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Entre la gloria y el infierno

‘El fenómeno' ha pasado de inmensas alegrías a enormes tristezas como consecuencia de sus problemas físicos.

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Redacción deportiva
19 de febrero de 2008 - 09:31 a. m.
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Si hay un futbolista que sabe lo que significan la gloria y el infierno ese es Ronaldo Luiz Nazario de Lima. El atacante brasileño, nacido en un barrio marginal de Río de Janeiro el 22 de septiembre de 1976, ha saboreado como ninguno las mieles de la victoria, pero también ha padecido más adversidades que la mayoría de sus colegas.

Al comienzo, su carrera deportiva parecía un cuento de hadas. Con 17 años se estrenó en el profesionalismo y ocho meses después, aunque no actuó, fue parte de la nómina del equipo de su país que ganó el Mundial de Estados Unidos 1994. Casi de inmediato fue transferido al PSV holandés y tras dos exitosas temporadas pasó al Barcelona español, en donde se consagró al convertirse en el mejor jugador de la Fifa en 1997.

Entonces, El Fenómeno, como lo bautizaron, pasó al Inter de Milán y allí también deslumbró antes de llevar a su selección hasta la final del Mundial de Francia 1998. Pero precisamente la noche del 12 de julio de ese año conoció por primera vez el infierno. Horas antes de enfrentar al equipo local, Ronaldo sufrió convulsiones por una intoxicación y estuvo a punto de no jugar. Finalmente fue inicialista, pero no pudo levantar la copa porque inesperadamente Brasil cayó  3-0.

Y cuando la herida sicológica que le había causado la derrota ante Francia apenas comenzaba a cicatrizar, una grave lesión en la rodilla derecha, durante un partido Inter-Lecce, lo dejó por fuera de las canchas durante año y medio.

Pero Ronaldo se levantó como el ave fénix y luego de varias operaciones regresó a las canchas con el objetivo de recuperar la gloria perdida. Esa alegría le duró seis minutos pues el 12 de abril de 2000, cuando reaparecía en medio de los aplausos en el estadio Olímpico de Roma, el tendón de su rodilla se volvió a romper y el brasileño regresó al quirófano.

Su fama, más que el juego que mostró al volver a jugar a comienzos de 2002 le sirvió para ser parte de la selección brasileña que participó en el Mundial de Corea y Japón. En el Lejano Oriente, Ronnie recuperó su lugar en lo más alto de la élite del balompié, al coronarse campeón y goleador del torneo.

Nuevamente bañado en gloria se dejó tentar por los millones del Real Madrid y allí vivió cuatro temporadas de altibajos. Contínuas lesiones musculares le impidieron demostrar que era el mismo de antes y terminó relegado al banquillo merengue.

Pero en Alemania 2006 brilló nuevamente. Aunque su equipo decepcionó, con los tres goles que anotó Ronaldo se convirtió en el maximo artillero en la historia de los mundiales, al sumar 15 anotaciones en 20 partidos.

Sus más recientes temporadas en el Milan fueron apenas aceptables, pero nada acordes a su historia. Los problemas musculares, que según sus críticos son consecuencia del exagerado uso de complementos vitamínicos y hormonas de crecimiento durante su adolescencia, además de poca disciplina de entrenamiento, no le permitieron siquiera jugar dos partidos completos seguidos con los rojinegros.

Y aunque ya no gozaba del mismo prestigio de antes, Ronaldo se consideraba un futbolista feliz, hasta que el miércoles pasado, cuando al ingresar al campo de juego en un partido por la liga italiana ante el Livorno, el tendón rotuliano de su rodilla izquierda cedió.

Con 31 años, el retiro del Fenómeno parece inminente pues necesitará al menos un año para recuperarse. Y aunque está acostumbrado a levantarse de entre las cenizas, esta nueva prueba del destino podría ahora sí alejarlo de las canchas. Al fin y al cabo, a pesar de una carrera entre la gloria y el infierno, ya no tiene nada qué demostrar, lo ganó todo.

Por Redacción deportiva

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