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“El dinero pudre muchas cosas”

La belga, que afrontó un año de contradicciones con una separación y nueve títulos, se consolidó en la cima. En medio de la disputa del título del Masters de Madrid, habló de su infancia y de cómo pudo contrarrestar la fuerza de sus rivales.

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Juan José Mateo / Especial de El País de España para El Espectador
14 de noviembre de 2007 - 04:33 p. m.
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La belga Justine Henin es una tenista excepcional por talento y físico. Ha ganado. Y lo ha hecho imponiendo su diminuto cuerpo fibroso a las tenistas de la era Williams, todo músculo y gimnasio. Es la número uno del mundo y terminará así la temporada, gracias a sus nueve títulos en 2007.

A sus 25 años, Justine suma 38 campeonatos, siete de ellos de Grand Slam. Con sus escasos 57 kilos y 1,67 metros de estatura, la mejor tenista belga de toda la historia logró contrarrestar el dominio absoluto que tenían en otras épocas las hermanas Serena y Venus Williams, y frenar el ímpetu de la bella rusa María Sharapova.

Con un récord este año de 58 partidos ganados y apenas cuatro perdidos, la campeona en 2007 del Roland Garros y el Abierto de Estados Unidos suma la bobadita de 18 millones de dólares en ganancias en sus siete años como profesional.

Es usted una tenista diferente. Le falta estatura y peso para cumplir con el canon de las tenistas del siglo XXI. Le sobra convicción. ¿Eso se enseña?

El espíritu, la determinación, la fuerza de carácter, son cosas que no se trabajan. Desde que era una niña todo el mundo veía hacia dónde quería ir. Estaba determinada a ser la número uno del mundo. Parecía una cosa un poco loca, porque tenía siete u ocho años, pero creo que es importante hacer todo lo posible para cumplir los sueños. He conocido a un montón de gente muy talentosa que han desperdiciado sus carreras porque les faltaba temperamento. Y eso es muy importante para tener éxito.

¿De dónde le viene a usted?

No lo sé. De hecho, creo que es innato. Mis padres eran gente seria, muy determinada. Yo fui una niña normal, tranquila. Mi hermana pequeña tenía tanto talento para el tenis como yo, pero no tenemos para nada el mismo carácter. Por eso ella está mejor con sus cosas y yo con mis raquetas de tenis.

¿Cuántas cosas ha tenido que sacrificar para cumplir su sueño infantil?

Muchas. Ahora mismo no tengo la sensación de haber pasado de lado por mi adolescencia... pero es verdad que cuando mis amigas se iban a jugar juntas, yo me iba a entrenarme y ya viajaba al extranjero. Lo más duro ahora mismo es estar lejos de la gente que quiero. De hecho, me debo sacrificar más ahora que en aquella época. Es verdad que he crecido, pero tengo la necesidad de estar con los que quiero y eso no es nada fácil con todos estos viajes. Lo más difícil es estar lejos de lo que me es cercano.

Este año habrá echado mucho de menos a los suyos. Se divorció, ha escrito sobre su miedo al cáncer, que se llevó a su madre...

Ha sido un año difícil que he gestionado extremadamente bien. Ha hecho falta que siempre estuviera a la búsqueda de mi equilibrio. Eso no es fácil. Me he separado y eso es un gran cambio en mi vida, un cambio que no es fácil de asimilar. He salido bien de eso. Me han pasado muchas cosas en mi vida y siempre he mantenido la sonrisa. Los resultados me han seguido.

Sobre la pista tiene instinto asesino. También parece fría. Insensible.

Para mí el tenis es trabajo. Me da placer, pero es mi trabajo. Creo que el público me percibe mucho mejor hoy porque soy más abierta, más natural, más yo misma. Siempre estoy muy centrada, muy concentrada. Eso no quiere decir que no esté feliz por dentro, que no sienta placer, pero lo muestro de manera diferente.

Su físico le separa del resto de tenistas.

