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El porqué de la discreta actuación de 'La Chechi' en Italia

Una de las razones por las que María Cecilia Baena no brilló en el Mundial es que sufrió hace dos semanas un esguince de tobillo.

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Juan Diego Ramírez
13 de septiembre de 2012 - 09:53 p. m.
La patinadora cartagenera de 25 años volvía a un mundial con la selección Colombia después de seis temporadas de ausencia. /Andrés Torres
La patinadora cartagenera de 25 años volvía a un mundial con la selección Colombia después de seis temporadas de ausencia. /Andrés Torres
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Soltó sus manos de la parrilla de la moto que manejaba su entrenador Iván. Su inercia alcanzó los 80 kilómetros por hora en plena curva, pero las llantas de sus patines no apoyaron y terminó con la cara en el pavimento. La sangre en sus rodillas, muslos y antebrazos escandalizó a sus compañeros y sintieron culpable al técnico que manejaba. El diagnóstico, dos semanas antes de que empezara el Mundial de Patinaje en Italia, alarmó a la selección Colombia de esa disciplina que se preparaba en Bogotá: María Cecilia La Chechi Baena había sufrido un esguince grado dos en uno de sus tobillos.

La cartagenera de 25 años volvía a un Mundial luego de correr por tres años en circuitos callejeros y Elías del Valle, entrenador de la selección Colombia, la consideraba una de sus fichas claves para buscar revalidar el título, pues el país había ganado en 2010 y 2011. “Soy un ejemplo para este equipo, porque soy la que más experiencia tiene. Entonces me había parecido lindo este regreso. Y al ver cómo muchos se preocupaban por mi situación, decidí no rendirme”, explica La Chechi Baena, quien en definitiva participó con esa lesión.

Durante seis años de ausencia, tiempo en que Colombia ganó cuatro títulos mundiales, Baena vivió en Suiza, Alemania y ahora está radicada junto a sus compañeros de equipo en Nantes. En junio pasado en los nacionales clasificatorios logró un cupo y se ilusionó con sumar un título más a los seis seniors y 18 juveniles que posee.

Pero consecuencia del dolor no ha ganado medalla hasta ahora y de hecho fue expulsada tras agarrar a la italiana Erika Zanetti en la última curva de una prueba contrarreloj, por lo que no pudo correr 1.000 metros ni relevos. Ella, obstinada, no prestó atención a quienes le aconsejaron no competir. Por eso los resultados.

Antes de partir a Italia, la escena que vio este reportero durante el primer entrenamiento de Baena después de la caída que dañó su tobillo, era un presagio adverso: Se quita la blusa sin rubor y se sube la trusa que amarraba en su cintura. Se descalza y se ajusta los patines, sin medias pero con esparadrapos recién cortados y puestos por Armando Cárdenas, el quiromasajista del equipo, mientras ella llora con desasosiego. Saca sus gafas y el ipod del maletín, y se coloca el casco y los guantes. “¿Y yo para qué muletas? El cuerpo de un patinador está siempre expuesto a este tipo de lesiones y debo ser fuerte para asimilar el dolor”, decía en ese entrenamiento.

“Ya me he preparado todo el año y adquirí una responsabilidad con mi equipo y con el país porque prometí ganar muchas medallas. No puedo dejar de competir”, dice con disgusto y resignación. “Hace rato no corría por mi país y decidí hacerlo porque yo soy un ejemplo para muchos patinadores del equipo que quieren seguir mis pasos en los circuitos callejeros de Europa, entonces no podía dejar que este obstáculo me detuviera y al menos debía intentarlo. Y lo importante es que Colombia revalide el título”, añade.

En Italia la infiltraron y usaron bolsas de hielo para su tobillo. Toleró el dolor cada vez que en las pruebas tenía que empujar con su tobillo hacia atrás. Pero sucumbió ante la incomodidad. Por fortuna Colombia no la extrañó, porque desde que empezó el Mundial, el equipo dirigido por Elías del Valle arrasó en las pruebas de pista y también se está quedando con las de ruta.

Para La Chechi eso es una felicidad relativa. Dice frases de retiro como “ahora hay que disfrutar”, “si nos nombran deporte olímpico ya no estaré patinando y será mi sueño frustrado”, “quiero dedicarme luego al periodismo y a la escuela de patinaje en Cartagena”. Y reflexiona como sólo lo hacen los curtidos de un oficio: “Es duro cuando uno está acostumbrado a ganar y no puedes hacerlo. Por eso hay que aprovechar tu cuarto de hora, porque una lesión como esta se sale de tus manos”.

Por Juan Diego Ramírez

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