El 2,33 m de Gilmar Mayo, cumple 20 años

El día en que Gilmar Mayo logró marca suramericana en salto alto, todo se confabuló a su favor.

Gilmar Mayo se retiró de la actividad atlética en 2010. / Archivo El Espectador

A las 3:44 p.m. del 17 de octubre de 1994, una tarde soleada de lunes festivo, Gilmar Mayo Lozano pasó a la historia: a sus 25 años, con una estatura de 1.90m y 72 kilos de peso, sin buscar aquel día el instante de la fama, tomó impulso para romper la inercia y a una velocidad cercana a los 7,5 metros por segundo desafió la ley de la gravedad, frenó sutilmente su carrera para iniciar el despegue, tomar vuelo de espaldas con su cuerpo arqueado hacia atrás para superar el listón y mientras su humanidad dibujaba una cruz en el cenit de su salto para luego descender, ya sabía que cuando aterrizara contra el colchón era nueva marca nacional y suramericana de salto alto, con 2,33 metros.

Una maniobra que no duró más de siete segundos y que lo catapultó para ubicarlo a seis centímetros del registro olímpico logrado por Charles Austin y a 12 centímetros del orbital de Javier Sotomayor.

“No iba preparado para esa marca (hoy en el puesto 95 del escalafón mundial), no la había planeado para ese día. Yo estaba asustado porque en mi primer salto las esquirlas de espuma que salían de la colchoneta me caían en los ojos de lo vieja que estaba, era la peor colchoneta en la que había saltado en mi vida. Además, la pista sintética (del estadio Hernán Ramírez Villegas, de Pereira) estaba cristalizada y parecía que estuviera corriendo sobre madera. Después, entré rápido en ritmo de competencia porque había un cubano con una marca personal de 2,35 metros y estuve muy enchufado. Los 2,33 los pasé en mi segundo intento”.

Y aunque Gilmar no había maquinado hacer ese día el mejor salto de su carrera atlética, parece que el entorno adverso, un rival cubano de alto nivel y un video de su primer salto se confabularon a su favor. El atleta Lewis Asprilla grabó el primer salto de su amigo, quien al observarlo con detenimiento, junto a su entrenador Eduardo Paz, halló una falencia técnica que corrigió en su segundo turno, el de la marca suramericana.

Han pasado 20 años y ningún saltador en Suramerica ha podido batir la altura saltada por el colombiano. Jessé Farias de Lima (Brasil), con 2,32 m, rozó el registro de Mayo. En Colombia, Wanner Miller, con 2,28 m, es quien más se ha acercado al salto, pero sin inquietar a Gilmar, quien ostenta uno de las marcas vigentes más longevas del atletismo colombiano, en un antiguedad liderada por el boyacense Domingo Tibaduiza, quien desde 1978 posee los tiempos en 5.000 (13.29:07) y 10.000 metros (27.53:03). La segunda es la antioqueña Ximena Restrepo, con su inolvidable actuación en los Juegos Olímpicos de Barcelona-92, donde ganó la presea de bronce en los 400 metros, con de 49.64 segundos, desde entonces marca suramericana. En esta parte del continente, Gilmar también posee el tercer récord más antiguo en hombres, detrás de Joaquim Carvalho Cruz (Brasil), plusmarquista suramericano de los 800 metros (1.41:77) - oro en los olímpicos de Los Angeles y plata en Seul -, desde el 26 de agosto de 1984; y del también brasileño Robson Caetano da Silva (Brasil), dueño desde el 22 de julio de 1988 del mejor tiempo en los 100 metros (10 segundos).

Pero pese a la huella, hasta ahora indeleble, de su actuación en Pereira, Gilmar se lamenta por no haber subido al podio olímpico. “Si hubiera ganado una medalla en Juegos Olímpicos, seguramente ahora tendría apoyo para sacar adelante mi club de saltadores aquí en Quibdó. Mire, estoy trabajando con las uñas, tengo 30 niños y algunos de ellos llegan a entrenar sin almorzar y yo no puedo hacer mucho. Ojalá vengan al Chocó para que vean que las condiciones son difíciles para sacar nuevos talentos y eso no es justo, porque hay jóvenes con mayor talento que yo y si ellos no ven progreso entre los que estamos retirados, pues yo no podría ser ejemplo de superación”.

En realidad, poco ha cambiado el asunto. En 1987, cuando Gilmar participó en su primer Suramericano juvenil, a sus 18 años, se calzó unos tenis rotos que su madre, Melania Lozano, le regaló. Con ellos hizo los ejercicios de calentamiento y con unos spikes prestados ejecutó su salto alto con un pobre registro de 1,85 metros. ¿Y los otros atletas qué le decían al verlo con tenis agujereados?, le pregunto. “Nada, porque sencillamente yo no era nadie, era un aparecido. Ellos sí tenían tenis de marca y por eso me sentí inferior”, comenta este hombre de 1,90 metros de estatura que nació en Pailitas, Cesar, el 30 de septiembre de 1969, pero que es chocoano por adopción.

