El técnico de Santa Fe, con sentido de pertenencia

El estratega bogotano acabó de cumplir 41 años y lleva más de 30 vinculado al club cardenal.

Especialmente en los cuadrangulares ha demostrado ser hábil para planear los partidos y cambiar de estrategia.

En los últimos 37 años por Santa Fe han pasado todo tipo de técnicos. Nacionales, extranjeros, altos, bajitos, gordos, flacos, temperamentales, tranquilos, intensos, relajados, académicos y empíricos.

Sin embargo, los únicos que han marcado la historia del club cardenal tienen algo en común: sentido de pertenencia. Diego Édison Umaña fue campeón de la Copa Colombia en 1989, al igual que Germán Basílico González, en la edición de 2009. Ambos pasaron por el equipo profesional y aprendieron el significado de vestir la camiseta cardenal.

Lo mismo ocurre ahora con Wilson Gutiérrez, quien llegó a jugar al club a finales de los años 70 y pasó por todas las categorías menores hasta debutar en la primera división. Ahora como técnico ha sido el artífice de la excelente campaña albirroja, que espera coronar con el título de liga que no consigue desde 1975.

“Aparte del trabajo y la dedicación, sentir amor por el equipo y ser hincha es algo fundamental. Eso te permite entender mejor al aficionado, sentir lo mismo que la gente”, explica el bogotano de 41 años de edad, la mayoría de ellos vinculado al Santa Fe.

“Estoy en este club desde que tenía ocho años. Me acuerdo que comencé el proceso en la quinta división, con Diego Gutiérrez, quien después jugó mucho tiempo en Estados Unidos. Después tuve compañeros con los que llegamos al equipo profesional, como Roberto Vidales, Mauricio Matallana, Hílmer Lozano, Alejandro Zea, Cheo Romero, el arquero Juan Carlos Quintero, entre otros”.

Gutiérrez era volante de creación. En esa época ya mostraba su inteligencia en la cancha. Su capacidad para ver y analizar los partidos. Era un futbolista técnico, serio y de buen manejo de la pelota, quien eventualmente asumía en la cancha las tareas de algún compañero.

Eso, precisamente, fue lo que hizo que Arturo Boyacá le pidiera que actuara en diferentes posiciones cuando lo incluyó en el primer equipo. Como jugador logró el subtítulo de la Copa Conmebol, en 1996, bajo las órdenes de Pablo Centrone.

Entre 2003 y 2005 Wilson quemó sus últimos cartuchos en Equidad. Colgó los guayos, pero inició su aventura en los banquillos, aunque también estudió ingeniería agropecuaria. Dirigió el equipo asegurador en el torneo del Olaya y en la Primera C.

“Después me contactó el profesor Centrone y me ofreció acompañarlo como su asistente en el Alianza de El Salvador. Fue una experiencia muy enriquecedora”. Regresó y se vinculó a las divisiones menores de Santa Fe. Y tras un breve paso por el Juventud Girardot, el año pasado se hizo cargo del conjunto cardenal, luego de la salida de Arturo Boyacá.

“He madurado mucho, me he fortalecido. Con la ayuda de Dios y las aptitudes de los muchachos hemos hecho dos campañas bonitas, en las que el equipo ha mostrado solidez e identidad”, dice el entrenador albirrojo, quien especialmente en los cuadrangulares ha exhibido su versatilidad, pues ha cambiado de módulo táctico, de estrategia e incluso de jugadores de acuerdo con los rivales.

Al respecto Gutiérrez comenta: “Escucho a todo mundo, pero quien toma las decisiones soy yo”. Fue valiente cuando llegó, al sacar del once titular a varios de los referentes del equipo, como Gerardo Bedoya, Léider Preciado, Agustín Julio, Sergio Galván y Germán Centurión. También para jugársela con futbolistas de la casa, entre ellos Camilo Vargas, Julián Quiñónez, Francisco Meza, Hugo Acosta y Juan Daniel Roa. Y astuto al devolverle un lugar a Bedoya cuando el equipo requirió un hombre experimentado en el mediocampo.

El técnico cardenal insiste en que “hay que tener los pies sobre la tierra. Llegamos a la final con méritos, pero vamos a enfrentar a un rival muy complicado. Tenemos con qué ser campeones, pero debemos demostrarlo en los dos partidos ante el Pasto. Estoy ansioso, quiero jugar ya, quiero darles a todos los santafereños lo que estamos buscando hace tantos años, pero sé que es el momento en el que más tranquilos y sensatos debemos estar”.

Serio, un poco tímido y siempre respetuoso, Wilson Gutiérrez está a punto de hacer historia con el Santa Fe. Nadie se imaginaba hace algunos meses que El Flaquito, como le dicen desde que se puso por primera vez la camiseta cardenal hace más de 30 años, estaría tan cerca (pero tan lejos a la vez) de colgarle la séptima estrella al escudo albirrojo.

Decenas de técnicos pasaron por el banquillo sur de El Campín y no encontraron la fórmula del éxito, la fórmula que estaba en casa, en los campos de La Florida, Chigüiros, La Morena y el Centro de Alto Rendimiento. La fórmula que Wilson Gutiérrez tenía en la cabeza.