Por: Antonio Casale

Duván: un bonito problema... por ahora

Recuerdo a Édgar Orjuela, el profesor de matemáticas en el colegio. Cada vez que ponía un problema de difícil solución en el tablero decía que nos daba 45 minutos para resolverlo y se frotaba las manos antes de sentenciar: “Este es un problema muy bonito”. Ahí ya uno sabía que las probabilidades de éxito eran mínimas. Lo que para él era un “bonito problema”, para uno era un dolor de cabeza si no se encontraba el camino a la solución. en los primeros veinte minutos.

Queiroz tiene un bonito problema que si no lo resuelve rápido, ahora que estamos en las buenas, se le convertirá en un dolor de cabeza cuando lleguen las inevitables malas. Su bonito problema se llama Duván Zapata.

Su delantero estrella es y será siempre, mientras juegue al fútbol, Falcao. Es el goleador histórico de la selección, el nueve que más lejos ha llegado en la historia del fútbol mundial, el más querido por la gente, el capitán y referente del equipo. Todo muy merecido., por cierto.

Pero en el banco tiene a Duván Zapata. Es más joven y, sin dejar de ser un delantero de área también sabe salir desde atrás con potencia, sacarse rivales de encima, tirarse de cuando en cuando a un costado sin llegar a ser un extremo y, lo mejor, está en racha goleadora. Su gran temporada en Italia, donde fue segundo canioneri de la Serie A, es su carta de presentación. Por eso el segundo gol ante Argentina, más allá de una bella anécdota, tiene que poner cabezón a Queiroz.

Todos sabemos que a Falcao hay que llevársela al área, ahí, en su zona de confort —que para la mayoría de delanteros del mundo es zona de terror, pues terminan cediendo ante la presión de la implacable ley del resultado, que exige efectividad siempre—, el Tigre es uno de los mejores del mundo.

Pero Duván nos demostró el sábado cosas que en Italia son habituales en su performance. Él comenzó y terminó la jugada del segundo gol, la recibió por derecha en el medio, dejó regados por potencia y velocidad a cuatro argentinos, la tiró al espacio libre en el otro costado en donde entre Roger Martínez y Lerma desactivaron a sus rivales a un toque; mientras eso sucedía corrió a ocupar su lugar como centro delantero para recibir el pase y convirtió el segundo para Colombia. Fueron segundos de ensueño para el que por ahora es jugador del Atalanta de Bérgamo.

Hoy todos sonreímos, nos vanagloriamos de contar con dos jugadores de la talla de Falcao y Duván Zapata, así solamente juegue uno de ellos. Pero el día en que las cosas no salgan reclamaremos la presencia de uno u otro. Los dos, dicen los especialistas, no caben en el esquema del técnico porque el equipo perdería elaboración de juego. Bueno, si lo del segundo gol no es elaboración, ¿entonces qué es?

A la Argentina de Bielsa, la de 2002, le criticaron que nunca puso a Batistuta y Crespo juntos si los dos eran sinónimo de gol. Se lo cuestionaron entre sonrisas durante la eliminatoria porque todo salía bien, pero cuando quedaron eliminados en la primera ronda del mundial le cortaron la cabeza. Que no nos vaya a pasar lo mismo. Es mejor pecar por exceso de atrevimiento que por miedo. El juego ante Catar sería una linda oportunidad de verlos juntos otra vez, ya lo hicieron en la eliminatoria pasada ante Perú y no salió nada mal la cosa, y eso que Duván no era el mismo de ahora.

 

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