Soy diferente de la mayoría de las jugadoras. También puedo ser enérgica, rápida y física, pero creo que juego mucho más apoyándome en las variaciones, los cambios de ritmo y la técnica. Lo he trabajado mucho. Muchas chicas no hacen más que jugar, jugar y jugar. Yo intento mirar las cosas a nivel técnico, lo que voy a hacer, lo que me da un estilo un poco diferente.

¿Cuál es su receta?

Lucho con mi velocidad, lucho con mi anticipación y mi inteligencia de juego. Es bueno tener esta posición mestiza. Es interesante y al público le encanta.

Pero el público prefiere a Sharapova o Ivanovic. Siempre que llega usted a una ciudad ve carteles de ellas y no suyos, que tiene muchos más títulos. ¿Qué piensa del tenis glamour?

No me molesta. Prefiero que hablen de mí por mis resultados. Lo mío es el deporte, la competición. Por eso estoy aquí, no para que se den la vuelta cuando paso. El glamour forma parte del juego. Me divierte, porque es mejor tomárselo así. Encuentro que está bien que haya diferentes estilos de personalidad.

El glamour forma parte del ‘marqueting' del tenis. ¿Qué piensa de todo el dinero, los contratos y la publicidad que rodea a su deporte?

El dinero ha podrido muchas cosas, seguro. De manera general, hay muchos conflictos de interés, todos queremos lo mismo. No olvido que he tenido la suerte de ganarme bien la vida. Soy muy feliz, pero también estoy aquí porque me gusta, porque me encanta jugar, batirme sobre una pista de tenis, que es algo que te da muchas emociones. El dinero no es un motor para mí. Evidentemente, te facilita la vida, ayuda enormemente y tengo plena conciencia de mi suerte por poder vivir de esto, pero tampoco me olvido de que eso no te da la felicidad. Lo importante, al final, es la familia y la gente de la que has decidido rodearte. Crear un clan.

Algunas familias convierten a sus hijos en profesionales desde que tienen cinco años, ¿qué piensa de esto?

Cuando uno es joven no debe olvidar que el tenis es un juego. Lo es incluso a mi edad. Cierto, según pasa el tiempo, uno es cada vez más profesional. Creo que el rigor juega un papel importante en la educación, pero no se puede olvidar que a los niños hay que dejarles jugar, disfrutar y tomar las nociones del juego.

¿Cómo fue su infancia?

Yo era seria y responsable. Mis padres me ayudaron mucho en ese sentido. No tenía una troupe alrededor mío. Mis padres me apoyaron mucho. En mi casa, la educación era importante. Mi madre era profesora. En la escuela me hacían trabajar bien. Una cosa no quita la otra: había que divertirse al mismo tiempo que dar el máximo. Fui una niña que, en cualquier cosa, aunque fuera en el deporte, se divertía, jugaba y lo daba todo. Si eso ha cambiado, en mi opinión, es por los padres.

Ahora es usted embajadora de Unesco.

Mi rol se centra en la lucha contra el dopaje y la transmisión de los valores éticos en el deporte. El ‘fair play'. Quiero mostrarles a los niños el valor del esfuerzo y un montón de cosas más. Tengo la responsabilidad de ser un ejemplo y la Unesco me ha llamado para eso. Es una cuestión de gran importancia para mí, verdaderamente.

Durante Roland Garros hubo tenistas que la señalaron como la mejor, como la única mujer capaz de jugar como ellos. ¿Tanta diferencia hay?

Sí. Físicamente hay una diferencia enorme. También a nivel emocional. No reaccionamos para nada parecido. Las mujeres, quizás, se hacen más preguntas, tienen más dudas. Los hombres hacen su trabajo y no se hacen preguntas. No me gusta comparar el tenis masculino y el femenino, porque cada uno tiene sus ventajas y desventajas, pero, finalmente, me gustan los dos.

Por Juan José Mateo / Especial de El País de España para El Espectador

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