El eterno capitán

El domingo a las 3:30 p.m., en el estadio El Campín, el chocoano de 40 años recibirá un homenaje. ‘El Pibe’ Valderrama, ‘El Tren’ Valencia y Ricardo Lunari, entre otros, lo acompañarán.

Bonner Ahmed Mosquera Ramírez empezó a jugar fútbol cuando era un niño, en las calles del barrio Kennedy. “Era delantero y me iba excelente”, dice. A la capital llegó con su familia cuando tenía dos años, proveniente de su natal Condoto (Chocó). Y fue en Bogotá, ya como mediocampista, donde su fútbol brilló y donde su nombre pasó a la historia de Millonarios.

Un día, el moreno decidió probar suerte en ese club. Fue Delio Maravilla Gamboa quien lo aceptó y lo llevó consigo a la quinta división del equipo, donde empezó a escribir su historia. Se convirtió en el jugador que más ha vestido la camiseta de Millonarios, con 524 juegos. En el albiazul jugó 13 de los 14 años de su carrera.

El domingo a las 3:30 de la tarde, en El Campín, el eterno capitán recibirá un homenaje. El Pibe Valderrama, El Tren Valencia, Ricardo Lunari y Andrés Chitiva están quienes lo acompañarán.

¿Le da nostalgia volver a jugar en El Campín, cinco años después?
Recordaré viejos tiempos con mis amigos. Es un homenaje no sólo a mí sino a todos los jugadores que han dejado huella en este club y que estarán el domingo en el homenaje.

¿Aún lo recuerdan en las calles?
Claro. Me estiman bastante. A donde voy me preguntan sobre los momentos felices, los tristes. Los hinchas de Millos me hacen sentir orgulloso de lo que hice.

¿Qué es lo que más extrañó al principio, tras colgar los guayos?
Nada, porque dios me dio la oportunidad de jugar lo suficiente. No siento nostalgia, sino satisfacción. Y me quedo con las anécdotas, de las que aún me río. De concentraciones, de partidos y compañeros.

Ya son casi 20 años desde que debutó como profesional en Millos. ¿Qué recuerda?
No me acuerdo de esos 15 minutos que jugué contra Júnior. Entré por Carlos Rendón y se me borró. Sé que el Nano Prince me dijo que tuviera personalidad, me llenó de confianza. Después sentí una gran felicidad.

¿A cuál técnico le aprendió más?
Todos me enseñaron algo. Nano me dio la oportunidad de debutar, pero tuve a los mejores técnicos de Colombia. A Popovic, a Pinto, a El Pecoso, Peluffo, Castelnoble, Miranovic. Muchos marcaron la historia del fútbol en el país. Unos me dirigieron en la selección.

¿La selección fue otro orgullo?
Me alegró mucho poder estar al lado de jugadores de la talla de Freddy Rincón, El Pibe, Faustino, El Tren. Esa generación fue fantástica. Y claro, el hecho de que compartiera los llamados con mi amigo Osman López fue lindo. Incluso, él jugó más.

Es casi como su hermano, ‘El Fosforito’ López…
Sí, él siempre fue como mi hermano. Tengo una sociedad con él para las academias de fútbol. Hay una gran confianza, por todo lo que vivimos en Millos.

¿Cómo fue la efímera experiencia en el banquillo de Millonarios (2007-2008)?
Uno como jugador depende de sí mismo. Como técnico depende de once y es más difícil. Pero fue muy lindo, y estoy trabajando para hacerlo luego. Ya terminé mis estudios de administración de empresas y continuaré preparándome para ser técnico.

¿Alguien podrá superar su récord: 524 juegos con el azul?
Creo que va a ser duro. La mayoría de los jugadores se van rápido ahora. Para mí será un orgullo.

¿Cuál fue la mayor alegría durante 14 años de carrera?
El reconocimiento que me tiene la hinchada de Millos.

¿Y la tristeza?
Muchas. Sobre todo cuando estuvimos peleando descenso. Fue lo más incómodo de mi carrera.

¿Quién fue el más duro de marcar?
Víctor Danilo Pacheco me daba dolores de cabeza cuando empezaba a jugar. Era muy talentoso.

¿Con quién se daba más zapato?
Yo no daba pata; yo jugaba. Prefería expresar mi fútbol jugando, dándole el balón a los que sabían. Yo quitaba balones limpiamente.

El gol que más recuerda.
El primero. Lo hice desde la mitad de la cancha contra Huila en El Campín, en 1993. Puede ser uno de los más recordados.

¿Lo único que faltó fue esa esquiva estrella 14?
Cierto. Y estuvimos cerca de lograrlo en los subtítulos del 94 y el 96. Incluso viví, mientras estaba en Uruguay, el que hubiera sido mi único título en Millos: el de la Merconorte 2001. Pero más allá de eso, lo más lindo es el reconocimiento que la gente me hace como jugador del club.

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