El ingeniero del éxito cardenal

No juega, pero en los dos últimos años sus decisiones han sido fundamentales para el renacimiento del Independiente Santa Fe.

Pase lo que pase esta tarde en el partido final de la Liga Postobón entre Santa Fe y Deportivo Pasto, el torneo ya dejó un ganador: César Augusto Pastrana Guzmán, presidente cardenal y artífice del renacimiento deportivo, administrativo y hasta económico del primer campeón de Colombia.

Llegó al cargo en marzo de 2010, en medio de una profunda crisis. No había plata ni para los pasajes. Tampoco patrocinadores. Sí, en cambio, incertidumbre y mala imagen, consecuencias de las denuncias contra algunos de sus dirigentes y allegados.

Pero Pastrana le puso el pecho a la brisa y aprovechó la experiencia que tenía al frente de la Liga de Fútbol de Bogotá, una entidad que maneja cerca de 180 clubes aficionados y casi 20.000 futbolistas. “Va a los campos, ve partidos, entrenamientos. Se mete en el día a día de los equipos. Conoce a los jugadores y sabe del potencial que hay en la capital”, explica su amigo Jorge Chaparro, del club Caterpillar Motor.

Y tiene razón. La primera clave para el éxito de Pastrana es que les apostó a las divisiones menores, se la jugó por los jóvenes. A su llegada, en el equipo profesional casi no había futbolistas capitalinos; ahora, seis de los titulares que enfrentarán al Pasto (Vargas, Urrego, Quiñones, Mesa, Roa, Torres), más algunos suplentes, se terminaron de formar en la cantera bajo su gestión.

También utilizó su experiencia como mensajero, bodeguero, vendedor, hombre de negocios y luego ingeniero mecánico para ordenar la casa y cumplirles a los jugadores. De hecho, en diciembre de 2010, luego de la dolorosa eliminación ante Tolima, en El Campín, presentó su renuncia, pero finalmente se quedó por petición de todo el grupo de futbolistas.

“Es un amigo, una persona que se preocupa por el jugador y que se gana el respeto con hechos. Incluso se concentra con nosotros”, explica el volante argentino Ómar Pérez, que agrega: “He tenido mejores propuestas económicas de clubes colombianos. Un equipo en Argentina me ofreció contrato por tres años y pagarme una vieja deuda, pero por gente como él estoy feliz acá. Quiero salir campeón y luego sí pensar en irme”.

Además, Pastrana entiende de fútbol, porque jugó como delantero en los principales torneos de la ciudad. En septiembre pasado decidió cambiar de estratega. Sacó a Arturo Boyacá y puso en el banquillo a Wilson Gutiérrez. Esa fue una jugada maestra que ni los medios de comunicación ni la hinchada respaldaron.

“Fue un error de comunicación entre técnico y presidente. Ambos deben ir de la mano y no hubo ese eco que esperaba. Pero Wilson estaba trabajando con él y es parte del mismo proceso, porque Boyacá logró una identidad, la misma que todavía ponemos en práctica. Ahora estamos viendo los frutos de esa decisión”, explica el directivo.

¿Qué más ha incidido para que Santa Fe esté tan cerca de la séptima estrella?

La hinchada. Esos 8.226 abonados y todos los miles de aficionados que se han vuelto a enamorar de su equipo y que hoy se sienten orgullosos de verlo en la final.

¿Cuál ha sido el momento más difícil de su gestión?

Hubo varios, pero especialmente esos en los que no había plata. Por fortuna hoy Santa Fe es viable, se está democratizando y pronto se capitalizará.

¿Ha llorado durante estos dos años?

Sí, después de ese increíble gol de Wílder Medina, en 2010. Y luego del partido con el Caldas, el año pasado. Fueron golpes muy duros.

¿Se siente campeón?

Me visualizo campeón, pero trabajo para serlo, al igual que todo el equipo. La fe sin la acción no sirve.

¿Es muy creyente?

Mucho, soy un hombre de Dios; no fanático, pero soy muy mariano y leo la Biblia.

¿Qué le dice su familia?

Mi esposa Nelly y mis hijos, Daniela, César Alfonso y Julián Augusto, están felices, después de tanto sufrimiento es apenas justo que disfruten, como toda la familia cardenal, porque Santa Fe hoy es una gran familia en la que estamos unidos jugadores, dirigentes, técnicos, trabajadores e hinchas.

¿Qué proyectos futuros tiene?

Quiero ver al equipo totalmente democratizado, con 5.000 o 6.000 socios que lleguen a la bolsa. Que seamos protagonistas en un torneo internacional. Que sigamos fortaleciendo las divisiones menores y que tengamos una gran sede social, acorde a la historia del club.

¿Y cómo ve al Pasto, el rival de la gran final?

Un equipo que ha llegado acá con méritos, con creces. Logramos un buen resultado en Pasto, pero sin duda es una final muy pareja. Las experiencias del pasado nos han enseñado que no podemos ser triunfalistas, pero veo a mi grupo muy serio, mentalizado y unido.

Además con estadio lleno: $3.500 millones de taquilla.

Sí, una plata que le entra al club, al plantel, que trabaja con un retroactivo y un premio mayor. La gente puede estar tranquila porque ese dinero se utilizará bien, con transparencia, como se ha hecho aquí.

37 AÑOS DE AYUNO

Desde aquel título de 1975 (venció en la final al DIM), con figuras en la cancha como Carlos Alberto Pandolfi, Luis Gerónimo López, Óscar Bolaños, Alfonso Cañón, Héctor Javier Céspedes, Hernando Piñeros, Alfonso Cachaco Rodríguez, Rafael Pacheco y Ernesto Díaz, entre otros, y bajo la dirección del chileno Francisco Hormazábal, Independiente Santa Fe, que entonces conquistó su sexta estrella, no gana un campeonato. (Ver infografía).

Lo más cerca que estuvo fue en 1979, cuando el América del doctor Gabriel Ochoa Uribe se llevó la estrella, y dirigido también por Hormazábal. Los dos equipos rojos terminaron el cuadrangular empatados con ocho puntos, pero el club escarlata se llevó la corona por ser segundo del Apertura y primero del Finalización.

Y en 2005, cuando de la mano de Germán Basílico González cayó con Atlético Nacional, al empatar 0-0 en El Campín y perder 2-0 en el Atanasio Girardot. Hoy podría cortar el ayuno de 37 años, en los que han desfilado 39 técnicos y jugadores de la talla de Hugo E. Gottardi, Sapuca, Sergio Daniel Odine, Fernando Álvez, El Tren Valencia, Daniel Tílger, Édison Mafla, Léider Preciado y Rafael Dudamel, entre otros.