La pared Ospina

El arquero del arsenal inglés ha demostrado, en esta Copa América de Chile, estar pasando por el mejor momento de su carrera. El paisa de 26 años confía en que la selección colombiana clasificará a los cuartos de final del certamen.

El arquero David Ospina ha sido una de las figuras de la selección de Colombia en esta Copa América de Chile 2015. AFP

“¡Oooooooooospina!”, es el grito que se oye por parte de los colombianos cada vez que David va a hacer un saque de meta en esta Copa América. Ese cántico fue creado por los hinchas del Arsenal de Inglaterra, quienes tras verse gratamente sorprendidos por el nivel del arquero antioqueño, le rinden un homenaje cada vez que él va a hacer un cobro de meta. Su figura en los últimos años ha tomado una dimensión diferente, y aunque sigue siendo ese mismo hombre humilde, familiar y sencillo, su imagen es como la de un galáctico. De los guardametas que participan en este certamen continental, es junto al chileno Claudio Bravo, el que en mejor momento está y más respeto inspira a los adversarios.

En el juego ante Venezuela no fue mucho lo que pudo hacer en el gol de Salomón Rondón. Algunas versiones de expertos en la posición indican que se lanzó tarde, sin embargo, en ese compromiso tuvo intervenciones tan trascendentales como goles. Luego, ante Brasil, la bestia negra, el que se había convertido en un rival invencible, estuvo siempre seguro. Cortó centros y en cada balón que tuvo que anticipar respondió. De hecho también fue salvador para sus compañeros cuando cometieron errores, como aquel pase que le quiso hacer Jeison Murillo que terminó en una opción fallada por Firmino. David se jugó la vida, alcanzó a desviar la pelota y el arco se mantuvo en cero. Ahora, está listo para responder mañana en el juego ante Perú, en el cual se deberán sumar los tres puntos para asegurar la clasificación a los cuartos de final. “Perú tiene jugadores rápidos, muy buena larga distancia y justamente, pensando en eso, estamos trabajando para que no nos vayan a sorprender”, reconoció el paisa de 26 años.

La madurez siempre fue una virtud de David, quien tras estar siempre rodeado por su familia, nunca tuvo tiempo para desviarse y se enfocó en su objetivo de convertirse en profesional. Su hermana Daniela entrenaba voleibol y él jugaba fútbol, así que su mamá, Lucía Ramírez, siempre estaba pendiente de ellos y se hacía muy amiga de los entrenadores para estar al tanto de todo. Ella parecía un jugador más del equipo, porque siempre iba a los partidos, hacía barra e incluso a veces, daba indicaciones más duro que el técnico. Hernán, su padre, ha sido su fiel escudero, buen consejero y pendiente de lo que necesitara. En las derrotas es el primero en dar una llamada para levantar el ánimo y en las victorias uno de los que más goza. David fue un adulto joven, con responsabilidades y eso le ha servido para ser el gran profesional que es hoy.

A pesar de la fama y éxito como futbolista, lo que más disfruta David es vivir en un ambiente familiar. Y es que en esta selección ha encontrado eso. Esta rodeado de amigos, que ya son considerados por él como hermanos, y de un “padre” como José Pékerman, quien nunca dudó de sus cualidades en el arco. Ni cuando no tenía continuidad por las reiteradas lesiones, y mucho menos ahora cuando está pasando el mejor momento de su carrera. “La selección ha demostrado que está para cosas grandes. Cada uno aporta lo mejor desde su posición y yo creo que eso es lo que ha hecho grande a este equipo. Al final lo importante es obtener los resultados gracias al trabajo colectivo y eso es gracias a que somos una verdadera familia”, destaca el paisa, quien además ratifica que “el equipo no ha cambiado” y que siempre ha intentado “proponer el mismo estilo de juego que le ha dado resultados”.

Cuando tenía siete años se dio un intercambio domiciliario de escuelas de fútbol entre la de Alexis García, la suya, y una en Boyacá. Cuando llegaron a Tunja se reunieron en una plaza para definir a casa de quién iba cada uno de los niños. Cuando le dijeron a David que debía irse solo a la casa de un desconocido, se puso a llorar y se negó a hacerlo.

Esa noche se lo llevaron a un hotel a dormir con sus profesores, pero al otro día el que debía ser su anfitrión lo fue a buscar y le dijo que se fuera con él, que iba a pasar feliz, que tenían en su casa piscina, muchos juegos y que iba a estar distraído. A regañadientes aceptó, pero a los ocho días, cuando terminaba el intercambio, David llamó a sus papás y les dijo que se quedaría tres días más porque estaba muy feliz. En donde haya tranquilidad y comodidad, él va a estar feliz. Así sigue siendo. En la concentración en el hotel Intercontinental de Santiago de Chile, es de los más tranquilos. Una buena conversación y algún juego de mesa, lo distraen y le ayudan a estar enfocado en lo que viene.