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hace 7 horas

Mascherano, el símbolo argentino que busca pagar la deuda externa

Aunque Lionel Messi es el jugador más mediático de la selección de argentina, detrás hay hombres como Mascherano que hacen el trabajo de obreros.

Ningún mortal puede negar que Lionel Messi es el mejor futbolista del globo terráqueo, más allá de algunas dudas que haya despertado en su propio país. Pero nadie duda en la Argentina que Javier Mascherano es el corazón celeste y blanco. Y si no lleva la cinta del capitán simplemente es producto de la presencia de la Pulga y una decisión que en agosto de 2011 tomó Alejandro Sabella y respetó Gerardo Martino. No obstante, este volante santafesino es el emblema de la selección albiceleste, es su bandera. Y mientras 40 millones de argentinos siguen celebrando la clasificación a las semifinales de la Copa América tras superar a Colombia, el Jefe empieza a vislumbrar que este es el momento de pagar la eterna deuda que ensombrece la felicidad de integrar el equipo argentino desde que era un adolescente.

Mascherano llegó por primera vez al predio que la AFA posee en Ezeiza con 15 años. Venía de San Lorenzo, Santa Fe, con la ilusión en el bolso. Incluso debutó antes en la selección que en la primera división de River Plate. Fue el 16 de julio de 2003 en un amistoso entre Argentina y Uruguay disputado en La Plata. Entonces, era el Jefecito, porque ya había mostrado su fuerte personalidad en los seleccionados juveniles, donde lo impulsó José Néstor Pékerman, nada menos, hoy técnico de Colombia. Y creció en el medio de la desconfianza popular que había en torno al equipo albiceleste. Lo confesó ante este corresponsal en Bangladés, después de la gira que la selección argentina realizó por Oriente Medio. “Hemos fallado todos, del primero al último. Si no funcionan los jugadores, los técnicos no son magos. Hace ocho años que juego en la selección mayor y me tocó tener seis entrenadores. Es una locura. Llegó el momento de hablar menos, agachar la cabeza y trabajar”, dijo Mascherano antes de las eliminatorias que, posteriormente, clasificarían a la Argentina al Mundial de Brasil. Y se dio vuelta la historia, claro. Pero la Copa del Mundo en tierras brasileñas fue el punto de inflexión para este gladiador de la pelota. Por esa garra que puso en cada pelota. Por ese cruce magistral ante Arjen Robben en la semifinal con Holanda. Y tan cerca estuvo de quedar en la historia grande ante Alemania... Pero el campeón fue teutón y el dolor se hizo lágrimas en el mediocampista de flamantes 31 años.

Por eso en los últimos días, ya con el pasaje asegurado a los cuartos de final tras el empate ante Paraguay y las victorias sobre Uruguay y Jamaica, Mascherano hacía un nuevo análisis. “En la relación que tengo con el seleccionado, el más beneficiado fui yo; la selección no tanto. En resultados, no le pude dar a la selección todo lo que me dio a lo largo de mi carrera. Para mí, esta camiseta fue un impulso, una inspiración y, sobre todo, me favoreció en todo lo que me pasó. En ese sentido, estoy en deuda. Llegamos a la final del Mundial, es cierto. Pero no se ganó. Para mí no estuvo mal, pero para nuestro fútbol... Y hasta ahora en mi hoja de títulos dice cero”, explicaba el mediocampista central del Barcelona, símbolo del equipo argentino. Y no era una lectura equivocada. En una tierra prolífica en cracks, con Maradona y Messi a la cabeza, que abrazó la gloria mundial en 1978 y 1986, la necesidad de un título de mayores opaca su presente. Lo dice Mascherano, pero lo siente cada uno de esos jugadores que conquistaron campeonatos juveniles y hasta dos Juegos Olímpicos pero todavía no logran ratificar esa supremacía en las competencias de élite. Y a 22 años de la última conquista, la Copa América de Ecuador, hay una ilusión muy grande de ser campeón continental, claro.

Mascherano, Messi, Pablo Zabaleta, Sergio Agüero y Carlos Tévez, aun con sus intermitencias, son jugadores que maduraron con la presión de ganar o ganar con la selección, porque el pasado y la historia así lo exigían. En especial a Lio, que tiene luz propia aunque muchos lo vean bajo la sombra de Maradona. “Esta generación de jugadores debe ganar algo”, dijo Martino antes de la Copa América, como si el guión se lo hubiera escrito el propio Jefe que circula la mitad de la cancha y es un futbolista indispensable en la selección.

Junto a Roberto Ayala, Mascherano es el segundo jugador con más presencias en la selección argentina (115 partidos) y superará al Ratón porque podrá disputar las semifinales (el primero es Javier Zanetti, con 145 encuentros jugados). Curiosamente, ninguno de ellos fue campeón con la camiseta albiceleste. Mascherano tiene una gran oportunidad, después de haber dejado en el camino a Colombia: la de ser campeón después del padecimiento y el estrés de la generación dorada, tras dos finales de Copa América frustradas (2004 y 2007). La de pagar su deuda externa.