9 Dec 2018 - 2:00 a. m.

Equipo Caro Wagner: inspiración sin límites

Cambiar la perspectiva, nunca parar y divertirse. Esa es la filosofía del equipo Caro Wagner, ganador del premio Juego Limpio Guillermo Cano.

Javier González Penagos - Twitter: @Currinche

"Soy feliz de tener un niño especial, fue lo mejor que me pasó en la vida. Nos cambió todo, pero para bien”, asegura Óscar Caro. 
 / Nelson Sierra G.
"Soy feliz de tener un niño especial, fue lo mejor que me pasó en la vida. Nos cambió todo, pero para bien”, asegura Óscar Caro. / Nelson Sierra G.

Hay sonrisas que compensan esfuerzos, ilusiones que reparan tristezas y satisfacciones que liberan desconsuelos. Hay también desafíos que enseñan e inspiran, los mismos que nos hacen vencer límites. La vida de Luis David Caro, un inalcanzable de 16 años, demuestra que no existen obstáculos perpetuos ni dificultades invictas. Y es que lo que para algunos sería una desventaja, para él es una fortaleza.

Un paro cardiorrespiratorio cuando no superaba los seis meses derivó en una parálisis cerebral que hoy hace que le cueste un poco más moverse o hablar. No es un impedimento ni una discapacidad, solo un desafío diferente del que ha aprendido a nunca parar. Con esa confianza ha encarado triatlones en San Andrés y Paipa, así como maratones en Miami o Medellín, sumando al menos veinte carreras y casi 500 kilómetros de competencia. Todo de la mano de Óscar Caro, su papá, que también aprendió a inspirar.

Juntos conforman el equipo Caro Wagner, una dupla que desprende esperanza y coraje con cada trote, pedalazo o brazada. El esfuerzo es sobrehumano, pero para Óscar basta la alegría de Luis David para recargarse de energía. “Veo su sonrisa cada vez que pasamos una meta y eso lo paga todo”, asegura y aunque pareciera que es Óscar quien llevara a su hijo sujetado a la bicicleta, halado a un bote o enlazado mientras corre, para él es Luis David quien lo sostiene no solo cuando compiten, sino en cada escenario de sus vidas.

La negativa de Luis David a seguir con terapias y su determinación por afrontar aún más retos fue el origen de todo. Una película, inspirada en un triatlón llamado Ironman —en el que los participantes deben nadar una distancia de 3,8 kilómetros; recorrer 180 kilómetros en bici y andar a pie otros 42 kilómetros— también orientó su destino.

“Se acabó la película y me dijo: ‘Eso me parece muy bacano, hagámoslo’ y le respondí: ‘Espera, pero es que yo ni sé montar bicicleta y mucho menos nadar. ¡Estás loco! Y bueno, así empezó todo”, recuerda Óscar, quien le siguió la cuerda a Luis David a cambio de su sonrisa. “Comenzamos con competencias normales, incluso tranquilas. Luego él me dijo que ya estaba muy aburrido, que hiciéramos algo mucho más grande”.

Paradójicamente, para el equipo Caro Wagner lo difícil no es terminar una carrera, sino llegar a ella. La logística, transportar los equipos especializados y hacerle frente a la intolerancia e insensibilidad de las aerolíneas, que insisten en cobrarles de más por el tamaño de su equipaje, muchas veces hacen que se abstengan de competir.

“Llevamos la silla de ruedas para correr, que mide casi dos metros, también una bicicleta y el bote. En los aeropuertos, especialmente en Colombia, hay mucha insensibilidad. Siempre nos quieren cobrar exceso de equipaje. Cuando competimos y acaba el triatlón, todo mundo se va a descansar; pero a mí me toca armar el bote con mi esposa, empacar las cosas, desarmar la silla de ruedas… El triatlón no termina para nosotros”.

No ha sido fácil. Para poderse preparar, cada día Óscar se levanta a las 3:30 de la madrugada para entrenar hasta las 6:00 de la mañana. Luego, se alista para llevar a Luis David al colegio y de nuevo, se ejercita al mediodía. En las noches, después de acostarlo, retoma el entrenamiento.

En los intervalos de tiempo hace frente a otra disputa. Lidera, gestiona recursos y apoya a niños como Luis David mediante la fundación Fidet, que decidió crear en Barranquilla junto a su esposa para apoyar a pequeños con discapacidad, problemas motores y parálisis cerebral. “Nos dedicamos a habilitar a estos pequeños, a cambiar perspectivas y a llevar un mensaje de inclusión”.

Luis David, quien sueña con ser médico para ayudar a otros, también tiene su propia rutina de entrenamiento. Después de clases y sorteando el tiempo entre las artes, el piano y el violonchelo —hace parte de la orquesta sinfónica de su colegio—, asiste una vez por semana al gimnasio y se somete a trabajos de rehabilitación física y lumbar. “Él se tiene que preparar para permanecer en la silla de ruedas cinco o seis horas. Debe organizar su alimentación y arreglárselas para tolerar altas temperaturas”, agrega su papá.

Para 2019, la meta del equipo Caro Wagner es hacer tres maratones; una competencia de aguas de abiertas de diez kilómetros y un gran fondo de 150. A ello se suman otros triatlones. El objetivo, a largo plazo, es hacer un Ironman. No les da miedo. “Si él dice que sí, pues vamos”, asegura Óscar con una sonrisa. “Mi hijo no es igual al resto”, admite y precisa: “Él me ha demostrado que no hay por qué rendirse. Me ha enseñado a aceptar lo difícil y es él quien me da las fuerzas”.

* Si usted quiere saber más del equipo Caro Wagner y ayudar en su cruzada, consulte www.teamcw.co

 

jgonzalez@elespectador.com

Recibe alertas desde Google News