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13 Mar 2021 - 2:58 p. m.

Edwin Cardona: la resurrección de un rebelde

Él, ante todo, es un ser humano, no vive el cuento de hadas y perfección que vende Instagram, él es real. Esto es lo que olvidan técnicos y periodistas.

Farouk Caballero

Edwin Cardona fue el mejor jugador de Boca en la Copa Diego Maradona.
Edwin Cardona fue el mejor jugador de Boca en la Copa Diego Maradona.
Foto: Archivo

Hoy en el fútbol se corre mucho y se piensa poco. Hay, incluso, quienes dicen que si no eres atleta no puedes jugar en el deporte de Messi y Cristiano. Pero cada tanto, un boca-sucia se resiste y, con barro y exquisitez en sus pies, nos regala obras de arte futbolero. Ese, ese es Edwin Cardona Bedoya.

Antes de la pandemia, Cardona estaba en el sepulcro del fútbol. Padeció un calvario nunca visto para un jugador de su destreza. En 2018, quedó fuera de la lista de la Selección Colombia que disputaría el Mundial de Rusia. José Néstor Pékerman, por razones ajenas a la estética sudaca del fútbol, lo dejó sin mundial. Al veterano estratega se le olvidó que Cardona había sido igual o más importante que James Rodríguez para conseguir los puntos que otorgaban el tiquete a Moscú.

Las razones fueron disciplinarias, pues Cardona, en noviembre de 2017, cometió un acto inofensivo desde su propia visión, pero racista a todas luces dentro del panorama internacional. Colombia jugó un amistoso contra Corea del Sur y ahí Cardona, en medio de la calentura del partido, se llevó sus manos a la cara y achinó sus ojos, de manera infantil, para mofarse de sus rivales. Él ignoraba que esa morisqueta sería el inició de su descenso a los infiernos futboleros.

Ya, iniciado el 2018, el sexo y el alcohol lo condenaron. Se vio involucrado en un escándalo con tres mujeres en Buenos Aires, por lo que Boca Juniors decidió apartarlo del plantel mientras el proceso se aclaraba. Estos dos episodios lo descendieron al sepulcro del fútbol, porque después de que Pékerman lo dejara fuera de los viajeros a Rusia, Guillermo Barros Schelotto le clavó la lanza en su costilla y lo mandó a la tribuna en la final de la Copa Libertadores que, para vergüenza continental, se disputó en el Santiago Bernabéu ese mismo año.

Un guapo de Medallo

Para los jugadores débiles, esto sería el final de sus carreras, pero Cardona apenas tenía 26 años y se enfocó en el carácter que forjó desde pequeño. Con ese mismo carácter, en su infancia, le tiró un virgo (caño, cuca, túnel, gafiar para Antioquia) a la violencia y la dejó atrás. Edwin Cardona nació el 8 de diciembre de 1992 en Medellín, exactamente un año antes de la muerte de Pablo Escobar. Esa que les hizo pensar a algunos ingenuos colombianos que, muerto el capo muerto el narcotráfico, como si no supieran que la estructura del narco tiene suplentes al por mayor a la espera de entrar al juego, pero ese es un tema de otro partido.

Lo cierto es que Edwin gateó, caminó y gambeteó en una ciudad atravesada por los sicarios y la violencia del narco. En su barrio, Belén Buenavista, no sobrevivían los débiles, pues los combos, la droga y las armas estaban siempre en la titular derramando sangre a diestra y siniestra. Allí creció Cardona; por eso forjó una manera de ser distinta que se sale de esa intención puritana de hacer del fútbol un deporte de atletas fitness con aureolas donde los distintos, gorditos y rebeldes, no tienen cabida.

No, no le pidan a Cardona ser un gentleman de pinta y físico, porque él representa la lucha del talentoso que quiere echarse su familia al hombro y hacer un cambio de frente para vivir y dejar de sobrevivir. Él, ante todo, es un ser humano, no vive el cuento de hadas y perfección que vende Instagram, él es real. Esto es lo que olvidan técnicos y periodistas cuando le exigen al jugador de fútbol comportarse como un ángel sin mácula en su vida. Dejen de pedirles a los jugadores que sean perfectos y modelos de conducta dentro y fuera de la cancha. Ningún humano lo es y el fútbol, sépanlo, es gozoso de su propia imperfección porque su mayor valor es el talento humano.

Las condiciones sociales en Medellín consolidaron en Cardona una rebeldía para todo y por eso resucitó para el fútbol. Edwin no es un jugador fácil para el manejo, porque ha tenido inconvenientes en Colombia, México y Argentina, los tres países donde ha jugado, pero su talento también lo ha desparramado por los estadios que lo han disfrutado. Fue por eso que Riquelme, el histórico 10 de Boca Juniors, decidió armar un equipo en torno al gordo guapo y exquisito de Medallo. Y si Riquelme decide sobre fútbol, uno debe callarse y limitarse a admirar.

Cardona volvió a Boca y volvieron los dolorosos. Miguel Ángel Russo decidió dejarlo en el banco durante la semifinal definitiva de Copa Libertadores que Boca perdió, vapuleado, ante Santos en este 2021. No hay nada más inexplicable que esa decisión contra la naturaleza futbolera que tomó Russo. El DT, arrepentido, le respetó luego su puesto de titular en la final que Boca disputó contra Banfield por el torneo local.

La resurrección

Si hay un deporte caprichoso, ese es el fútbol. La final en esta oportunidad definía al campeón de la Copa Diego Armando Maradona, el otro mítico 10 bostero. Cardona, antes de alzar el título, con un pepinazo le rompió el arco al colombiano Iván Arboleda. Salió lesionado y al final Boca se coronó campeón y Cardona inició su resurrección.

Pasaron las vacaciones cortas y el fútbol en Argentina volvió. Cardona, ahora heredero del futbol de Maradona y de Riquelme, empezó a derrochar arte en los estadios argentinos. Sus números fueron bestiales, en los tres primeros partidos firmó tres asistencias y un gol. Su último recital, ante Vélez Sarsfield el pasado siete de marzo, fue una ascensión al cielo de los cracks. Ya no hubo duda de que los técnicos se habían equivocado; por eso, ante semejante exposición, el periodista Juan Pablo Varsky escribió en su cuenta de Twitter: “Cardona en este partido pasó de jugador de apariciones a jugador total. No son pinceladas, es una obra de arte”.

Y es que Cardona es justo eso, arte, pero arte sudaca que no es lo mismo. Tiene la pegada y la visión de Riquelme. Además, la lucha que desde Villa Fiorito dio Maradona, Cardona la ha dado desde Belén Buenavista. No es que los ponga en el mismo nivel, ni más faltaba, pero Cardona hoy es el heredero de ese fútbol cercano a la poesía descalza y al bandoneón de Piazzolla; el cual, dicho sea de paso, se escucha junto al Río de la Plata y lejísimos del Rhin. Por todo esto, este colombiano bien puede definirse en el suelo de Fontanarrosa como un artista, porque tal cual lo escribió El Negro, quien abogó por las “malas palabras” ante la rigidez policial de la Real Academia de la Lengua Española: en el fútbol hay escultura, pintura, danza, música, teatro y puteadas. Y eso, eso es Edwin Cardona.

@faroukcaballero

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