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Los viajes a Bogotá y Medellín los pagaba el papá. Eran por tierra, desde Pasto. La razón era tan fundamental como básica: había que ir adonde fuera para clasificar a los eventos internacionales de marcha.
—La cuota era alta: o se comía o había para los tenis—, dice Luis Fernando López, el marchista nariñense que se trajo un bronce del Mundial de Atletismo.
Los problemas económicos no fueron un impedimento, en todo caso. López luchó por sus sueños. Con el pasar de los años la disciplina de la marcha se tradujo en paciencia, en serenidad. Era importante competir y, de a poco, ir corrigiendo los defectos. Todo estaba en la cabeza, en la fortaleza mental.
La presea que ganó en Daegu, Corea del Sur, es una buena prueba. Acaso porque empiezan a valer los sacrificios, los fracasos, el sudor de cada kilómetro de caminata. “Si uno es persistente, tarde o temprano vienen los reconocimientos”, afirma. López probablemente lo supo siempre, desde hace casi 20 años o antes, cuando todavía iba obligado a la pista de atletismo.
A su llegada a Colombia del país asiático lo volvió a ratificar. También habló de la disciplina, de la preparación y de lo que espera para los Olímpicos de Londres.
¿Qué lectura hace, ya un poco más en frío, del triunfo que obtuvo en el Mundial?
Toda competencia es imperfecta: así se vea la mejor, tiene su análisis. Me sentaré en estos días con mi equipo multidisciplinario no solamente a mirar eso, sino a evaluar mi condición física de cara a lo que viene. Esta prueba me permitió saber que soy capaz de poder hacer más. Además de eso, trabajé muy duro para conseguirlo, porque a una semana de mi viaje sabía que estaba en buena condición y eso me dio mucha calma.
¿Cómo fue la preparación en Cali?
Tenía claro que eran 15 días de arduo trabajo, muy intensos, que si los cumplía a cabalidad me iban a dar la certeza y la confianza de poder asumir esto como debía hacerlo, con la preparación de uno de los mejores del mundo.
En lo psicológico, ¿qué tuvo en cuenta?
Lo mental es un trabajo no de este momento, llevo tres años trabajando en la tranquilidad. Soy un hombre muy emotivo y, por eso, en determinados momentos, he cometido errores. En el campeonato Mundial de Berlín, hasta el kilómetro 17 venía peleando el oro y la plata, pero cometí un error que me llevó al quinto puesto. El año pasado, en la Copa Mundo de Marcha, tuve desatenciones que hicieron equivocarme. Esta vez no podía suceder lo mismo.
¿Qué influencia tiene Nariño, su región?
Es una tierra de personas humildes, soñadoras y tímidas, pero siempre batalladoras, que no se amilanan ante la situación y siempre quieren ver a su familia salir adelante. Así soy yo, el reflejo de esa cultura, que en cada una de esas montañas y en ese verde tapiz se encuentra uno con los campesinos, labrando con humildad la tierra. Cada paso que doy no es de Fernando López, sino de todo el pueblo nariñense, la ilusión de ellos.
¿Cómo se siente con miras a los Olímpicos?
Debo retomar entrenamientos antes de los Juegos Olímpicos. Mi prueba es el 4 de agosto, a las 5 de la tarde, hora de Londres. El objetivo es entrar tan tranquilo como lo hice en esta competencia, sabiendo que me preparé de la forma ideal.
¿Cuáles son los atletas a vencer?
Ninguno de los que vamos a esa competencia queremos ser segundos. Hay atletas que hay que tener en cuenta. Valeri Borchin, el último campeón olímpico, será un rival muy fuerte, así como todo el equipo chino.
En lo personal, ¿qué valores le ha aportado la marcha?
La calma. Esta es una de las pruebas donde toca estar siempre en función de los kilómetros: me la paso dos horas, tres horas en entrenamiento. Tengo que estar muy calmado y con esa serenidad tomar mi vida.
¿Esta modalidad goza de buena salud en el país?
La marcha ha dado pasos agigantados no sólo en el atletismo, sino en el deporte colombiano, pero deberíamos descentralizarla de Bogotá. Nuestro país tiene mucha diversidad, mucha altiplanicie. ¿Por qué no trabajar nuevamente en escuelas en Boyacá, en Pasto, en Huila o en el Eje Cafetero?