Dejémonos

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Sí, ya está bueno el lloriqueo. Acá lloramos por cualquier detalle. Por el COVID-19, por el nivel de juego del torneo local, por la decepción provocada por la participación de nuestros equipos en los torneos continentales y por el futuro inmediato de la selección de mayores.

El asunto del COVID-19 era previsible que ocurriera en todos los equipos colombianos. Unos más y otros menos, pero todos cobijados por esa maligna y mortal enfermedad. Si en un rectángulo de máximo 120 metros de longitud por 90 de ancho se reúnen 25 personas como mínimo, 22 jugadores y una terna arbitral, sin usar tapabocas, sin guardar distancia social y con roces , abrazos, lágrimas y escupitajos, era de esperarse, no solamente la violación flagrante de protocolos, sino los riesgos para la salud.

Sobre este asunto hicieron causa común todas las confederaciones mundiales. A jugar se dijo, pasando a segundo plano la salud de los protagonistas. Así que llorar porque un equipo no puede disponer de la totalidad de su plantel, afectado por el COVID-19, es casi ridículo. Se sabía, se les dijo, se les advirtió, como lo hacía en su momento el humorista uruguayo Hebert Castro, que al final algunos iban a pagar con su salud. Por supuesto que los intereses económicos, televisión especialmente, eran prioritarios para los Domínguez y compañía.

Si uno no se puede proteger, atendiendo las recomendaciones sanitarias, está expuesto a las consecuencias. Y eso está ocurriendo. Como ejemplo lo que pasó con la selección de Uruguay. Después de la victoria ante Colombia, los integrantes participaron en un asado, sin respetar las mínimas medidas y el resultado fue el de 19 jugadores con positivo.

Si Amaranto Perea reveló que nadie al llegar a Cali, después de jugar en Chile, se acercó a verificar el estado de salud del plantel, es hecho diciente del descuido de las autoridades en cuanto a controles.

Dejemos de llorar por las decisiones arbitrales, sugeridas por el VAR. Ya ni los afectados, jugadores y técnicos, pierden tiempo en reclamos. Más bien quienes estamos afuera como observadores nos empeñamos en discutir y alimentar inútiles polémicas. Alguien debe recordar aquello de que “después del ojo afuera... no hay Santa Lucía que valga”.

Dejemos de llorar con anticipación el nombramiento del técnico de Colombia, que será de la casa y en eso Reinaldo Rueda debe ser capaz de manejar los egos de artistas, porque en Chile tuvo, entre otros, a Arturo Vidal, Gary Medel, Alexis Sánchez, Eduardo Vargas, Charles Aranguiz, etc.

Finalmente, somos conscientes del nivel de nuestro fútbol, incapaz de cotejar con equipos del Cono Sur, incluyendo a Brasil. Dejemos de ser plañideras y pongámonos a trabajar. Y son varios los frentes y retos. Intentemos salir de este atolladero, pero primero dejemos de llorar.

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