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Ernesto Frieri : "A los latinos sólo nos brindan una oportunidad"

Consolidándose con los Angelinos de Anaheim, el colombiano es actualmente el gran representante nacional en las Grandes Ligas del béisbol estadounidense. El cerrador lleva seis juegos salvados en lo que va del año.

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Manuel Dueñas Peluffo. / mduenas@elespectador.com
17 de junio de 2012 - 09:00 p. m.
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El lanzador Ernesto Frieri (Sincerín, 1985) es, hoy por hoy, la referencia de Colombia en las Grandes Ligas. Inicialmente con los Padres de San Diego y ahora con los Angelinos de Anaheim, el pelotero se ha consolidado desde su arribo al béisbol estadounidense, en 2003. A Frieri le ha tomado poco tiempo hacerse un lugar. Una estadística sorprendente ya lo respalda: tiene el quinto mejor promedio de ponches por cada nueve entradas en la historia (va en 12).

¿Sus inicios están en Sincerín, municipio de Bolívar?

Claro, claro. Allí nací, me crié, y a los once o doce años empecé a jugar, en ligas de pueblo. A veces íbamos Arjona y llevábamos un equipito de Sincerín.

Para aquel tiempo, comenzaba a moler bollos de maíz...

Siempre desde pelaito fui espigado, grandecito, mi abuela siempre hacía bollos de maíz, y ella alistaba el maíz en la noche y en la madrugada siempre se paraba mi tío, u otro de mis primos, a molerle el maíz. Cuando ya me vieron que estaba un poquito grande, que tenía 12, me dijeron: “Ya tú puedes levantarte. Vamos”. Y yo alegre. Me hacían sentir que era un hombrecito porque podía hacerlo. Empecé con esa rutina diaria, desde las 4 a.m., todos los días. De repente, fui descubriendo que mi brazo estaba fuerte. Eso es parte fundamental de la salud que tengo en mi brazo, gracias a Dios.

¿Y en aquel momento lo notó?

Te soy sincero, es ahora que lo veo. Nunca le presté atención. Ahorita que conozco los ejercicios para fortalecer el brazo, me doy cuenta, ¡uf! Mi abrazo está fuerte desde hace mucho. Recuerdo que dentro del grupo, era el muchacho que lanzaba más duro. Era el que tenía más espiga, más fuerza.

¿Quién lo descubrió?

Marcial del Valle. Él siempre va a ser mi papá, mis respetos para él, porque es parte fundamental de todo. Por ejemplo, él me daba para el transporte. Son pequeñas cosas, entre muchas, que no se me olvidan.

¿Cómo fue?

Él hacía su rutina de cazatalentos. Me vio lanzar, me dijo que tenía condiciones y me preguntó si quería lanzar con él. Todos los días asistía a entrenar. Se me hacía difícil pagar los pasajes, y, como le dije, él me los daba. Me preparé con él y le gustó al jefe, aunque me comentaron que faltaban pequeñas cositas. Me dieron dos meses más, y si mejoraba, me firmaban.

¿Recuerda cuando lo firmaron?

Me mandaron a Medellín, a la Liga de Talentos. Me contrataron el 18 de enero de 2003. Es uno de los tantos momentos especiales que he vivido. Antes de firmar les preguntaba a los muchachos, y me decían “te tiemblan las manos cuando ves el papelito verde”. A mí se me movió el mundo.

¿Cuál era su trayecto para ir a entrenar?

Era una hora y 40 minutos todos los días. Salir de Sincerín, llegar a la terminal, en Cartagena, y llegar hasta Chambacú, en el bus de Olaya.

¿Qué recuerda de sus primeros momentos en Estados Unidos?

Cuando llegué al estadio recordé todos los momentos duros, amargos, todos los sacrificios, las frustraciones, y después de eso sonreí y dije: “valió la pena”. Desde ese momento hasta ahora, he hecho las cosas de la mejor forma.

¿Qué era difícil?

Cuando vienes aquí, de un país como el nuestro, y no sabes el idioma, es otra cultura. Te da duro por la familia, la comida, los amigos. Pero uno se va acostumbrando. Los tratos a veces no son tan buenos, pero hay cosas que uno tiene que soportar. Lo más feo era recibir órdenes que no te gustaban, ¡pero había que hacerlo!

¿Cómo ha podido mantenerse?

Todos los que firman no llegan. Esta es una trayectoria muy grande, ‘broder’. Este juego es más mental que físico. Lo digo porque hay muchas frustraciones, y aquel que no puede salir de las frustraciones, que no puede controlar las emociones, positivas o negativas, no va a durar mucho tiempo aquí. Las condiciones las tenemos todos. A lo mejor hay muchos jugadores que tienen tremendas condiciones, acaso mejores que las de algunos Grandes Ligas acá, pero la condición mental es mala.

¿Recuerda cuando le dijeron que lo subían a Grandes Ligas?

