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El Palito de Tandil

El Espectador compartió con Juan Martín del Potro, nueva sensación del tenis mundial.

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Daniel Avellaneda / Corresponsal en Buenos Aires
21 de septiembre de 2009 - 09:15 p. m.
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El argentino que hunde sus manos en el cielo de Tandil es el mismo que cumplió con el sueño americano. Ese flaco espigado que alza sus brazos subido a un camión de bomberos, que saluda a esa multitud de coterráneos con un involuntario gesto político, es el mismo que le hizo sacar el sombrero hasta al propio Tío Sam. Juan Martín del Potro está en su ciudad, a 350 kilómetros de la capital argentina, con un orgullo que no tiene fronteras. Acaba de conquistar el US Open, ese Grand Slam que lo desvelaba cuando era más pibe, el que sólo dos compatriotas habían ganado: Guillermo Vilas y la notable Gabriela Sabatini. Pero lo hizo ante Roger Federer, un señor tenista. Por eso es mayor la dimensión del éxito. Por eso se asoma al balcón de la gobernación como si fuera Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de los argentinos. Por eso los habitantes de estas latitudes están conmovidos por un hombre que hizo del deporte blanco, ahora multicolor, una auténtica revelación de pasiones.

El quinto Beatle

No empezó ayer la historia de Del Potro, claro. La está escribiendo desde hace tiempo con la mágica tinta de su raqueta. Desde que tenía edad escolar, casi en el mismo instante en que comenzaba a aprender a leer. Tenía seis añitos en el momento en el que llegó al club Independiente de Tandil. Marcelo Gómez era el entrenador que observó que su brazo derecho estaba destinado ser un arma mortal red de por medio. El mismo que lo llevó a jugar su primer torneo Nacional, en Bragado, el que significó su despegue. De ahí en adelante, la carrera de Juan Martín fue de menor a mayor.

Con apenas 16 años, fue el jugador más joven en llegar a estar entre los 200 primeros del circuito. También, el de menor edad entre los top 100. La sorpresa del tenis argentino, en apenas cuatro temporadas, se transformó en uno de los cinco mejores jugadores de la actualidad, a tal punto que formará parte del Masters de Londres, a fin de año, en el que también participarán Federer, Nadal, Djokovic y Murray. Sin pensarlo, será el quinto Beatle en ese torneo que habitualmente se disputa en Shangai, y jugando con los ‘Cuatro Fantásticos’ de los que siempre quiso tener algo, a pesar de que ya tiene su propio sello dentro del planeta de la pelotita amarilla. “De Roger me encanta el estilo. De Rafa, la actitud y la mentalidad ganadora. De Djokovic, el físico, la flexibilidad y el carisma. Y de Andy, la inteligencia. Yo soy muy tranquilo fuera de la cancha y dentro de ella también. Esa es mi virtud. Por momentos, me impresiono por lo que hice. Tengo claro que las cosas llegan tarde o temprano con mucho sacrificio y no me relajo, no me siento satisfecho con lo que conseguí. Siempre busco más. Todavía soy muy joven y trato de aprender de los mejores”, dice.

Y a pocos se les escapa que puede llegar a ser el número uno del mundo más temprano que tarde por esa potencia demoledora en su saque, esa derecha ganadora y la actitud para afrontar partidos como si tuviera más años que los que declara su cédula de identidad.

Yo soy palito

Desde gurrumín (chiquillo)  tiene un cuerpo delgado. Por eso, más allá de que ahora que es el tenista top del país se lo reconoce con un diminutivo de su apellido: ‘Delpo’, a Juan Martín le decían ‘Palito’ en Tandil, la ciudad que se hizo famosa en 1912 por su famosa Piedra Movediza, esa roca que oscilaba en un monte y que cayó, más allá de que haya una réplica turística en su lugar. “Es mi lugar en el mundo”, dice. Ahí, donde comparte la vida con Patricia y Daniel, sus padres, y Julieta, su hermana, a quien le obsequió el Mercedes Benz que se adjudicó por ganar el primer título de su carrera, en Stuttgart, como regalo de cumpleaños. Ellos son su familia, aunque siempre recuerda a otra hermana, fallecida en un accidente automovilístico cuando Juan Martín ni siquiera pensaba en gatear. “Pienso mucho en mis amigos, en mi familia y en mi hermana, que me sigue desde el cielo y sé que me ayuda. Y también, en mi equipo de trabajo. Ellos están conmigo día a día, son los que gozan o sufren por mí y dentro de la cancha están sintiendo el partido igual que yo. Eso me pone feliz. Por eso entrego todo”, confiesa Del Potro, que mañana cumplirá 21 años, la mayoría de edad en el territorio argentino, pero tiene la historia de un veterano detrás. Es que, fuera del tenis, es como cualquier hijo de vecino. Y en su MP4 nunca falta una canción colombiana. Porque entre otros intérpretes, uno de sus favoritos es Shakira. También seducen sus oídos U2 y Maná. Le gustan las películas y las series de TV, esas en las que se interna cuando tiene un rato libre en el hotel. Lost, 24 y Prison Break están entre sus favoritas. Para tomar, elige el vodka. Y su equipo de fútbol es Boca Juniors. Lleva la pasión arraigada por el equipo más popular de la Argentina. De hecho, el domingo estuvo en La Bombonera para ver a Martín Palermo, su ídolo, y recibió una plaqueta de honor. Tanto late su corazón por Boca, que hasta le regaló una camiseta azul y oro a Federer, con su apellido en el dorsal.

