Por: Antonio Casale

El tamaño real

Los elevamos como globos y después les damos como a ratas. A nuestros deportistas los dimensionamos al vaivén de las pasiones y no en su justa medida. Cualquier análisis de una actuación debería partir de reconocer su verdadero tamaño como humanos y como colombianos. El nuestro, a pesar de los esfuerzos de los últimos años, sigue siendo un país en el que se es deportista a pesar del Estado y no gracias a él. Nairo Quintana es el caso más reciente. Hay gente a la que no le basta con que el tipo haya ganado un Giro de Italia, una Vuelta a España y haya sido dos veces segundo en el Tour de Francia, entre otros grandes logros. Si gozáramos de una cultura deportiva sana estaríamos analizando las razones por las cuales se aleja paulatinamente de la élite, pero partiendo de lo que ha ganado. Quintana es el mejor ciclista colombiano de la historia, sin discusión, pero estuvo lejos de ser el mejor de la historia mundial. Su biotipo, en ocasiones su equipo y vaya a saber usted qué tipo de condiciones mentales se lo impidieron. Todavía nos puede sorprender, aunque será difícil verlo ganar el Tour como él mismo quisiera, pero uno mira para atrás y sus logros son superlativos.

Lo mismo pasa con James. Es el colombiano que más lejos ha llegado en el planeta fútbol. Ser goleador de una Copa del Mundo, jugar en el Real Madrid de manera brillante en sus dos primeras temporadas, ir al Bayern Múnich y llevar con su liderazgo futbolístico a Colombia a dos mundiales, son logros que nadie había conseguido. Pero de ahí a que James sea uno de los mejores diez jugadores del mundo en los últimos años hay mucho trecho. Es un maravilloso jugador que se lesiona frecuentemente y al que le falta un peldaño para ser el solucionador de problemas que todo equipo de élite mundial espera y, ojo, no son más de cinco equipos los de esa élite. Al igual que Nairo, todavía puede sorprender con más momentos históricos, pero su tamaño real es el de sus logros. ¿Nada mal, ah?

Así podríamos pasarnos horas tratando de dimensionar el tamaño real de nuestros héroes. Tampoco se trata de convertirnos en porristas, pero hay que guardar las proporciones. Para comenzar a enriquecer nuestra cultura deportiva hay que reconocer que, si bien no somos inferiores a nadie, pertenecemos a un país subdesarrollado que se encuentra viviendo la edad de oro de su deporte a pesar de las desventajas que supone competir con los países que son potencia. Ellos también sueñan, se preparan para ganar y, lo más importante, invierten mucho más dinero en educación, nutrición y fortaleza mental, así como en formación física y técnica. Nuestro tamaño como país deportivo es un poco más grande que mediano en lo general. Si partimos de ahí valoraremos de una manera más justa a nuestros exponentes y les brindaremos el reconocimiento que merecen.

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2019-07-22T06:00:00-05:00

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