31 Oct 2022 - 1:00 p. m.

Deportistas colombianas: sinónimo de poder, perseverancia y triunfo

Los logros de las deportistas colombianas han permitido que se cuestionen los estereotipos de género de nuestra sociedad, haciendo que las atletas nacionales se conviertan en heroínas y sean ejemplo al fomentar la igualdad, el respeto y resaltando la importancia que tiene la mujer en el mundo.
Miguel A. Cruz

Miguel A. Cruz

Periodista de Especiales Editoriales
De cinco medallas de oro en la historia de Colombia, cuatro han sido conseguidas por ellas.
De cinco medallas de oro en la historia de Colombia, cuatro han sido conseguidas por ellas.
De cinco medallas de oro en la historia de Colombia, cuatro han sido conseguidas por ellas.
De cinco medallas de oro en la historia de Colombia, cuatro han sido conseguidas por ellas.

La historia del deporte colombiano no sería la misma sin sus mujeres, no solo porque son las madres y abuelas las que muchas veces apoyan sin condición el sueño de hijas e hijos de convertirse en deportistas para representar al país en escenarios competitivos, sino porque han sido ellas quienes más han sentido los nervios y el orgullo de pisar un podio y conseguir preseas para Colombia.

Las pesas, los patines, los balones y las bicicletas han sido algunas herramientas que han ayudado a que las deportistas colombianas conviertan su esfuerzo en logros y cuestionen los estereotipos de género de nuestra sociedad, y aunque generalmente se presta mayor atención a la rama masculina, han sido ellas quienes más logros han obtenido para el país, y con perseverancia y disciplina han conseguido un puesto importante en un mundo que no debería tener fronteras raciales, nacionales o de género: el deporte.

María Isabel Urrutia, Mariana Pajón, Caterine Ibargüen, Sandra Arenas, Íngrit Valencia y Yuri Alvear son solo algunas de las deportistas que han logrado poner a Colombia en los pedestales del deporte internacional. Sin embargo, aún falta más esfuerzo para que el poder de todas las deportistas colombianas sea aprovechado en su máximo esplendor y, como lo dicta la historia, sean ellas quienes sigan consolidándose en el palmarés deportivo y contribuyendo para que el deporte colombiano sea más reconocido a nivel mundial.

El poder femenino en la historia olímpica colombiana

El camino de los deportistas colombianos no ha sido fácil. Tanto así, que el primer representante nacional en los Juego Olímpicos de Los Ángeles (1932), Jorge Perry Villate, fue admitido sin que existiera Comité Olímpico Nacional, y tuvieron que pasar 36 años para presenciar las primeras participaciones femeninas en este certamen. Olga Lucía de Angulo, Carmen Gómez, Martha Manzano, Elcy Rivas y Juana Mosquera fueron las primeras atletas en cargar la bandera nacional en los Juego Olímpicos de México (1968); no obstante, las medallas olímpicas tardaron en llegar.

Hasta los Olímpicos de Barcelona (1992) Colombia llevaba cinco medallas (tres de bronce y dos de plata), y fue ahí donde Ximena Restrepo inició una carrera hacia el reconocimiento del género femenino en el deporte y puso por primera vez el nombre de una mujer en el medallero nacional, ganando una de bronce en los 400 metros en atletismo. Tuvieron que pasar ocho años para que al fin la alegría fuese dorada, de la mano -o de los músculos-, la sonrisa y el espíritu de María Isabel Urrutia llegaría la primera presea de oro para Colombia en el certamen olímpico, luego de que la vallecaucana de 35 años levantara 135 kg y consiguiera el lugar más alto en el podio de Sídney (2000), además de haber ganado los campeonatos mundiales de halterofilia de 1990 y 1994.

A partir de ese momento el levantamiento de pesas y las mujeres se vuelven un pilar del medallero nacional, pues desde Sídney hasta Beijing (2008) Colombia logró un total de siete medallas (una de oro, una de plata y cinco bronces), de las cuales seis fueron conseguidas por las deportistas y cuatro preseas (una de oro, una de plata y dos de bronce) se lograron en la halterofilia.

Estos logros y el crecimiento que ha tenido Colombia se dan gracias al buen hacer de sus deportistas y la progresión creciente en los Juegos Olímpicos, que no solo se palpa en el número de deportistas, sino también en la cantidad de deportes disputados y medallas obtenidas. Fue así como en los Olímpicos de Londres (2012) la distribución de género por primera vez en la historia de la participación colombiana tuvo predominio femenino, con 58 mujeres y 46 hombres; al igual, deportes como ciclismo BMX, la lucha olímpica, el judo y el salto triple sumaron relevancia para que durante este certamen el país lograra obtener el mayor número de medallas en una participación olímpica, sumando nueve en total (una de oro, tres de plata y cinco de bronce).

Y es que los Olímpicos de Londres (2012) estuvieron cargados de hechos históricos para el deporte colombiano, porque a los ya mencionados se suma que la luchadora olímpica Jackeline Rentería se convirtió en la primera mujer nacional en subir dos veces al podio; además, luego de 12 años, las piernas y el poder de Mariana Pajón en el BMX entregaron de nuevo al país una medalla de oro, y sin dejar enfriar este triunfo, cuatro años después, Mariana volvió a subir al pedestal más alto en los Olímpicos de Río de Janeiro (2016), certamen en donde Caterine Ibargüen también consiguió el primer oro en salto triple.

Y para seguir resaltando los logros sobraría tiempo, pero algo sí es claro, y es que el poder femenino transformó el deporte nacional. Tanto así, que Colombia es uno de los países que, a nivel de medallas, tiene la perfecta equidad entre hombres y mujeres: de sus 34 medallas olímpicas, 17 han sido conseguidas por las deportistas. Sin embargo, cabe resaltar que de cinco medallas de oro, cuatro han sido conseguidas por ellas.

Así las cosas, en camino a que las deportistas colombianas tengan más espacios para profesionalizar y mejorar sus disciplinas, y para que sigan representado de la mejor manera el deporte nacional, la primera medallista de oro olímpica colombiana, y actual ministra del Deporte, María Isabel Urrutia, buscará democratizar el acceso a los servicios de educación, salud y cultura articulados al Sistema Nacional del Deporte con programas integrales, participativos y con más escenarios, implementos y personal capacitado en todos los niveles que ayuden a cerrar las brechas de género.

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