Cuando me dieron la noticia, estaba en Doble A. El mánager me dijo: “¿Para dónde vas mañana?”. Le dije: “Para Colombia”. Me dijo: “No vas para Colombia”. Y yo: “¿Y para dónde más?”. Y respondió: “Tú vas para San Diego”. Lo primero que hice fue llamar a mi mamá, que empezó a llorar de la alegría; eran como las 5 de la tarde. Como a las 9 ya me había acostado, para que amaneciera rápido. Y me preguntaba si era verdad, si estaba soñando. Cuando llegué a San Diego, y vi el estadio, y entré al clubhouse, y me saludó Adrián González: “Hey, Frieri, qué bueno, felicidades”, entonces dije: “Bueno, esto sí es verdad”.

Nunca volvió a bajar...

Lo llaman sacrificio, pero para mí no lo es . Se trata de disciplina. Cuando te alejas de la calle, de las mujeres, del alcohol. Yo tomo, pero uno tiene que ser consciente de cuándo y qué tanto. Soy muy disciplinado. Puedo engañar a mis amigos, a mi esposa, a mi papá, a cualquiera, pero no a mí mismo. No me vale de nada estar siete días a la semana entrenando como un loco, más los viajes, las prácticas, para salir a rumbear, para desgastarme. Entender eso me ha ayudado a mantenerme, cuidar mi cuerpo, descansar las horas que debo, comer bien, conservar mi peso. Y aprender, aprender mucho.

¿Con quién vive ahora?

Con mi esposa, este año se nos dio la oportunidad de estar juntos, y con mi hija. Eso ha tenido mucho que ver con que las cosas estén saliendo bien, porque no tengo que estar preocupándome por saber cómo están en Colombia.

¿Fue duro cambiar de ciudad, de San Diego a Anaheim?

Se lo juro que sí. ¿Sabes lo que es tantos años de estar en San Diego? Me sabía todo de memoria. Sólo saber que no voy a estar ahí, con la gente con la que compartí, con los compañeros... eso me puso triste. Pero así es este deporte. Y estoy muy contento, es un gran equipo. Me alegra la oportunidad que tengo acá, pero hay que aprovecharla. A los latinos nos brindan solamente una oportunidad.

¿Cómo ha tomado el hecho de estar en los Angelinos?

Otro sueño más que estoy viviendo. Estoy muy contento de que una organización como ésa se haya interesado en mí. Son un equipo muy grande. Es un gran salto. Las cosas están saliendo muy bien.

Fue sorpresivo...

Sí, no me lo esperaba. No por ahora. Pensaba: tengo deseos de jugar para varios equipos, afrontar nuevos retos, pero no tan temprano, ni en mi edad y en mi carrera. Por eso me siento contento.

¿Qué significa compartir con un beisbolista como Albert Pujols?

Un gran orgullo. Pujols es para mí el mejor bateador en la actualidad. No pasa por su mejor momento, pero ¡nada! Todavía es Albert Pujols, todavía los lanzadores le tienen respeto. Y el solo hecho de jugar con él me llena de entusiasmo. Si miro atrás, de dónde vengo, y me pongo a mirar eso, dónde estoy, para dónde voy, ¡uf! Me levanta el ánimo y me obliga a trabajar duro.

¿Ha hablado con él?

¡Claro que sí, tremenda persona que es Albert! Latino, igual que nosotros; los latinos siempre estamos juntos, nos apoyamos. Albert no ha sido la excepción. Desde que llegué ha tratado de colaborarme. Incluso me regaló dos trajes. De veras. Y yo ¡uf! Y me dijo: “Toma esto, sigue trabajando duro que vas conseguir grandes cosas”. Trajo al sastre personal, me tomó las medidas y dentro de unos cuantos días llega. Son cositas que hacen los caballeros aquí, como él.

¿Le gusta ser cerrador?

Eso no lo decidí yo. Me pusieron de relevo, pensaron que podía ser un gran relevo. A mí no me gusta abrir. Sufro mucho de adrenalina, quiero estar lanzando todos los días. Y como abridor no lo podré hacer, es aburrido lanzar cada cinco días. Yo quiero estar disponible.

¿Hay un buen relevo para una generación como la de Cabrera y Rentería?

Claro que sí, en Colombia hay mucho talento, mucho muchacho con potencial. Julio Teherán ha demostrado aquí que puede ser Grandes Ligas. Este año no le ha ido muy bien, pero ahí sigue. Va a tener su oportunidad. Está joven, va a aprender muchas cosas. Él tiene que fortalecer su condición mental. Es que los lanzadores no podemos mirar a ningún bateador por encima del hombro.

Lo que hizo Quintana, espectacular. Me sentí más contento que él. Es un zurdo que tiene cojones.

¿Se ve jugando la eliminatoria del clásico mundial?

Absolutamente. Quiero representar a mi país. Tenemos la oportunidad de pelear por ese cupo y, si se me brinda la posibilidad, espero hacerlo. 

Por Manuel Dueñas Peluffo. / mduenas@elespectador.com

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