Al suizo, justamente, lo batió en el torneo que se ilusionaba con conquistar cuando era chico. Sin ir más lejos, el año pasado había asegurado que era ilógico pero quería el US Open, más allá de que la mayoría de los argentinos prefiere jugar sobre superficies de ladrillo. “Me gusta ese torneo y Estados Unidos, especialmente. Me tratan bien”, justificaba sin mayores explicaciones.

¿Y ahora que cumplió su sueño?

Todavía no caigo. Es complicado asimilar lo que viví desde esa pelota que a Roger se le fue larga. Era mi sueño de siempre ganar el Abierto de Estados Unidos. Estaba nervioso al principio, por el público, por la adrenalina que generaba tener la responsabilidad de jugar una final de esa naturaleza y ante un gran campeón como Roger. La verdad, fue una de las mejores cosas que me han pasado en la vida y siempre lo voy a valorar.

Franco Davin fue clave en este momento. Ganador de apenas tres títulos como tenista, se destacó por estar muy cerca de los campeones. Entrenó a Guillermo Coria y Gastón Gaudio y fue capitán del equipo argentino en la Copa Davis. “Él me pone los pies sobre la tierra”, dice ‘Delpo’. Y así es. Siempre estuvo a su lado en los momentos claves, como su preparador físico, Martiniano Orzai, y su agente, Ugo Colombini.

“Franco es un hombre centrado, sin dobleces. Es simple y sabe perfectamente lo que pretende. Tanto es así que, aunque venga alguien y le diga lo contrario, nunca modificará su manera de pensar y proceder. Y todo eso me lo transmite a mí. Me da confianza, es seguro de sí mismo y todo eso lo siento. Al cabo, es fundamental para estar en un alto nivel de rendimiento”, dice Juan Martín de su coach.

Asegura que no le preocupa tener que madurar de golpe. De hecho, Del Potro es apenas un chico. “Cuando me toca jugar, en los momentos importantes, tengo que pensar como una persona grande. La circunstancia te obliga a no sentirte de 20 años. Por supuesto que vuelvo a mi edad cuando estoy con mis amigos y disfruto lo mismo que ellos. Porque no está bueno saltarte etapas en la vida. El tenis tiene esa característica. Te lleva a una madurez que para algunas cosas es buena y para otras, no tanto. Pero yo estoy muy feliz”, reconoce. Y no cambiaría por nada del mundo este deporte, ni siquiera que le propongan ser Martín Palermo. “Sería un buen goleador, je”, devuelve, como cada vez que se arrima a la red. Así es Del Potro, este pibe que es sensación mundial y va por más.

Una Torre en La Bombonera

Juan Martín del Potro cumplió este fin de semana otro sueño de chico, al recibir en el estadio La Bombonera un homenaje del club de fútbol Boca Juniors, del que es simpatizante, y una ovación de la hinchada. Vestido con la camiseta xeneize, el campeón del reciente Abierto de Estados Unidos, su primer Grand Slam, posó para los fotógrafos con el equipo, junto a sus ídolos Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Hugo Ibarra y Sebastián Battaglia, entre otros, y arrojó balones a los graderíos, donde la multitud coreó su nombre.

“Estar aquí, en esta cancha, es uno de los sueños de mi vida”, dijo el tenista de Tandil, quien desde su llegada a Buenos Aires ha recibido numerosos homenajes como el deportista más destacado del momento en su país.

Nadal, segundo

Rafael Nadal, quien avanzó hasta las semifinales del Abierto de Estados Unidos, se encuentra a 2.410 puntos de Roger Federer, tras recuperar el número dos del mundo que había perdido con Andy Murray. El campeón del US Open, Juan Martín del Potro, figuró en el quinto puesto. Entre tanto, se confirmó que Nadal no asistirá al Abierto de Tailandia, debido a una lesión abdominal.

Por Daniel Avellaneda / Corresponsal en Buenos Aires

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