido las estadísticas que lo mostraban inferior en la previa.

La expectativa que había generado la presencia de la selección austral en la final de la Copa América era impresionante. Los afortunados que habían conseguido una entrada para el duelo final se acercaron desde tempranas horas hasta el coloso de Ñuñoa. Los que no, apoyaban con banderas y caravanas al plantel dirigido por Jorge Sampaoli. Antes de que empezara el encuentro, en el equipo chileno sabían que derrotar a Argentina no era una tarea fácil. Desde el técnico, pasando por su asistentes y los jugadores, hasta último de los utileros, eran conscientes de que al frente estaba un equipo que tenía a jugadores de primer nivel liderados por Lionel Messi, el mejor futbolista del mundo. Pero también sabían que tenían un grupo capaz de derrotar a esa Argentina que en la previa lucía más fuerte y que contaban con el apoyo de una hinchada que poco a poco se fue contagiando con el juego de “la roja”.

Lo que pasó dentro de la cancha quedará para los análisis y las anécdotas. Lo cierto es que un país se paralizó en torno al fútbol. Las calles de Santiago fueron invadidas por una marea roja compuesta de aficionados que no podían creer lo que acababa de suceder. En puntos álgidos para las celebraciones capitalinas, como la Plaza Italia, desembocaron miles de aficionados. La ilusión y la fuerte convicción que tenía la mayoría del pueblo chileno para que Sampaoli y sus dirigidos gritaran campeón, se hizo realidad. Hacerse con la edición 44 de la Copa América era el único objetivo desde que inició el torneo y por tal razón en Santiago y en todo Chile se vivió una fiesta gracias a la soñada coronación de “la roja” en el torneo de selecciones más antiguo del mundo.

Desde Antofagasta en el norte hasta Punta Arenas en el sur, se produjo una euforia colectiva. La selección chilena de fútbol, que parecía estar condenada por las estadísticas, conquistó América de manera invicta, saboreó la gloria y supo lo que es levantar un trofeo. A partir de octubre emprenderá el camino hacia Rusia 2018. Será un nuevo reto. Sin embargo, por ahora quiere disfrutar, quiere seguir celebrando. Que nadie la despierte de este sueño. Acabó de vencer a la historia.