Un duelo con sabor a revancha

Lionel Messi y Arturo Vidal, los estandartes de Chile y Argentina, se enfrentarán de nuevo, como sucedió en la final de la Champions League.

Hasta el momento Arturo Vidal ha anotado tres goles. / AFP

“Estoy muy avergonzado. Lo único que me queda es pedir disculpas. Voy a corresponder en la cancha a esta oportunidad que me están dando. Les fallé a todos. Voy a tratar de dar lo máximo para ser campeones”.

Las palabras que pronunció Arturo Vidal luego de chocar su Ferrari 485, podrían entenderse como una especie de premonición. Después del accidente, reprochable —y sancionable— desde cualquier punto de vista, el llamado “Rey” ha intentado asumir la responsabilidad de la victoria chilena. Ha tratado de echarse sobre los hombros aquella necesidad de que su país se haga con la Copa América y así, de una vez por todas, quitarse el lastre que los ha perseguido por décadas: ser, junto a Venezuela, la única nación suramericana que jamás ha ganado este certamen.

Y aunque todo el pueblo chileno tiene puestas sus esperanzas en él, en su fútbol, en esa capacidad para desequilibrar repentinamente, lo cierto es que después del choque y de los merecidos reproches, su productividad ha caído notablemente. No ha vuelto a celebrar en el arco rival y ha cedido el protagonismo.

Pese a ello, Arturo Vidal, el volante del Juventus y el que algunos rumores dan como la próxima contratación del Real Madrid, es quizás el símbolo más valioso de esta selección chilena. Por eso es que hoy lo muestran como el más firme contendor de Lionel Messi. A ambos la prensa los equipara, los compara, los confronta. Claro, un ingrediente más se suma a ese examen que, de sobra, gana el argentino: los dos jugadores vienen de enfrentarse en la final la Champions League. El resultado, como se sabe, favoreció al Barcelona. Los azulgranas hicieron una campaña perfecta y la Pulga, dicen unos, alcanzó su máximo nivel. Por esto el partido de hoy, en Santiago, tiene para algunos un tinte de revancha.

Pero si bien el balance del rosarino roza la perfección, equipararlos no resulta del todo un despropósito. Los dos son el estandarte de sus selecciones que, por demás, están en uno de sus mejores momentos. Argentina viene de ser subcampeona del mundo y mantiene un elenco lleno de buen juego y de vigor (Mascherano, Agüero, Di María, Pastore...) y Chile podría estar en el mejor momento de su historia. Medel, Valdivia, Vargas, Alexis Sánchez y Claudio Bravo ratifican ese argumento.

Ahora, el duelo Messi-Vidal no es una batalla entre goleadores. Al menos, no en esta copa. El primero apenas ha anotado uno. El segundo lleva tres, pero los hizo en los primeros dos encuentros (que se jugaron antes del accidente). En los últimos tres partidos, Vidal se ha ido en ceros. Y como si fuese poco, las estadística no le convienen. En el partido ante Bolivia, por dar una muestra, el chileno tocó la bola 39 ocasiones, cuando antes lo había hecho 155 veces.

Las cifras de Messi son mucho más contundentes: 90% de precisión y tres asistencias en el último partido. Eso, además de la claridad que ha encontrado junto a Javier Pastore, el jugador del París Saint-Germain que es hoy su pareja perfecta.

Sin embargo, aunque la balanza está a favor de la Pulga y su sed de ganar un título con la camiseta albiceleste, Vidal juega de local. Y lo hace con un equipo que se ha mostrado aguerrido y que, contrario a lo que publican los medios chilenos, está lejos de tener miedo y de amilanarse contra una Argentina que, parafraseando al diario Mercurio, “llega a la final como una aplanadora”. Una Argentina que jamás ha sido derrotada por Chile en este torneo y a la cual los australes no le hacen un gol desde 1959.

Ya lo había dicho el portero Claudio Bravo, que también hizo parte del Barcelona que venció al Juventus en la Champions: “Jamás tenemos miedo, con ningún equipo. Tenemos el máximo respeto a todas las selecciones, pero no miedo”.