El sueño de San Agustín

Podría ser campeón de liga como gerente deportivo del club. Cuando jugaba no pudo.

Santa Fe marcó los capítulos del libro de la vida de Agustín Julio.

La primera visita a Bogotá. Llegó en chancletas y camisilla hace más de 20 años, con la piel reseca por el frío y colgando una maleta con lo necesario. Había pasado una prueba de 200 jóvenes de 16 años promedio para representar a Santa Fe en el torneo del Olaya.

Su primera borrachera, en ese diciembre fuera del barrio Escallón Villa de Cartagena donde se crió. “Nunca había pasado solo un 31 y me volví una etcétera tomando aguardiente. El problema es que a los dos días jugaba en el Olaya y yo no paraba de vomitar. Pude jugar, menos mal, pero prometí no volver a tomar nunca. Bueno, ya casado me volví a meter otra”, dice Julio, con la sonrisa de sus mejores días.

El primer carro. Un Fiat Premio usado, que Santa Fe le dio en compensación de sueldos atrasados, cuando Julio tenía 26 años y hacía cuatro que había debutado como profesional en un partido contra Envigado en El Campín, que terminó 1-1. “Ese carrito lo amé, porque me recordaba cuando estaba en la cantera y tenía que irme caminando desde el barrio Villas de Granada, donde vivía, a La Florida a entrenar, pues la buseta siempre pasaba llena”.

Los mejores recuerdos de sus 14 años de arquero profesional están atados a Santa Fe, el equipo con el que empezó y con el que mucho después ganó la Copa Colombia 2009 como capitán. El club donde se retiró y del que ahora es su gerente deportivo.

“No olvido nada: la bandera que ondeaban los de la barra con la foto de Léider Preciado, La Cachaza Hernández y la mía, cuando jugábamos más por el amor al club que por el dinero”, afirma Julio, que empezó jugando primera base en las canchas de béisbol de Cartagena y luego, sin la aprobación de sus padres, prefirió el fútbol.

Y continúa: “Anécdotas en Santa Fe tengo mil. Una vez estaba jugando de visitante contra Real Cartagena. Y un señor del público me repetía para desconcentrarme: ‘Julio, yo me como a tu mujer. ¡Julio…!’. Cuando luego escucho un alboroto. Era mi esposa peleándole al tipo”, bromea el exportero de la selección de Colombia en las eliminatorias al Mundial de 2010.

“Cómo olvidar los enfados de El Pecoso Castro, cuando yo era su capitán. Una vez me gritó: ‘Julio, péguele un puño a Hilario (Cuenú) que está muy dormido’. Por qué no le pegas tú, le dije. ‘Porque ese man a mí me mata”, cuenta.

La tristeza le cerró el paso en 2001 y en 2010. La primera fecha, cuando lo sacaron del equipo por decisión técnica (“eso me hizo madurar y por eso en 2008, cuando volví al club, lo amé más”). La segunda, cuando Tolima eliminó al equipo en las semifinales de 2010, con un gol de Wílder Medina (“Ahí pelé el cobre, pues nadie antes me había visto llorar en un camerino. Es que pensé que íbamos a ser campeones”).

Es extraño verlo en su actual oficina modesta vestido de paño y no en un arco. Para él tiene algo de ajeno ver partidos desde el banquillo y mucho más estar tan cerca de un título, pero como gerente deportivo del club. “Es raro porque así yo participe mucho con el cuerpo técnico, no tomo decisiones. Aunque mis opiniones sí son tomadas en consideración. Pero bueno, tanto que he vivido acá me hace querer mucho a esta institución. Y lo importante es que consigamos el título, es lo que quiero como hincha”, dice Julio, optimista del resultado de hoy en el juego de ida en Pasto.

“Esto se veía venir. Cuando haces las cosas bien en la parte administrativa, en lo deportivo se tienen que ver los resultados. Y Santa Fe lo está haciendo excelente. En todos los aspectos, estamos viviendo la mejor cara de la institución en muchos años”, explica Agustín, de 37 años.

Este nuevo capítulo lo escribe como gerente. Pero lo siente como jugador.

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