Por: Antonio Casale

El fútbol que juegan ellas

Achapa, un restaurante de perfil medio que se ufana de llevar 60 años en el mismo lugar, queda al frente del hotel donde estoy hospedado en São Paulo. El sábado, con la tristeza a cuestas por el efecto Tesillo, fui, como todos los días, a encontrarme con mi nuevo amigo João, el mesero estrella del lugar. “Colombiano, mire qué bonito jogo”, me dijo mientras su dedo apuntaba al televisor.

Pensé que era el comienzo de una broma pesada en torno a lo que había pasado horas antes, pero no, estaban jugando Suecia y Alemania por los cuartos de final de la Copa del Mundo femenina y los comensales prestaban especial atención al dramático final del partido que finalmente ganaron las suecas 2-1. En Brasil, a pesar de que las canarinhas quedaron eliminadas hace varios días, la Copa América y el Mundial Femenino son igual de importantes. Ya me decía Óscar Córdoba que no es correcto hablar de fútbol femenino, porque el fútbol es un solo deporte, practicado por hombres o por mujeres, pero uno solo.

Los números que deja por ahora el Mundial Femenino son sorprendentes para muchos, normales para quienes le han apostado decididamente. Se han vendido más de un millón de entradas para los partidos. La señal de televisión se ha visto en 135 países y al menos mil millones de espectadores han tenido acceso a la señal, superando los 750 de hace cuatro años. El juego disputado entre Argentina y Escocia, que terminó igualado a tres goles, ubicó a la televisión pública del país de Messi por encima de la privada (algo inusual), con un rating de 7,7 puntos, que equivale a 1’600.000 personas.

La gente quiere goles y el fútbol practicado por mujeres los tiene. Mientras en los cuartos de final de la Copa América en Brasil tuvimos tres juegos que terminaron cero a cero, el promedio goleador en la Copa del Mundo de Francia es de 2,9 por partido. Apenas ha habido 0,2 expulsiones por juego. La Universidad de Wake Forest de Estados Unidos concluyó en un estudio que los hombres son dos veces más propensos a simular faltas que las mujeres. Es decir, el espectáculo está asegurado cuando juegan ellas.

En Estados Unidos hay 1’700.000 jugadoras federadas. En Holanda, un país de 17 millones de habitantes, hay 200.000. En España, país que se toma en serio esto desde hace unos cinco años, ya hay 60.000. En cambio, la Conmebol no cuenta todavía con una cifra oficial. Así estamos: si en el fútbol que practican los hombres las diferencias con Europa son cada día más evidentes, en el de las mujeres parecen infinitas. La diferencia en premios todavía es grande. En el Mundial de hombres repartieron 400 millones de euros, correspondiendo 38 a Francia, el ganador. El monto para toda la copa femenina es de 30 millones, es decir, entre los 24 participantes se reparten menos de lo que ganó uno solo en Rusia.

Por ahora se comprende, hay menos rating y menos patrocinadores, pero esto irreversiblemente cambiará. Esta semana Holanda, con la temible Mertens, enfrentará a Suecia, y Estados Unidos, comandada por Alex Morgan, intentará batir a Inglaterra. Esas serán las semifinales. Morgan y Mertens son las máximas candidatas a Balón de Oro de la copa.

Entre tanto, en Colombia tendremos, después de una rebelión sin precedentes por parte de algunas jugadoras, un torneo “profesional” que durará poco más de dos meses. Vamos progresando a pie mientras el mundo va en avión.

 

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