El doctor de los caballos

El colombiano, hoy del equipo estadounidense de equitación, buscará una medalla de oro en los Panamericanos y clasificar a EE.UU. a los Olímpicos de Londres.

Hace ya más de una década César Parra decidió salir de Colombia. Ante la falta de apoyo de las autoridades deportivas en el país, optó por radicarse en Estados Unidos. La historia es conocida, común. El adiestrador tolimense supo que debía buscar sus propios horizontes, hacer su camino. “La idea mía ya era a nivel personal”, afirma.

Parra es odontólogo. Tenía un consultorio en Bogotá. “Me iba muy bien”, dice. Paralelamente, participaba con equipos nacionales en diversas competencias. Algunos logros fueron valiosos. Una plata en los Panamericanos de Winnipeg, en el año 99. Unos Centroamericanos, unos Bolivarianos. Sin embargo, el destino estaba en otro lado.

“Me fui a vivir a Estados Unidos, y me dieron la residencia”, confiesa. La visa de Parra tenía un rubro claro: persona con habilidades extraordinarias. En ese país el colombiano ganaba muchas pruebas. Muchas. Aunque en su cabeza estaba validar la licencia de odontólogo, la pasión hípica era el sentido de todo. “Empecé a vencer en competencias internacionales, más de 350 al año, representando a Colombia”, recuerda.

Al cabo de un tiempo, lo llamaron para que tomara la ciudadanía. Parra no dudó demasiado. Por cambiar de país a representar, y según ley del Comité Olímpico, debía estar inactivo internacionalmente por dos años. No los desaprovechó. Como estadounidense, empezó a competir a nivel nacional y, tras una licencia, en los campeonatos alemanes. Luego de unos meses, la sanción se acortó: pasó a ser un año y ocho meses.

Ya plenamente ciudadano, Parra comenzó a ganar campeonatos nacionales e internacionales. Y encontraría su misión: traer de los próximos Panamericanos una medalla que devuelva a Estados Unidos a los Olímpicos. “Tenemos un equipo de ensueño”, sostiene Parra, que sólo quiere pensar en los Panamericanos de Guadalajara. “Si quitamos un milímetro de concentración, podemos fallar”, apunta.

Por eso, prefiere ser cauto. “Vamos por partes”, señala. “Primero debo cumplirle a mi equipo, a mi jefe de equipo, que además quiere que sea el capitán. Tengo una responsabilidad enorme”, concluye.