Al mirar por el espejo retrovisor, no olvida que un día de 1987 llegó a un campo de fútbol en Quibdó, para probarse en un equipo de atletismo. El técnico Guillermo Valencia lo puso a prueba con el test de Couper, una prueba de resistencia que se basa en recorrer la mayor distancia posible en 12 minutos a una velocidad constante. “Después de esto no volví sino a la semana siguiente, todo me dolía y no podía ni mover los pies, no me gustaba correr. Le dije al profesor Valencia que yo podría ser un gran saltador. Entonces, me subí a un puente y me lancé al vacío. En medio de carcajadas, me aclaró que el problema es que yo debía saltar de abajo a arriba y no de arriba abajo. Yo no tenía idea de atletismo”.

Los olímpicos

Gilmar, llamado así por el amor de su padre hacia el fútbol brasileño (Gilmar dos Santos Neves, portero bicampeón del mundo con Brasil 58 y 62 ), participó en dos Juegos Olímpicos. En Atlanta-96 quedó undécimo en su ronda clasificatoria con un salto de 2,26 m en su segundo intento. Con ese mismo registro quedaron otros cinco rivales. El ganador de la serie hizo 2,28, la misma marca que el cubano Javier Sotomayor (marca mundial de la especialidad al aire libre, con 2,45 metros logrados el 23 de julio de 1993, en Salamanca, España), quien quedó eliminado con el colombiano. Cuatro años antes, en Barcelona, el isleño se había coronado campeón olímpico.

“Lo de Atlanta fue una historia seria, porque hubo mucha presión. Cuando salté, sentí que no tenía fuerzas, no sé qué me pasó, no era miedo, estaba tranquilo porque iba seguro, aunque no tenía ritmo de competencia. La meta era pasar a la final, porque en la final uno sabe que cualquier cosa puede pasar, pero no se pudo”.

En Sydney 2000, finalizó 23 en su ronda clasificatoria con un salto de 2,20 m y también quedó eliminado. Falló en el primer intento y tuvo fortuna en el segundo. Luego, en 2,24 metros, tumbó la vara en tres ocasiones “Uno a veces no se da cuenta, pero para adaptarse a otro país es necesario llegar con varios días de anticipación, más en Sydney por la diferencia horaria con Colombia. Allí llegué una semana antes de mi competencia. No me adapté al medio ambiente y aunque entrené todo el tiempo en Chile con un ruso, mi salto de 2,20 fue muy, muy bajo. Después me di cuenta de que llegué sobreentrenado”.

Mundiales, Panamericanos, Centroamericanos

Gilmar no duda en afirmar que su mejor actuación fue su décimo lugar en el Mundial de Atenas 1997, donde culminó décimo (2,29 m), con el mismo registro del quinto lugar, pero con más intentos para pasar el listón. “Recuerdo que pasé a la final sin cometer ni un salto nulo”, dice. El cesarense fue bronce en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata (Argentina )-95, aunque su registro de 2,26 metros estuvo lejos de su marca personal de 2,33. Por supuesto, el triunfo le correspondió al plusmarquista Javier Sotomayor, que sin exigirse impuso registro panamericano con 2,40 metros.

En el mundial de Barcelona - 95 bajo techo, un honroso décimo lugar con 2.25m. También estuvo en Edmonton 2001con un mejor salto de 2.20m y ocupó el puesto 11.

En los Iberoamericanos de atletismo se coronó bicampeón ganando en Rio de Janeiro 2000 con 2,24 m y en Guatemala 2002 saltando 2.26m. Seis veces se impuso ene área suramericana: Manaus, Valencia, Manaus, Mar de Plata, Cuenca y Cali. Los Juegos Bolivarianos de Cochabamba 93 y Ambato 2001tuvieron en Gilmar al mejor saltador de alto.

La campaña de Mayo en Juegos Centroamericanos y del Caribe le dejó una medalla de plata y otra de oro. En 1998, en Maracaibo, Venezuela, escoltó a Sotomayor y con un salto de 2,30 metros quedó a siete centímetros del isleño. Y en 2006, en Cartagena, cuando parecía que el veterano Gilmar (36 años) ya no tenía cuerda para doblegar a sus rivales, sorprendió al coronarse campeón (2,19 m). Venía de una mala racha sin triunfos ni marcas, que tuvo su génesis en una tendinitis rotuliana en la rodilla izquierda que se prolongó durante dos años y medio”. Recuperado de su mal y una vez se colgó la medalla de oro, al bajar de lo más alto del podio exclamó ante los periodistas: “Era más importante la medalla que la marca. La lesión ya la superé y habrá Mayo para rato”. Y el rato se prolongó hasta abril de 2010, cuando se retiró como atleta activo durante un Grand Prix Internacional en Medellín.
 

 

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