Sampaoli pagó el precio de la gloria

El técnico argentino aprovechó el trabajo de sus antecesores, Marcelo Bielsa y Claudio Borghi, para conformar la que probablemente será recordada como la mejor generación de futbolistas chilenos.

El técnico argentino Jorge Sampaoli logró el título más importante de su carrera. / EFE

Contrario a sus principios y a la manera como había actuado desde que se hizo cargo de la selección austral, el técnico Jorge Sampaoli perdonó a Arturo Vidal por los actos de indisciplina que cometió durante la Copa América.

El estratega acató las órdenes de los dirigentes de la Federación Chilena de Fútbol y le permitió al volante del Juventus de Italia reintegrarse al plantel, a pesar de que tenía claro que haberse emborrachado en su día libre y estrellar su coche era una conducta imperdonable. Por mucho menos, el estratega había expulsado de otras concentraciones a varios jugadores.

Pero Sampaoli sabía que tenía la oportunidad de pasar a la historia del balompié chileno: la posibilidad de darle a ese país su primer gran título en categoría mayores, la Copa América que organizaron siete veces y que buscaban desde 1916.

Por eso, Sampaoli agachó la cabeza y pasó la página en el tema Vidal. Siguió como si nada hubiera pasado y se dedicó a mantener la unión en el plantel y a consolidar la idea táctica que ha implementado desde que llegó a “la roja”, en diciembre de 2012.

Gracias a su gestión, Chile clasificó al Mundial de Brasil 2014 y por poco elimina a la selección local en cuartos de final. Pero sin duda su logro más importante es la consecución de la Copa América en la definición por penaltis frente a Argentina. Hasta ayer, lo más destacado en la historia del balompié austral eran los segundos lugares de los torneos continentales de 1955, 1956, 1979 y 1987, un tercer puesto en el Mundial que acogió en 1962 y una medalla olímpica de bronce en Sidney 2000 con una selección sub-23 reforzada con un par de jugadores mayores.

En el aspecto deportivo, Sampaoli aprovechó el trabajo de sus antecesores, Marcelo Bielsa y Claudio Borghi para conformar la que probablemente será recordada como la mejor generación de futbolistas chilenos, encabezada por el arquero Claudio Bravo, el más veces internacional, el defensa Gary Medel, un líder incansable de la zaga, alma y nervio del equipo, además de las estrellas Jorge Valdivia, Arturo Vidal y Alexis Sánchez, los dos jugadores de mayor reconocimiento en el mundo.

En esta Copa, Chile se estrenó con una trabajada victoria 2-0 sobre Ecuador. Luego sembró dudas al empatar 3-3 frente a México.

Recuperó la confianza con la goleada 5-0 sobre Bolivia, con la que cerró la primera fase. Luego, en un polémico compromiso, derrotó 1-0 a Uruguay en cuartos de final y le ganó 2-1 a Perú en el duelo que le dio la posibilidad de disputar el título ante Argentina.

Y contra los albicelestes el equipo de Sampaoli se jugó el partido de la vida, como debía ser. El técnico supo planear el juego y neutralizar a Lionel Messi, la principal arma de los albicelestes.

Después tuvo la paciencia suficiente para buscar el arco rival sin descuidarse atrás. No le regaló ningún espacio al equipo de Gerardo Martino y le cortó todos los circuitos.

Chile también tuvo la entereza para aguantar el tiempo extra y jugársela toda en la definición por penaltis.

En la celebración, Sampaoli estuvo algo ausente y alejado de sus jugadores. No se sabe si porque sentía que era el momento de ellos, o porque presiente que su labor ya está cumplida y dejará el cargo, como especulan algunos medios chilenos.

“Mi obligación está vinculada con este país y a muerte con estos jugadores”, dijo antes de la final, esa que vivió al ciento por ciento, como es su costumbre, gritando, protestando, corriendo.

Sea como sea, en su historia y en la de Chile quedará como el técnico que fue capaz de darle una Copa América a ese país, tan golpeado por las tragedias naturales en los últimos años y necesitado de una alegría como esas que solamente generan los éxitos deportivos.

A sus 55 años, Jorge Sampaoli alcanzó la gloria y pagó un precio alto, porque renunció a algunos de sus principios, esos que cultivó desde que se hizo entrenador, en 1995. Pasó por en fútbol peruano y el ecuatoriano antes de llegar a la Universidad de Chile, con la que ganó cinco títulos antes de asumir como técnico de la selección para consagrarse y celebrar el triunfo más importante de su carrera.