El 'capitán' Torres

Hijo de un policía, ibaguereño, hincha del Deportes Tolima y líder por naturaleza, el estratega disputará su primera final en la A. Perfil.

El teniente José de Jesús Torres, dueño de La Tienda de José, que queda al frente del estadio Manuel Murillo Toro de Ibagué, bautizó al único varón de sus tres hijos con el nombre de un capitán de la Policía, a quien admiraba por su temple y liderazgo. Esos valores, casualmente, los encarnó José Flavio Torres Sierra, el técnico del Deportivo Pasto.

Torres Sierra fue educado bajo los cánones de la obediencia y la disciplina de su familia y colegio militar. Pero también creció escuchando la bulla de los goles del Kokoriko Tolima en el Murillo Toro y jugando fútbol en las calles del barrio Santander Estadio.

“Como no pasaban carros, poníamos piedras como canchas y jugábamos fútbol hasta el cansancio. Recuerdo que siempre se nos iban los balones a los patios de los vecinos. Una señora ‘chuzaba’ la pelota con un cuchillo y nos lo devolvía partido en dos, porque ya estaba cansada de mis amigos y de mí”, dice Torres, nacido en Ibagué el 7 de diciembre de 1971.

“Siempre jugaba fútbol. Una vez, incluso, mi papá me sacó de la academia donde estaba porque iba perdiendo todas las materias en el colegio. Aunque no me gustaba el estudio, me enseñó el valor de la disciplina porque me hizo graduar finalmente y eso me sirvió para toda la vida”.

El fútbol era la salida del mundo femenino de su casa (vivía con su madre Beneranda y sus hermanas Olga y Edna). Prefería jugar en la calle con sus amigos o ir de pesca con su padre al río Magdalena y a las lagunas cercanas. Por eso era el preferido de su papá, quien siempre lo llamó mi muchacho. Chacho, con la abreviación del tiempo.

Una carrera efímera

El Deportivo Cali, de Óscar W. Tabárez, le compró su pase al club aficionado Deportivo Ibagué por $5 millones, luego de que fuera figura de la selección Sub-20 de Colombia que finalizó segundo en el Suramericano de 1988, en la que jugaban Óscar Córdoba y Jorge El Patrón Bermúdez, y que dirigía Juan José Peláez (en el Mundial de la categoría en Arabia Saudita no pasaron la fase de grupos). Debutó el 14 de septiembre del 88, tres meses antes de cumplir la mayoría de edad, en un partido que perdió Cali 1-0 ante Millos en el Pascual.

Pero como volante de marca —dice el mismo Torres— no contó con mucha suerte, por falta de continuidad en equipos, lesiones y otras cosas. Actuó en Caldas, Cúcuta, Tolima, Huila y Cooperamos Tolima de la B, y en algunos de ellos fue su capitán, por su liderazgo y buena relación con los técnicos (Miguel Ángel Dizz, Humberto Ortiz, Jorge Luis Bernal). A los 28 años decidió iniciar sus estudios en la Universidad del Tolima para convertirse en técnico. Con ayuda económica de su padre se graduó en 2004 y fundó la academia Soccer Baby, que aún existe.

Dirigió a jugadores como Carlos Darwin Quintero y Rubén Darío Bustos en selecciones del departamento, trabajó en las divisiones menores del Tolima y fue la sombra de Jorge Luis Bernal como su asistente técnico. Bernal aún se burla de Torres cuando se quedaba dormido mientras veían los videos de los rivales. “No aguantaba el sueño (risas), pero de eso aprendí que uno debe estudiar muy bien a los contrincantes, como lo hace el profe Bernal, mi padre en el fútbol”, señala Torres, que es padre de Laura, de 17 años, Janina, de 14, y de Isabela, de seis.

Ellas viven en Ibagué, pero ven todos los partidos que dirige José Flavio Torres con el Pasto, equipo al que llegó en 2011. Condujo por primera vez a un equipo de Primera División tras lograr el ascenso del club pastuso en diciembre pasado. Seis meses después, el debutante logró lo inesperado: clasificar con prácticamente el mismo equipo de la B a la final, donde enfrentará a Santa Fe.

“Tenemos un equipo con mucho fútbol, con el que vamos a pelear. Llegamos con el ánimo muy alto por haber pasado por encima de Tolima en el grupo. Somos seguros en defensa y dinámicos en ataque”, dice Torres, que asegura que su característica principal como técnico es “exigir y regañar al jugador sin sonrojarme. Si le tengo que pedir más, se lo digo delante de todos. Ahí se me sale el tolimense”.

Pero en rigor se trata de un ser humano noble y alegre. Uno lo comprueba con su cordialidad e incluso impudicia con que cuenta chistes sosos. No tiene problema con reconocer virtudes ajenas: “El mejor técnico en Colombia es Juan Carlos Osorio. Del mundo es Joseph Guardiola”. Tampoco sus cualidades, el orden y tenacidad, que ‘heredó’ de un capitán a quien nunca conoció. 

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