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El dulce debut del Valle en los Juegos Nacionales

La judoca Yury Alvear, primera medallista dorada. En la escuela practicaba waterpolo, voleibol y atletismo, pero a los 14 años se dedicó al judo. Hoy es la mejor del país. Su objetivo es ganar medallas en todos los eventos del ciclo olímpico y pelear por el podio en Londres 2012.

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Luis Guillermo Ordóñez O.
24 de noviembre de 2008 - 11:00 p. m.
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La actuación de la judoca vallecaucana Yury Alvear Orejuela en los Juegos Deportivos Nacionales duró apenas dos minutos. Con sorprendente facilidad ganó sus cuatro combates para colgarse la medalla de oro en la categoría de 70 kilogramos. La suya fue la primera presea de las justas y puso a su departamento al frente de la tabla de medallería, de donde espera que no salga.

“Ahora mi misión será asistir a los demás escenarios y motivar a mis compañeros. El objetivo del Valle es ganar los Juegos, pero será complicado porque Antioquia y Bogotá están muy bien preparados. Sin embargo, si le ponemos berraquera y entusiasmo, podemos hacer valer la localía”, explica la deportista nacida hace 22 años en Jamundí, quien hace cuatro años logró la medalla de bronce en los 63 kilogramos.

Yuri, además, fue una de las encargadas de portar el fuego olímpico en la ceremonia de inauguración, hecho que calificó como “una emoción indescriptible y un inmenso orgullo. Fue como un homenaje y un reconocimiento a los ocho años que llevo compitiendo en el alto rendimiento”.

Y eso que cuando era niña no se imaginaba que haría del deporte su profesión. “Yo hice la primaria en el Liceo Técnico Comercial y allá practicaba el waterpolo, el voleibol y el atletismo, pero realmente lo hacía simplemente por distraerme”, explica la morena de 1,76 metros de estatura, quien ocupó el séptimo lugar en su categoría en los pasados Juegos Olímpicos de Pekín.

Hasta que un día su entrenador, Ruperto Guaúña, le propuso que probara en una disciplina de combate. “Y desde su primera pelea me di cuenta de que era un fenómeno”, explica el estratega, quien se convirtió en el mentor de Yury.

“A los seis meses ya estaba en la selección departamental y comencé a participar en torneos nacionales. Luego vinieron las salidas internacionales y los triunfos”, dice orgullosa la judoca, a quien el deporte le cambió la vida, pues gracias a sus destacadas actuaciones la Alcaldía de su municipio, en cabeza de William Sicachá, le otorgó una casa, y la Escuela Nacional del Deporte la becó para que hiciera una carrera profesional.

A eso, además, se suman las ayudas de Indervalle, que le brinda hospedaje y alimentación en Cali, un subsidio para transportarse y la seguridad social.

“Por eso lo mínimo que podía hacer era darle esa medalla dorada a mi departamento”, admite agradecida además con la Liga de Judo del Valle, el entrenador Ramón López y la Federación Colombiana de esa disciplina.

Claro que en estos momentos de gloria no se olvida de sus padres, Miriam y Arnoy, quienes siempre la impulsaron para que no dejara el deporte. Ella es ama de casa y él trabaja como maestro de construcción y estuvieron el domingo en el coliseo de combates Mariano Ramos de Cali, para ver a su hija subirse al primer lugar del podio.

“Siempre ha sido disciplinada y constante. Muchas veces ni siquiera tenía para el bus que la llevaba a entrenar, pero perseveró y por eso hoy es la mejor judoca de Colombia”, dice su padre, quien lamenta que su otro hijo, Harvy, no practique ningún deporte.


Con la mira en Londres 2012

Yury estudia Deportes y Educación Física, pero cuando se gradúe quiere buscar la manera de comenzar otra carrera para ejercer en el futuro, pues al menos para los próximos cuatro años ya tiene planes: “Voy a hacer todo el ciclo olímpico y a prepararme para pelear por el podio en Londres 2012. La experiencia de Pekín me servirá mucho y realmente creo que tengo con que”, asegura Yury antes de explicar que, aunque se dedica de lleno al deporte, es una joven común y corriente.

“Me gusta salir a bailar salsa y compartir con mi novio, Mauricio Guzmán, quien es entrenador de la escuela de fútbol Carlos Sarmiento Lora”, dice la vallecaucana, quien admite entre risas que él nunca le pelea porque podría salir perdiendo.

Con respecto a los Juegos Nacionales, Yury cree que hay deportes en los que su departamento ganará con relativa facilidad, como en el judo, pero que la definición del título general será muy apretada.

“Pero esto hay que verlo desde otras ópticas. Más allá de ganar o perder en el número de medallas, el Valle se verá beneficiado a futuro, pues quedarán escenarios muy buenos para las futuras generaciones y renacerá en la región la cultura deportiva que se había acabado un poco”, afirma con mentalidad de entrenadora, pues tiene claro que cuando se retire dedicará parte de su tiempo a formar judocas.

Durante las próximas dos semanas Yury dejará sus entrenamientos para convertirse en la hincha número uno de los atletas vallecaucanos. Espera que ellos sean capaces de mantener el primer lugar en el que ella los dejó al conquistar la primera medalla dorada de las justas. “El que pega primero, pega dos veces y como arrancamos bien, vamos a terminar bien”, dice convencida de que el 7 de diciembre celebrará el título con sus compañeros y comenzará oficialmente la Feria de Cali, en la que espera disfrutar sin descanso, pues aunque su actuación duró apenas dos minutos, la preparación le llevó cuatro años de esfuerzo y sacrificio.

En 1926 comenzó la historia

Aunque oficialmente los Juegos Nacionales se celebran desde 1928, cuando la sede fue Cali, dos años antes Bogotá realizó unas justas organizadas por la Asociación Deportiva Colombiana y la Comisión Nacional de Educación Física, en las que hubo representantes de colegios, institutos y universidades de diferentes regiones.

En el programa solamente había pruebas de cinco deportes: atletismo, fútbol, tenis, golf y polo, los únicos que en ese entonces tenían entidades más o menos organizadas.

Curiosamente el reloj oficial para iniciar todas las competencias era el de la Catedral Primada y varias de las pruebas se desarrollaron en la propia Plaza de Bolívar y los potreros aledaños al centro de la ciudad.

Por Luis Guillermo Ordóñez O.

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