Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Hasta algún punto, la vida de Danilo Caro fue medianamente rutinaria, no consagrada absolutamente al deporte. En 1980, el tirador debutó internacionalmente en el torneo Benito Juárez, en México. La historia paralela era tal vez menos emocionante: Caro era zootecnista y administrador agropecuario.
Antes de sus primeras Olimpiadas, las de Atlanta 1996, el bogotano decidió dejar de lado la otra faceta. Ya como participante asiduo en torneos internacionales, quiso consagrar su vida a la disciplina. Las justas marcaron un estreno discreto: promedió 118, algo menos de lo que marcaba habitualmente entonces (entre 119 y 121).
Luego de aquella olimpiada, Caro participó en Sydney 2000 y completó la que es hasta ahora su mejor actuación en las justas: 115 y el séptimo puesto. Tuvo menos éxito en la doble fosa: 120 y apenas la posición 23. Para ese momento, ya era parte del programa de subsidios de Coldeportes. A finales de ese año, fue reconocido como el mejor deportista de Cundinamarca.
En Atenas 2004, Caro no fue tan prolijo: el promedio alcanzado, de 108, le permitió estar en el lugar 33, el antepenúltimo de la tabla. Sin embargo, el tirador había logrado preseas en los Juegos Panamericanos: oro en Winnipeg 99, bronce en Santo Domingo 2003 (justas en las que fue abanderado de Colombia). En la última edición de los juegos continentales (celebrada en México), y tras no estar en Beijing 2008, logró la plata y le devolvió la presencia a Colombia en la competición. “Estuve muy cerca”, atinó a decir.
Clasificado a Londres desde Guadalajara, el bogotano espera volver al legado de la primera medalla olímpica del país, la que lograra, hace ya 38 años, el barranquillero Helmut Bellingrodt. Las condiciones de preparación no han sido ideales, pese a todo. A Caro le ha tocado entrenarse en la altura de Guatavita, en Cundinamarca, y no en un lugar con una altitud similar a la de la capital inglesa (24 m sobre el nivel del mar).
Sin embargo, el tirador buscará sobreponerse a esas dificultades y llegar a la fosa olímpica (veraniega, inglesa) de la mejor forma. Con la experiencia olímpica, panamericana, suramericana y bolivariana, la meta de una nueva medalla para el tiro colombiano (la última fue en Los Ángeles 1984, también de Bellingrodt) no es utópica. Cuando menos, no será un tiro al aire.